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Biomedicina

Sangre joven para revertir el envejecimiento

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Tres estudios demuestran que la sangre de ratones jóvenes repara y mejora la función de músculos y órganos en congéneres de mayor edad

  • por Susan Young Rojahn | traducido por Lía Moya
  • 12 Mayo, 2014

Investigadores e inversores ya sueñan con crear tratamientos médicos basados en el hallazgo casi mágico de que la sangre de ratones jóvenes puede rejuvenecer a ratones mayores. En algunos casos, una única proteína presente circulando en la sangre es suficiente para reparar tejido muscular y mejorar la actividad cerebral.

Esta expectación se ve espoleada por tres nuevos estudios publicados que demuestran que los componentes de la sangre de ratones jóvenes fueron capaces de reparar daños y mejorar la función de los músculos y cerebros de ratones mayores. Anteriores trabajos de uno de los equipos de investigación implicados ya habían demostrado que un componente específico de la sangre joven puede reparar los corazones dañados de ratones mayores.

"Empezamos este trabajo hace más de una década, partiendo de una hipótesis un poco loca de que podría haber algo en la sangre que influye en la reparación de tejidos y que varía con la edad", explica la investigadora del Instituto de Células Madre de la Universidad de Harvard (EEUU), Amy Wagers, coautora de dos de tres de los nuevos trabajos. (MIT Technology Review ya ha visitado el trabajo de Wagers anteriormente, en "La sangre vieja perjudica a los cerebros jóvenes"; sin embargo, el estudio al que se refería aquel artículo se acabó retirando debido a dudas sobre el papel de células concretas: "La sangre joven invierte los signos de envejecimiento en los ratones viejos"). El año pasado, Wagers informó de que al enganchar el sistema circulatorio de un ratón mayor al de uno joven a la altura de la cadera mejoraba la apariencia y la función de los corazones debilitados y distendidos de los ratones mayores. Posteriormente el equipo hizo un cribado de la sangre de los ratones de ambas edades en busca de diferencias y halló que los ratones mayores tenían menos cantidad de una proteína que es un factor de crecimiento llamada GDF11 y que también se halla en la sangre humana.

Después, Wagers y su equipo hallaron que inyectar la proteína en ratones mayores tenía un efecto beneficioso parecido sobre el corazón. En un nuevo estudio publicado en la revista Science, Wagers y su equipo demuestran que la proteína tiene efectos reparadores sobre el cerebro de ratones mayores.

"El aspecto más emocionante de esta serie de artículos es la existencia de una señal común que habla al cerebro, el corazón y los músculos esqueléticos", afirma Wagers. "La misma señal habla con al menos tres órganos y múltiples tipos de células dentro de cada órgano".

Otro estudio de investigadores de la Universidad de Stanford (EEUU) demuestra que la sangre joven cambia el comportamiento y los circuitos neuronales de ratones mayores. el equipo observó mejoras en el aprendizaje y la memoria y un fortalecimiento de las conexiones entre neuronas en el hipocampo, una estructura importante para la memoria que se deteriora con la edad, más aún en el caso de padecer enfermedades como el Alzheimer. El grupo californiano, al contrario que el de Harvard, no identifica una proteína concreta como responsable de los efectos.

Basándose en los resultados actuales y anteriores de Wager, la empresa de capital riesgo de la zona de Boston (EEUU) Atlas Venture ha creado una empresa que aún no tiene nombre. Los anteriores hallazgos de Wagers ya llamaron la atención de esta firma en 2013 y los nuevos resultados "han aumentado las expectativas sobre el papel de la GDF11 en el envejecimiento", explica el socio de la firma Peter Barrett. "Ahora se trata de dar exactamente con cuál sería el mejor método terapéutico para convertir este descubrimiento en un producto comercial".

Es posible que la empresa se dedique primero a los fallos cardiacos, ya que el equipo de Wager ha demostrado que el factor de crecimiento puede revertir el engrosamiento relacionado con la edad del músculo cardiaco en ratones, y actualmente esta condición no cuenta con ninguna opción de tratamiento, explica Wagers.

La GDF11 por sí sola no proporciona todos los efectos beneficiosos de la sangre joven, según Wagers. "Pero ahora que tenemos una molécula que podemos comprender a nivel mecánico, podemos empezar a construir la red de lo que cambia en la sangre, encontrar las cosas que interactúan con la GDF11 y regularlas para tener una idea más clara de la red", afirma.

Aunque los resultados son emocionantes, hay muchas preguntas en el aire, entre ellas los posibles efectos secundarios. Otros factores de crecimiento parecidos, que potencian la división celular, se han relacionado con el cáncer. Es más, el crecimiento de los vasos sanguíneos es una característica común del desarrollo cancerígeno y los genes involucrados en el funcionamiento y regeneración de las células madre se han relacionado con el crecimiento tumoral. Los estudios de Harvard basados en los músculos cardiacos, músculo esquelético y cerebro se llevaron a cabo todos en los mismos ratones y los investigadores analizaron a los ratones tratados como máximo durante 60 días. En ese marco temporal no se observó ningún efecto adverso, afirma Wagers.

Uno de los investigadores de Stanford, Tony Wyss-Coray, ha cofundado una empresa de biotecnología llamada Alkahest para probar el potencial terapéutico de los hallazgos de su grupo.

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