.

Biotecnología

Un escáner cerebral muestra los residuos tóxicos de un traumatismo

1

La técnica hace visibles los radicales libres del cerebro y podría servir para obtener diagnósticos de urgencia más rápidos

  • por David Talbot | traducido por Lía Moya
  • 06 Junio, 2014

Un nuevo avance de investigación en la tecnología de IRM (imágenes por resonancia magnética) permite detectar de forma segura unas moléculas conocidas como radicales libres, relacionadas con las lesiones cerebrales por traumatismos. La tecnología transformará el diagnóstico haciendo que, por primera, vez estos marcadores sean visibles para el personal sanitario.

Los investigadores llevan años experimentando formas de detectar los radicales libres con IRM, pero los métodos anteriores llevaban demasiado tiempo y usaban demasiada energía de radiofrecuencia, lo que produce un calentamiento inaceptable de los tejidos.

Un nuevo método más rápido y eficaz que evita este peligroso calentamiento se describe en este artículo. Lo ha desarrollado el físico e investigador del Hospital General de Massachusetts y el Centro A.A. Martinos de Imágenes Biomédicas de Charlestown, Massachusetts (EEUU), Matt Rosen.

Por ahora Rosen ha demostrado que puede detectar radicales libres en el cerebro de ratas vivas a las que se les ha inyectado estas moléculas altamente reactivas. Dado que obtuvo estos resultados usando IRM de campo bajo, que usa unos imanes más pequeños que las inmensas unidades para hacer IRM clásicas, se podría usar en sistemas de IRM más pequeños y portátiles en el futuro.

Tras una lesión por traumatismo en el cerebro, los radicales libres (que son moléculas que se forman durante la lesión inicial), pueden dañar el tejido cerebral sano mediante procesos químicos y celulares que producen la inflamación y muerte de las células. Simplemente la inflamación puede producir más lesiones o incluso la muerte.

Usada en el marco de las urgencias, esta tecnología podría confirmar la gravedad de un impacto en la cabeza y llevar al personal clínico a administrar fármacos antioxidantes para neutralizar los radicales libres. Los efectos de estos fármacos se podrían observar gracias a un segundo escaneado. Incluso podría ayudar a los médicos a decidir si es aconsejable operar para aliviar la inflamación.

Como no todos los radicales libres son malos (también tiene un papel en la comunicación celular en el cerebro), esta tecnología también podría servir para que los investigadores midiesen qué constituye una mezcla normal de radicales libres en el cerebro (u otras partes del cuerpo) y desarrollar una línea base con la que comparar y poder detectar niveles peligrosos.

Aún así, la comercialización de un sistema de detección de radicales libres está a años vista. "Que Matt sea capaz de visualizar radicales libres producidos por el cuerpo y no los inyectados en ratas aún está por ver, evidentemente. Pero dados sus resultados recientes, me siento muy optimista", explica el profesor de radiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard (EEUU) Bruce Rosen (que no tiene ninguna relación de parentesco con Matt Rosen) y director del centro A.A. Martinos.

Aunque la tecnología ofrece beneficios teóricos para personas con una amplia gama de enfermedades y problemas en los que se produce una liberación de radicales libres, desde los infartos hasta el cáncer pasando por la demencia, las implicaciones para los pacientes de lesiones cerebrales son significativas. Las lesiones cerebrales por trauma se consideran una epidemia en Estados Unidos, donde más de cinco millones de personas conviven con discapacidades resultantes de lesiones cerebrales.

La IRM convencional proporciona imágenes de alta calidad de la estructura del cerebro y puede detectar sangrado o daños físicos, pero no ofrece ninguna pista respecto a la variable mucho más sutil de la liberación de radicales libres. En ausencia de dicha información, los investigadores intentan usar toda una serie de métodos para detectar lesiones a una escala menor (ver "Escáneres cerebrales 'low cost' para detectar conmociones").

Biotecnología

Nuevas tecnologías y conocimientos biológicos empiezan a ofrecer opciones sin precedentes para mejorar nuestra salud.

  1. La vacuna contra el coronavirus: una carrera plagada de obstáculos

    ¿Sirve de algo intentar diseñar una vacuna para un virus que casi no conocemos? ¿Cómo podrán los ensayos demostrar su eficacia en los voluntarios si el mundo lucha por evitar los contagios a toda costa? Y si lo logra, ¿cuánto se tardará en fabricar dosis para 1.000 millones de personas?

  2. El primer contagio y las vacunas parecen ofrecer cierta inmunidad contra el coronavirus

    Dos nuevos estudios en monos ofrecen indicios de que el cuerpo desarrolla algunos niveles de inmunidad ante un primer contagio y mediante distintas vacunas de ADN, unos resultados que probablemente serían aplicables a humanos. Lo que no se sabe es si esta inmunidad es suficiente para evitar la enfermedad

  3. Hablar en voz alta emite gotas con coronavirus que duran hasta 14 minutos

    En función de la carga vírica media de los enfermos de COVID-19, se estima que hablar a un tono elevado durante un minuto genera al menos 1.000 gotitas que contienen el virus, las cuales pueden permanecer en el aire más de ocho minutos y, a veces, hasta 14 minutos. El hallazgo refuerza la necesidad de usar mascarillas en cualquier circunstancia