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Cambio Climático

La primera central eléctrica que entierra CO2 abre sus puertas

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La primera central comercial que pone en marcha la captura y almacenamiento de gases de efecto invernadero demuestra el potencial de una tecnología clave para frenar el cambio climático

  • por Peter Fairley | traducido por Lía Moya
  • 15 Diciembre, 2014

Boundary Dam, una central eléctrica de Estevan, Saskatchewan (Canadá), será la primera central de carbón que capture dióxido de carbono de sus emisiones, comprima el gas y lo entierre en una operación comercial. Esta central demuestra que la captura y almacenaje de carbono (CAC) puede funcionar a gran escala, un logro clave dado que la CAC podría tener un papel importante en todo el mundo a la hora de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.

Ahora mismo los únicos otros dos proyectos de CAC en centrales eléctricas, ambos en Estados Unidos, están en construcción. Algo que se explica porque la CAC tiene un precio considerable: SaskPower ha invertido mil millones de dólares (unos 800 millones de euros) para equipar uno de los cuatro generadores de su instalación en Boundary Dam para la captura de carbono. Es más, el proceso reduce en un 20% la producción de electricidad de la central de los 160 megavatios para los que está preparada, lo que significa que a SaskPower le puede costar más dinero por kilovatio hora poner en marcha la CAC que los 12 centavos de dólar (unos 9,6 céntimos de euro) que obtiene de vender la electricidad.

1. Pulverización de carbón de una mina cercana para quemarlo.

2. Tuberías que transportan los gases de la combustión a una instalación de captura de carbono adyacente a la central. Ahí, pasa a través de una columna de 52 metros de alto llena con una solución que contiene químicos llamados aminas, que absorben el 90% del dióxido de carbono. El resto se libera a la atmósfera desde las instalaciones.

3.La solución rica en carbono se envía a un calentador que retira el CO2; una vez limpia, la solución se devuelve a las tuberías para repetir el proceso.

4. El agua de enfriado circula por tuberías verdes hasta una cámara que ayuda a enfriar el dióxido de carbono como parte del proceso de compresión.

5. El dióxido de carbono se convierte en un líquido supercrítico dentro de este compresor de 15 megavatios. Se capturan y comprimen aproximadamente 3.000 toneladas de CO2 al día.

6. Un medidor de la planta de CAC que indica la velocidad de flujo del dióxido de carbono.

7. La mayoría del dióxido de carbono viaja 65 kilómetros hasta un campo petrolífero (en la imagen), donde se inyecta para potenciar la producción petrolífera. Y una pequeña parte se inyecta en las instalaciones de SaskPower.

8. En las instalaciones de SaskPower, una bomba envía el dióxido de carbono a su almacén, un acuífero salino a 3,4 kilómetros bajo tierra.

SaskPower compensa este coste vendiendo gran parte del CO2 capturado a la petrolera de Calgary (Canadá) Cenovus, que lo usa para potenciar la producción de sus pozos de petróleo maduro cercanos.

Con el tiempo la CAC debería abaratarse. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, el grupo de científicos expertos en el clima reunido por Naciones Unidas, prevé que las mejoras tecnológicas y las economías de escala deberían servir para reducir el precio de incorporar la CAC a las centrales de carbón a una tercera parte de lo que SaskPower ha invertido en Boundary Dam. Si es así, las centrales equipadas con CAC podrían suministrar electricidad más barata que otras fuentes de bajas emisiones, entre ellas la energía eólica marina y las grandes centrales solares.

SaskPower afirma que con lo que ha aprendido hasta ahora ya podría construir un proyecto parecido de CAC por 200 millones de dólares menos (unos 160 millones de euros) y que pronto puede seguir adelante con CAC en otros dos generadores antiguos de Boundary Dam. También espera poder ayudar a otras eléctricas a desarrollar experiencia en la tecnología.

Aún así, en el resto del mundo las centrales de carbón tienen pocos incentivos para seguir este ejemplo. En el caso de SaskPower, la legislación canadiense sirvió para obligar a la empresa; ese hecho, más la disponibilidad de un comprador local del CO2, hace que el proyecto de SaskPower sea poco habitual. Lo que podría necesitarse en otros sitios es una forma de que las centrales pasen el coste de la CAC a los clientes igual que se hace ahora en muchos casos con las energías renovables. Otro método sería gravar con impuestos las emisiones de dióxido de carbono con lo que existiría un incentivo para enterrar el gas.

Además, hay que demostrar que la tecnología funciona a largo plazo. SaskPower entierra parte del gas en un acuífero salino en sus terrenos. Para asegurarse de que no escapa, la empresa ha instalado sensores de gas sobre la superficie más una serie de sensores sísmicos para registrar cualquier movimiento subterráneo.

El panel de Naciones Unidas firma que debería instalarse tecnología parecida en todas las centrales de carbón del mundo para 2050 para mantener le calentamiento global por debajo de los 2º centígrados, el umbral necesario para evitar el cambio climático, según el consenso científico. Mientras, se siguen construyendo nuevas centrales de carbón, sobre todo en China e India. Se espera que las centrales de carbón suministren una cuarta parte del suministro eléctrico mundial para 2040 y SaskPower podría ayudar a demostrar cómo de factible y seguro es enterrar miles de millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono. 

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