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Energía

EEUU apuesta por experimentar con la Tierra a pesar de los riesgos

Un informe del Gobierno afirma que la falta de acción frente a las emisiones aumenta las probabilidades de recurrir a la geoingeniería

  • por Kevin Bullis | traducido por Francisco Reyes
  • 12 Febrero, 2015

Un estudio de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU pide que se hagan experimentos para poner a prueba tecnologías diseñadas para contrarrestar el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto supone un desarrollo notable para un campo que hace una década estaba en la parte más marginal de la ciencia.

El estudio, patrocinado por el Consejo Nacional de Investigación, la Agencia Central de Inteligencia, la NASA y el Departamento de Energía de EEUU, afirma que la geoingeniería sólo compensaría parcialmente los cambios provocados ​​por los gases de efecto invernadero, y que podría generar nuevos problemas propios.

Sin embargo, es la primera vez que un importante informe patrocinado por el Gobierno de EEUU pide que se hagan experimentos de geoingeniería. Hasta ahora existía la preocupación de que incluso hablar sobre la geoingeniería, por no hablar de hacer experimentos, distrajera la atención de las iniciativas para reducir las emisiones de dióxido de carbono.

El informe "señala que no sabremos si es una buena solución hasta que hayamos investigado más", afirma la profesora de química atmosférica de la Universidad de California en San Diego (EEUU) y miembro del comité de estudio, Lynn Russell. "Los informes anteriores no estaban dispuestos a hacer estas afirmaciones".

El término "geoingeniería" se ha estado utilizando para hablar de varias ideas, como la reducción del dióxido de carbono atmosférico mediante la plantación de árboles o la implementación de una nave espacial como enorme paraguas solar. Pero hay dos tipos de geoingeniería que han resultado más prometedoras. Una consiste en inyectar moléculas a base de azufre en la atmósfera superior, donde podrían formar partículas que reflejasen la luz solar hacia el espacio. La otra es pulverizar partículas desde barcos o plataformas similares para producir nubes de bajo nivel que realicen la misma función.

En la introducción del informe, la presidenta de la comisión de estudio y editora jefe de la revista Science, Marcia McNutt, asegura que la facilidad de uso de estas tecnologías plantea varias preocupaciones porque nadie entiende cuáles podrían ser los efectos. Pero a pesar de dichas preocupaciones, la falta de acción a la hora de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero hace que cada vez sea más probable que se considere alguna forma de intervención climática.

El informe señala que la geoingeniería no es un sustituto de la reducción de las emisiones. También afirma que sería "irracional e irresponsable" empezar a desplegar tecnologías de geoingeniería a gran escala. Pide que se hagan experimentos a pequeña escala que pudieran aclarar lo que realmente pasaría si se desplegaran a una escala mayor.

El informe no recomienda experimentos específicos, pero señala que los estudios podrían ayudar a aclarar la química y física de la formación de nubes y la interacción de partículas a base de azufre con la capa de ozono. También sugiere empezar con experimentos que los investigadores quisieran realizar de todas formas para mejorar sus modelos climáticos.

Incluso los experimentos a pequeña escala serían controvertidos. Además hay algunas dudas de que tales experimentos pudieran revelar las consecuencias de implementar la geoingeniería a una escala lo suficientemente grande como para realmente lograr enfriar el planeta.

Además de pedir que se realicen investigaciones, el informe también hace hincapié en la necesidad de crear normas internacionales de geoingeniería.

Un experto en política climática de la Universidad de California en San Diego (EEUU), David Victor, asegura que sería mejor empezar las investigaciones y desarrollar políticas sobre la marcha. A día de hoy, según Victor, sabemos muy poco como para poder empezar a debatir seriamente. "Nadie sabría qué estamos negociando", afirma.

Un profesor de ciencias ambientales, Alan Robock, que ha planteado algunas dudas sobre la geoingeniería, señala que para hacer experimentos a pequeña escala habría que crear un órgano de gobierno independiente que evaluara su impacto ambiental. "No podemos simplemente confiar en los científicos", asegura. Sin embargo, añade que los experimentos tendrían un uso limitado: "Puedes probar mecanismos y procesos específicos, pero no puedes probar el impacto global sin realmente implantar la geoingeniería".

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