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Negocios

El agricultor que modificó genéticamente sus propias manzanas

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La variedad ártica de Neal Carter fue creada con pocos recursos y menor equipo para evitar la oxidación y fue aprobada en febrero

  • por Antonio Regalado | traducido por Teresa Woods
  • 26 Mayo, 2015

Una manzana natural (a la izquierda de la imagen) muestra manchas marrones. Una manzana genéticamente modificada (a la derecha de la imagen) fue diseñada para evitar la oxidación.

Arctic Apples (la manzana ártica) es una creación de Okanagan Specialty Fruits, una empresa de siete empleados en Canadá que escatimó y ahorró durante más de 18 años para poder llegar a crear manzanas de las variedades Granny Smith y Golden Delicious que, debido al ingenio de los procesos de modificación genética, no se vuelven marrones una vez cortadas.

Esta fruta podría dar un empujón a la industria manzanera, la cual no ha visto mucho crecimiento en el consumo desde la década de 1980. Manzanas "no-oxidantes" podrían quedarse durante semanas en estanterías ya cortadas y envasadas, lo que puede que de lugar a nuevos mercados, por ejemplo para la merienda de los niños.

La mayoría de los organismos modificados genéticamente (OMG) han sido creados por empresas agroquímicas que pueden invertir grandes cantidades de dinero en su desarrollo y comercialización. Un estudio realizado en 2011 fija el precio medio de llevar una planta genéticamente modificada al mercado (inclyuendo costes de I+D, las fases de prueba y las negociaciones con las autoridades) en 130 millones de dólares (unos 118 millones de euros).

Eso explica por qué de las 112 plantas modificadas genéticamente aprobadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, más de la mitad, son propiedad de una misma empresa: Monsanto.

El ingeniero agrónomo y también fundador y presidente de Okanagan, Neal Carter, dice que sólo le costó entre cinco y diez millones de dolares (entre 4,6 y 9,2 millones de euros) desarrollar sus manzanas genéticamente modificadas, aunque esa no es la cifra real puesto que tanto él como su mujer trabajaron durante años sin percibir un sueldo. Su empresa consiste de un huerto de 100.000 árboles frutales de unas 25 hectáreas en el Valle Okanagan de Canadá.

"Eramos como pulgas montadas a lomos de un elefante", dice Carter. "La gente no nos tomaba en serio, pero ahora nos ven y dicen, espera, lo han conseguido"

La llamada manzana ártica parece ser la primera planta transgénica producida por un cultivador, y no por una universidad o un gigante de la industria agroquímica. Pero puede que no sea la última.

"Demuestra que los recursos que se requieren están al alcance de un tío que gestiona un huerto de manzanos", dice Tom Adams, el responsable de Biotecnología de Monsanto, empresa que comercializa versiones genéticamente modificadas de maiz, soja y algodón.

La mayoría de las plantas transgénicas aprovechan genes procedentes de una bacteria u otra especie para generar un veneno que se emplea como pesticida o para aumentar la resistencia de los herbicidas.

La manzana ártica se hizo mediante una tecnología emergente llamada el silenciamiento genético. Su diseño se conseguió modificando el ADN de la propia manzana para que produzca menos polifeno oxidasa (PPO), la enzima que produce el color marrón en la fruta. Mediante la misma tecnología, Monsanto ha diseñado una variedad de soja transgénica cuyo aceite contiene la mitad de grasas saturadas que está actualmente en fase de pruebas. El día que las manzanas de Carter ganaron la aprobación final, la empresa más importante de patatas de Estados Unidos, Simplot, también obtuvo el visto bueno para su patata "no oxidante" diseñada mediante el silenciamiento genético.

Foto. Neal Carter

A Carter se le ocurrió la idea de hacer una manzana transgénica en la década de 1990, cuando científicos australianos descubrieron que las PPO son la causa del color marrón que adquiere la fruta. También encontró inspiración en otro cultivador-inventor, Mike Yurosek, que inventó un método de convertir zanahorias rotas y torcidas en zanahorias "baby", creando un clásico de las fiambreras y los aperitivos.

Carter creía que si pudiese resolver el problema de la oxidación de la fruta, podría crear mercado nuevo, similar al de las zanahorias "baby", para gajos de manzana. Actualmente sólo el 2% de las ventas totales de manzana corresponden a manzana ya troceada, según la Asociación de Productores de Manzana de EEUU. Se pueden emplear conservantes para frenar el deterioro de la fruta cortada, como en el caso de los Happy Meals de McDonald´s.

En 1997, Carter montó un pequeño laboratorio para "cacharrear" con manzanos. En el 2001, su equipo ya había producido los primeros esquejes capaces de inhibir las PPO, y Carter dio la primera mordida de una manzana no-oxidante de su propia creación en 2004.

Okanagan fue una empresa discreta. Carter dice que recaudó dinero de unas 45 personas, incluidos amigos, familiares, y otros del negocio de los huertos frutales. En vez de comprar equipamiento caro para su laboratorio, subcontrataba algunas tareas científicas como la secuenciación del ADN. Organizó investigaciones de campo con la ayuda de cultivadores colaboradores dispuestos a ayudar, y Okanagan exprimió cada dólar al máximo buscando desgravaciones e exenciones fiscales

La empresa no contrató expertos legales, prefiriendo en vez de eso tratar directamente con las autoridades reguladoras para conseguir aprobación para su manzana. "Los reguladores nos dijeron, claro, llamadnos, os ayudaremos", recuerda Carter.

La estrategia casera de Okanagan ha resultado ser muy eficaz a la hora de tratar con los que critican los OGM. La página web de la empresa permite a detractores publicar sus comentarios, pero los contrarresta con una lluvia de jovialidad incesante. "Ayer utilizamos moldes de galleta para hacer peces de manzana, ¡mételos en gelatina azul!", se leía uno de los blogs de su equipo en abril.

En febrero, la FDA (la autoridad reguladora de Estados Unidos para los alimentos y medicamentos, de sus siglas en inglés) aprobó la manzana para el consumo humano, permitiendo así su comercialización. Esto llevó a Okanagan al límite de su enfoque "a pequeña escala". Una empresa más grande tendría mejor suerte a la hora de llenar las tiendas de manzanas árticas, según comenta Carter. Y lo mismo de llenar los huertos; actualmente sólo unas 20 de un total de casi 18.000 hectáreas de manzanos en EEUU están sembrados con la manzana ártica. Dispensar su manzana biotécnológica a través de viveros, como él bien sabía, podría tardar una década y requerir millones de dólares, una labor más adecuada para empresas más grandes.

Así que inmediatamente después de la aprobación de la FDA; Okanagan firmó un acuerdo de venta por valor de 33 millones de dólares (unos 30 millones de euros) con Intrexon, una empresa de biotecnología de Maryland, financiada por el millionario Randal J. Kirk, que ya ha adquirido empresas productoras de variedades transgénicas de salmón y cerdo.

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