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Biomedicina

En busca de la patata perfecta

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Investigadores de Reino Unido utilizan un proceso natural de las bacterias para transferir ADN a las patatas para hacerlas megarresistentes

  • por Mike Orcutt | traducido por Teresa Woods
  • 08 Junio, 2015

Se avecina la patata perfecta

Una patata genéticamente modificada, resistente al tizón tardío (también conocido como mildiu de la patata), capaz de defenderse de lombrices y otros parásitos, de evitar daños por golpes y de reducir la acumulación de sustancias sospechosas de ser cancerígenas durante el proceso de cocción supondría muchos millones de dólares al año para los productores de patatas del mundo entero. También podría establecer un modelo de tecnología para combatir una amplia gama de problemas que afectan a muchas cosechas distintas y que están generando temores acerca de la seguridad alimentaria global mientras la población mundial continua creciendo y el clima se vuelve cada vez más impredecible (ver Por qué necesitaremos alimentos modificados genéticamente).

Esta patata megarresistente es el objetivo de un proyecto lanzado oficialmente esta semana por investigadores de Reino Unido. Si lo consiguen, sería la primera patata que reúna todas estas características, tras haber sido probada y demostrada ya cada característica por separado en versiones anteriores de patatas genéticamente modificadas. Lidera este trabajo de cinco años de duración un científico de Sainsbury Lab del Reino Unido y uno de los más reconocidos expertos en la genética de enfermedades vegetales del mundo, Jonathan Jones.

La patata que intenta diseñar Jones contendrá tres genes que, como ya ha demostrado su equipo, confieren resistencia a las plagas tardías y, como han descubierto dos investigadores genéticos de la Universidad de Leeds en Reino Unido, también previenen la infestación por parte de una lombriz diminuta llamado nematodos del quiste de la patata. También contendrá ADN que empleó la empresa estadounidense Simplot para la creación de una variedad de patata, recién comercializada, que tiene menos manchas oscuras además de niveles más bajos de aspargina, una sustancia química que puede causar la acumulación de un presunto cancerígeno durante la cocción a altas temperaturas.

El equipo de Jones ya ha diseñado una patata resistente a las plagas vegetales mediante el uso de un solo gen clonado del gen extraído de una patata silvestre. Para conseguir un producto comercial, sin embargo, no bastará con un solo gen de resistencia porque, según Jones, eso probablemente llevaría a la aparición de cepas de los patógenos que son resistentes a este gen. Jones dice que uno de los principales objetivos del proyecto es poner a prueba la hipótesis de que "apilar" múltiples genes de resistencia puede suponer la solución a este peligro. Su equipo encontró los tres genes en patatas silvestres.

La patata supone una cosecha esencial en todo el mundo. En términos de consumo humano, encabeza la lista de alimentos, junto con el trigo y el arroz. También es muy susceptible a las enfermedades, en especial al tizón tardío que provocó la gran hambruna Irlandesa a mediados del siglo XIX. Causado por un organismo de aspecto fúngico, aún supone un "azote desastroso" para las cosechas de patata, dice Jones y los agricultores de Reino Unido se ven obligados a fumigar sus cosechas 15 veces al año con pesticidas para prevenirlo. La enfermedad genera costes de más de 90 millones de dólares (unos 80 millones de euros) en la industria de la patata en Reino Unido al año. A nivel mundial los costes ascienden a unos cinco mil millones de dólares (unos 4,5 mil millones de euros).

Los nematodes parasíticos suponen una carga económica parecida para la industria de la patata en Reino Unido y en el mundo entero debido a los costes generados por pesticidas y cosechas estropeadas. Investigadores de la Universidad de Leeds contribuyen a la creación de la patata de Jones con la aportación de secuencias de ADN que la dotarán de armas potentes con las que combatir las lombrices. El grupo de Leeds ha demostrado que la introducción de genes que sólo se expresen en las raíces de la nueva patata debería aportar a la cosecha dos disuasivos específicos contra lombrices.

El efecto "golpeado" supone otro caro problema. Puesto que los consumidores prefieren patatas sin manchas oscuras, las empresas productoras están obligadas a desechar gran cantidad de comida perfectamente comestible. Simplot, que ayuda a financiar el proyecto de Jones además de aportar su experiencia y tecnología al proyecto, ganó recientemente la aprobación de los reguladores estadounidenses para comercializar una patata pequeña que contiene niveles reducidos de ciertos azúcares responsables de la formación de las manchas oscuras en la patata, además de niveles más bajos de aspargina, la sustancia responsable de la acumulación de acrilamida, una sustancia que puede aumentar el riesgo de cáncer, durante la cocción.

Para la introducción del nuevo ADN, Jones y sus compañeros emplearan un método muy establecido llamado transformación, que aprovecha los procesos naturales que utilizan las bacterias para transferir su ADN a las plantas. Para conseguirlo realizarán cribados y análisis genéticos para identificar las patatas que parezcan poseer estas tres características deseadas y posteriormente las probarán sobre el terreno. "Queremos convertirlo en un proyecto de campo lo antes posible", dice Jones, que también dice que en tres años ya deberán saber los investigadores si han conseguido producir alguna variedad digna de comercializarse, o no.

Si tienen éxito, dice Jones, el proyecto ilustrará el valor de esta tecnología como una herramienta para aumentar la sostenibilidad de la producción y abordar las necesidades de la seguridad alimentaria. El mismo enfoque se puede aplicar a otras cosechas y otras enfermedades destructivas, como el hongo puccinia que ataca el trigo.

Puesto que aportaría múltiples beneficios para consumidores, productores y el medioambiente, "parece que están diseñado la patata perfecta", dice el investigador de la agencia irlandesa de investigación agrícola Teagasc, Ewen Mullins. Mullins, que prueba el impacto medioambiental de las nuevas tecnologías de la mejora vegetal, dice que los mayores retos a los que se enfrentará el equipo de Jones probablemente no sean de origen técnico. La ciencia ha avanzado tanto en años recientes que ahora supone una tarea "bastante clara y sencilla" diseñar un organismo con esta cantidad de características nuevas, dice, aunque después pasará por un proceso riguroso de seguridad y regulador. "Realmente la dificultad reside en conseguir la aceptación del consumidor", dice Mullin. Y añade que lo ideal sería llevar ese proceso en paralelo con el desarrollo de la tecnología.

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