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Negocios

No todo vale para mejorar la educación digital

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Algunas leyes restrictivas están poniendo coto al registro y uso de los datos de los estudiantes, aunque sirvan para enriquecer los programas formativos

  • por Mike Orcutt | traducido por Teresa Woods
  • 28 Julio, 2015

La bandeja de entrada del correo electrónico de Mark Pickard está llena de presentaciones de empresas de software. "Apuesto a que recibiré dos o tres emails al día de alguien que intenta que utilicemos su nueva plataforma o lo que sea que ofrezcan ", dice Pickard, un profesor de ciencias de primaria que trabaja en Malden, Missouri (EEUU).

Aunque Pickard lleva años recibiendo tales presentaciones comerciales, hay algo diferente en la tanda más reciente. Todavía prometen proporcionar a los alumnos experiencias personalizadas basadas en información que compila una empresa – por ejemplo mediante el reconocimiento de áreas problemáticas o el diseño de planes de estudios personalizados para perfiles individuales. Lo que ha cambiado es cómo las empresas tratan estos datos después de disponer de ellos: mientras que hace algunos años era obvio que muchas tenían la intención de venderlos, ahora la mayoría dejan totalmente claro que no lo harán.

La razón de este cambio se puede encontrar en una explosión reciente de legislaciones estatales que regulan el uso de datos de estudiantes y salvaguardan su privacidad y seguridad. En respuesta a miedos parentales de que los hackers roben los datos personales e identificativos de sus hijos o que las empresas vendan estos datos o los empleen para dirigir la publicidad a los niños, desde principios de 2014 los legisladores de 30 estados de EEUU han aprobado leyes que tratan este tema. Estas leyes o detallan los procedimientos para la compilación, almacenamiento y uso de datos de estudiantes, o prohíben la compilación de ciertos tipos de datos sensibles, como datos relacionados con la salud, la religión o las afiliaciones políticas.

Aun así, los padres siguen preocupados, y sus inquietudes no carecen de una base legítima. El año pasado, Google reconoció haber escaneado el correo electrónico de los estudiantes que utilizaban su software Apps for Education y haber recopilado datos que podrían haberse utilizado para lanzarl publicidad dirigida. (La empresa afirmó en un blog posterior que había abandonado esta práctica).

Para responder a los temores crecientes de los padres, los legisladores de 30 estados han aprobado leyes de privacidad de datos.

Proveedores de servicios online como Google no son regulados de forma explícita por la Ley de Derechos y Privacidad Educacional de hace 40 años, que salvaguarda la privacidad de los historiales de los estudiantes. Muchos argumentan que la ley debería actualizarse para reflejar la nueva clase de proveedores de software educativo que compiten por conseguir un pedacito del mercado de estos productos estimado en 8.000 millones de dólares (unos 7.224 millones de euros). Pero aunque el Presidente Obama ha calificado la privacidad de datos de estudiantes como una prioridad, los progresos federales han sido lentos, y los estados están llenando el vacío.

A falta de unas directivas claras, existe el riesgo de que más proveedores de tecnología educativa sigan el ejemplo de InBloom. Una empresa sin ánimo de lucro de gestión y almacenamiento de datos fundada en 2013, InBloom cerró sus puertas el año pasado a consecuencia de la presión ejercida por padres temerosos después de que varios grupos de activistas retrataran a la empresa, que contaba con el apoyo de la Fundación Gates, como una empresa maleante que quería beneficiarse a costa de los datos de estudiantes.

Los defensores dicen que InBloom no se dedicaba a eso en absoluto. Pero las repercusiones para la empresa se consideran como uno de los principales factores que han desencadenado la avalancha de actividad legislativa por parte de los estados. California (EEUU) lideró el movimiento: el pasado otoño aprobó una ley que claramente restringe la venta de datos de estudiantes y el uso de los mismos para la dirección de publicidad por parte de estas empresas.

El peligro es que los temores de los padres, que a menudo nacen de la falta de información acerca de cómo y por qué se compilan y se emplean estos datos, puedan llevar a políticas restrictivas que ahoguen la innovación, dice el veterano de Microsoft y actual director de seguridad de la start-up Pip Learning Technologies, Rob Curtin. Tiene un motivo para preocuparse: su empresa está desarrollando un servicio que conectará de forma privada y segura las instituciones académicas con los que quieran acceder a los datos de estudiantes, incluidos los padres y las empresas tecnológicas.

"Hay un montón de desenlaces positivos que pueden resultar de compartir estos datos", afirma Curtin. Conocimientos extraídos de conjuntos de datos de varios años de evaluaciones y pruebas de los estudiantes, por ejemplo, podrían ser utilizados para facilitar que los educadores puedan adaptar la instrucción a los estudiantes individuales, dice, mientras que las políticas demasiado restrictivas podrían impedir estas personalizaciones al impedir el acceso a estos datos. Curtin también percibe el valor de involucrar a los padres, que gastan miles de millones de dólares cada año en suplementar la educación de sus hijos, para compartir de forma segura los datos educativos de sus hijos con especialistas externos para crear una enseñanza personalizada. Sobre todo, dice, los padres necesitan conocer lo que pasa con los datos y cómo se utilizan.

"Existe una manera correcta, y una incorrecta, de hacer esto", dice Curtin. "Y si seguimos las reglas, podemos trasladar los datos, y existen muy buenos motivos para hacerlo".

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