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"Es más difícil rebelarse contra la corriente de Twitter que contra un dictador"

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En 2011, el Facebook de Wael Ghonim se convirtió en núcleo de la revolución egipcia, antes de perder la fe en las redes sociales. Su nueva plataforma aspira a mejorar el diálogo en línea

  • por Zeynep Tufekci And David Talbot | traducido por Teresa Woods
  • 19 Abril, 2016


Foto: Wael Ghonim. Crédito: Dylan Martínez (Reuters).

En 2011, Wael Ghonim era un ejecutivo de Google en El Cairo (Egipto) que ayudó a lanzar la revolución egipcia. Su página de Facebook, donde expresó su ira por un joven asesinado por la policía, se convirtió en uno de los núcleos de las protestas que dieron paso a la destitución del presidente Hosni Mubarak. Pero la trama de la Primavera Árabe cambió rápidamente. El movimiento en línea se polarizó para después formar distintas facciones. El nuevo Gobierno dirigido por el ejército averiguó cómo promocionarse en línea y un golpe de estado en 2013 aplastó la oposición que quedaba. Ghonim tuvo que abandonar el país, y ahora se encuentra en Silicon Valley (EEUU) trabajando en nuevas herramientas para redes sociales. Para hablar de la promesa y los límites de uso de internet para facilitar los cambios políticos, Ghonim conversó con el profesor adjunto de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) Zeynep Tufekci, que estudia los movimientos sociales en línea. La conversación fue editada por el redactor de MIT Technology Review David Talbot.

Tufekci: ¿Cuál fue el papel más importante que jugó internet para ayudar a la gente a lanzar la revolución egipcia de 2011?

Ghonim: Internet es una herramienta genial para compartir conocimientos y la organización de comunidades. Si estás políticamente enfadado en cualquier país democrático, probablemente dispongas de muchas opciones, como afiliarte a un partido político o apoyar a determinado candidato. Nada de esto existía en Egipto, pero había mucha gente que estaba descontenta con el régimen y con las décadas de corrupción, tortura y mala gestión del país.

Así empezó a nacer una organización descentralizada y plana, especialmente en Facebook, y creó una oportunidad para que este movimiento prosperara. Fue muy difícil atacarla y desarticularla. Yo era totalmente apolítico hasta que Mohamed el-Baradei [un destacado diplomático egipcio] anunció que tal vez se involucraría en la política egipcia. Un grupo que le apoyaba en Facebook incluía a 20 o 30 de mis amigos y probablemente disponía de unos 100.000 miembros. Para mí, me uní al movimiento y fue como: "¡Guau! Hay 100.000 personas en Facebook en Egipto que piensan como yo!".

¿Cuáles diría que son las lecciones más importantes que ha aprendido?

Las redes sociales ofrecieron una manera descentralizada para que los que no ostentan el poder, ni controlan los medios de comunicación, difundan sus mensajes y se comuniquen. Pero en gran medida esto representa una espada de doble filo. Se podría emplear para aumentar el nivel de consciencia, defender los derechos humanos e intentar rescatar a gente cuyos derechos estaban siendo violados. Pero al mismo tiempo, el Gobierno aprendió cómo utilizarlas para difundir información falsa y propaganda. Y la dinámica digital también ayudó a generar un entorno polarizado.

¿A qué se refiere?

En lugar de un diálogo constructivo acerca del camino a seguir, se produjeron unas amargas guerras entre muchos grupos, a veces entre amigos. En lugar de unir al país para avanzar, el discurso se ahogó en riñas, propaganda, muchas falsas afirmaciones y campañas de miedo.

Hace cinco años, recién llegado de los acontecimientos de la revolución egipcia, dijo que internet por sí solo podría crear una sociedad libre. ¿Aún lo cree?

Es cierto que en 2011 dije que para liberar una sociedad lo único que se necesita es internet. Sin embargo, donde Mubarak había ignorado internet en gran parte, el régimen actual hace mucho mejor uso de él. Logra ahogar voces de la oposición con su propia propaganda y también realiza campañas para aterrorizar a los que hablen en la red. Hace cinco años, creía que internet era una fuerza para la gente que nunca se debilitaría. Pero me equivocaba.

Existe otro problema. Muchas de las herramientas de las que dependen los activistas para organizarse y difundir su mensaje no facilitan la deliberación. También se basan en la "economía de la atención", en la que las voces más altas reciben más atención. Esto facilita la polarización, pero no existe un espacio para argumentar las cosas. 

Sí. La moneda actual de las redes sociales está basada en los "me gusta" y las veces que se comparta o retuitee una actualización. La gente está más interesada en difundir sus opiniones que en participar en conversaciones. Una vez dije sarcásticamente que siento que resulta mucho más difícil rebelarse contra la corriente común en Twitter que contra un dictador, porque al menos cuando me rebelo contra un dictador sé que hay mucha gente que me apoyará. Pero cuando uno se rebela contra la corriente dominante en Twitter, todos se pondrán en tu contra.

Desde luego, no hay duda de que internet realmente ayuda a facilitar las comunicaciones y demuestra el poder de la colaboración en acciones positivas, especialmente cuando se trata de actividades humanitarias como cuando se produce un huracán o un ataque terrorista. El problema es que los aspectos negativos son obvios y no se habla lo suficiente de ellos.

Esto ha sucedido en muchos países. Cuando uno organiza una protesta o cuando la gente se coordina, las redes sociales son una herramienta muy potente. Lo que yo he observado, y creo que concuerda con su experiencia, es que el problema se presenta en la segunda o la tercera fase. ¿Qué hacer después de ocupar "la plaza" cuando el gobierno lanza contramedidas? ¿Cómo cree que estos movimientos impulsados por redes sociales evolucionarán para abordar estos problemas?

Creo que se producirá una evolución. Para Egipto, nuestro discurso hoy no se centra en cómo lanzar la próxima página de Facebook. Las preguntas que nos seguimos haciendo son: "¿Cómo podremos organizar nuestro próximo movimiento? ¿Cómo podríamos convertir la energía y la pasión de la gente de maneras que resulten constructivas y beneficiosas para el país?". Sabemos a ciencia cierta que sólo protestar no resolverá los problemas del país.

Su plataforma de red social, llamada Parlio, acaba de ser adquirida por la página de preguntas y respuestas Quora. ¿Cuál es el objetivo de esta plataforma?

¿Se puede crear una cultura digital en la que todos se comporten con educación? ¿Hay herramientas que lo permitan? Esta plataforma es una comunidad de autores, periodistas, estudiantes, académicos, empresarios y otros curiosos y astutos pensadores de todo el mundo. Cualquiera puede leer y publicar preguntas. Una de las cosas en las que nos fijamos es cómo, después de publicar artículos en otras publicaciones destacadas, los redactores han trasladado la conversación a nuestra plataforma. Compartieron y participaron en elaboradas conversaciones con miembros de la comunidad. Esto nos dice que la gente está lista para interactuar entre sí aunque exista un fuerte desacuerdo, que resulta ser el caso en muchos de estos artículos. Creo que internet tiene un gran potencial aquí.

Pero, ¿cree que se podrá escalar y llegar a las masas comunes de gente, como las que abarrotaron la Plaza Tahrir de El Cairo en 2011?

Sí. Creo que es posible desarrollar una experiencia que motive conversaciones meditadas y educadas a escala. Esta fue una de las motivaciones para que nuestro equipo uniera fuerzas con Quora, que dispone de más de 100 millones de usuarios únicos al mes. Ser pesimistas nunca nos ayudará a cambiar el mundo.

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