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Biomedicina

Un científico se alza contra el secretismo y los riesgos de los genes dirigidos

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La tecnología podría extinguir especies enteras y ya hay trabajos para erradicar el dengue. Pero dados los peligros de hacerlo mal, Kevin Esvelt cree que los proyectos deberían debatirse públicamente

  • por Antonio Regalado | traducido por Teresa Woods
  • 08 Junio, 2016

Un científico del MIT Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) está retando a los científicos que trabajan en proyectos de genes dirigidos, una tecnología genética que podría alterar o incluso erradicar especies al completo de forma permanente. Kevin Esvelt, de 33 años de edad, les pide que hagan totalmente públicos sus planes antes de realizar más experimentos en mosquitos u otros organismos.

Esvelt defiende que es necesario para permitir el escrutinio público y evitar accidentes que, por como funciona la tecnología, podrían tener consecuencias globales. "¿De verdad alguien tiene derecho a realizar un experimento que si sale mal afectaría al mundo entero?", se pregunta.

Esta semana, el público tendrá ocasión de conocer el debate que rodea a la tecnología de los genes dirigidos de primera mano cuando la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos publique un extenso informe que incluirá recomendaciones para reducir los riesgos ecológicos y prevenir accidentes, y también describirá el alcance de las leyes existentes para lidiar, o no, con una tecnología capaz de traspasar fronteras nacionales con su propagación.

Diga lo que diga el informe, tendrá mucho que agradecer a Esvelt, quien hace más de dos años fue el primero en darse cuenta de que una tecnología de edición genética llamada CRISPR permitiría a los científicos modificar el ADN de especies silvestres, como los mosquitos, las moscas o las ratas, por primera vez.

Pero en lugar de apresurarse a marcarse un tanto tecnológico en primicia, Esvelt empezó a instar a las agencias y a sus compañeros del campo a considerar cómo se debería supervisar una tecnología tan potente.

Foto: El profesor del MIT Media Lab, Kevin Esvelt. Crédito: David Sun Kong.

"[Esvelt] ha liderado el movimiento de colocar [este tema] bajo la luz pública", afirma el epidemiólogo de la Universidad de Harvard (EEUU) Marc Lipsitch, que participa en temas de bioseguridad. El experto añade: "No es habitual que alguien que se encuentra al principio de su carrera profesional ya esté pensando en las implicaciones morales, éticas y políticas".

Los genes dirigidos introducen en un mosquito u otro organismo genes extra capaces de propagarse por una población de animales silvestres y potencialmente actuar como un dispositivo del día del juicio final al provocar su extinción. La tecnología presenta retos no sólo porque podría acabar con una especie al completo sino también porque debido a su propia naturaleza puede propagarse ampliamente, por ejemplo por un accidente de laboratorio.

"Es el ejemplo perfecto de una tecnología que necesita ser guiada por la comunidad desde el principio", afirma Esvelt. "No tiene sentido hablar de involucrar al público en ciencia si la ciencia sigue desarrollando productos para preguntar después: '¿Qué les parece?'", añade

Esvelt dice que ha lanzado un proyecto nuevo, llamado Responsive Science (ciencia responsable), junto con al politólogo del MIT Kenneth Oye y el científico social de la Universidad de Harvard (EEUU) Sam Weiss-Evans. La iniciativa propone que los científicos publiquen sus planes y propuestas al completo antes de ejecutarlas para que puedan ser revisadas y debatidas, incluido por el público. "Ser mas transparentes resulta más eficiente y sinceramente más divertido", asegura.

Al añadirse al ADN de un animal, los genes dirigidos pueden propagar un rasgo determinado por toda la población, pues vencen a las reglas 50-50 de la herencia genética. En los experimentos en laboratorio con moscas y mosquitos, los cambios genéticos asociados con los genes dirigidos, incluidos los rasgos perjudiciales para la propia especie, fueron heredados por el 99% de las crías.

Actualmente hay varias iniciativas potentes para desarrollar genes dirigidos capaces de eliminar los mosquitos que propagan la malaria, incluido un proyecto del Colegio Imperial de Londres (Reino Unido) que ha recibido más de 40 millones de dólares (unos 35 millones de euros) en financiación de la Fundación de Bill y Melinda Gates. Ese grupo, que se llama Objetivo Malaria, espera liberar un tipo de mosquitos autoaniquilantes en África para 2029. En Estados Unidos, los científicos se apresuran a desarrollar unos chalecos bomba genéticos similares para los mosquitos que propagan el virus del Zika y el dengue.

Estas investigaciones son competitivas, caras y ambiciosas, por lo que no todos los investigadores tienen claro que deban unirse al plan de transparencia de Esvelt. "No sé cuán práctico resultaría que cada idea se someta a una especie de votación web", dijo el ejecutivo de la Fundación Gates Fil Randazzo en una entrevista el pasado mes de marzo, poco después de haberse reunido con Esvelt. Afirma que Gates es un patrocinador financiero del estudio de la Academia Nacional de Ciencias (y del trabajo de Esvelt además). Randazzo se defiende: "Hemos sido muy transparentes".

Y retrasar la tecnología plantearía un dilema moral distinto. Millones de personas son infectadas por el dengue cada año, y medio millón muere a causa de la malaria. Es más, la tecnología también ofrece una nueva manera de eliminar especies invasoras de islas como las de Hawái (EEUU), algo que podría salvar de la extinción a sus aves autóctonas.

Algunos grupos se oponen totalmente a los genes dirigidos. El grupo ETC, una organización sin ánimo de lucro que ha sido muy crítica con las cosechas transgénicas y la biología sintética, contactó con la prensa esta semana para comparar la tecnología con la bomba atómica. El director de programa de ETC, Jim Thomas, afirmó: "Estamos extremadamente preocupados por las amenazas para la seguridad alimentaria y la paz que plantea esta tecnología". Espera que empiece a estar sujeta al control de las Naciones Unidas.

Es probable que la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos contemple algún nivel adicional de medidas de precaución extraordinarias. Podrían incluir pedir a los científicos que desarrollen antídotos genéticos llamados "genes dirigidos de inversión" (reversal drives) y potencialmente aconsejar que las investigaciones se limiten a emplazamientos donde cualquier organismo fugado carecería de parejas con las que aparearse. Tal propuesta podría, por ejemplo, obligar a algunos laboratorios estadounidenses interesados en mosquitos del Zika a restringir o trasladar su trabajo cientos de kilómetros al norte.

Esvelt no se opone a la tecnología. De hecho, quiere que los genes dirigidos se apliquen, pero siempre que sea de forma segura. Hasta cree que la tecnología podría  rectificar lo que considera una enorme deficiencia del universo: el hecho de que la propia evolución "carece de un compás moral". Sólo representa un proceso ciego cuya única regla es la supervivencia. Los genes dirigidos, al proporcionar a la humanidad la capacidad de afinar esa lucha de supervivencia, podrían convertir el mundo en un lugar más justo.

Pero sólo sucedería si todo lo hacemos a plena vista. Esta semana, Esvelt publicó sus primeros dos trabajos en la página web de Responsive Science, uno de los cuales traza una nueva idea para asegurar la seguridad de las pruebas de genes dirigidos. En sus trabajos, afirma: "El problema es el sistema actual en el que todo se hace a puerta cerrada. Si seguimos por este camino, alguien cometerá un error".

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