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Negocios

Decodificando el gen de las ganancias

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¿Está a punto de desmoronarse la última compañía de genómica de los años 1990?

  • por David Ewing Duncan | traducido por Jose Russo
  • 19 Agosto, 0200

A mitad de la década pasada, un neuropatólogo en Harvard (Estados Unidos) estaba frustrado con la lentitud de la investigación académica. Estudiando la mecánica de la esclerosis múltiple en el cerebro, Kari Stefansson se preguntó si existía alguna manera de apresurar el desarrollo de pruebas de genética para predecir y entender mejor la esclerosis múltiple y otras enfermedades.

Al igual que otros científicos con una beta empresarial, la solución de Stefansson fue acudir al mundo de los negocios como una manera de ayudar a su investigación. En el año 1996, luego de abandonar Harvard, fundó la compañía deCode Genetics en Reykjavik, capital de su natal Islandia.

Su idea era en parte un experimento para ver si la investigación sobre el genoma—en ese entonces había una carrera entre científicos para descifrar la secuencia del genoma humano—podría llevar rápidamente a descubrir nuevas drogas y, por lo tanto, conseguir ganancias económicas. Esta iniciativa formaba parte del gran experimento que representaba la biotecnología en sí misma, que en los últimos 35 años ha visto a muchos científicos lanzar miles de millones de dólares en diferentes proyectos. Algunos de ellos proveyeron novedosas curas a enfermedades, pero la gran mayoría no lo ha hecho. La industria de la biotecnología en su conjunto, ha sufrido pérdidas todos los años excepto uno.

En 1996, el plan de deCode era relevar los genomas de los 300.000 habitantes de Islandia en la búsqueda de factores de riesgos genéticos para males comunes, como las enfermedades del corazón y el cáncer. El proyecto fue posible gracias a una ordenanza controversial del parlamento de ese país que permitió a la compañía el acceso (con consentimiento) a los expedientes médicos de los ciudadanos. En el año 2000, la compañía hizo una oferta pública de acciones en el NASDAQ, por 18 dólares americanos la acción, recaudando 172 millones de dólares. En el primer día de actividad en la bolsa, el valor de la acción aumentó a 29 dólares.

En ese momento, un inversor de capital riesgo y el principal inversor de deCode me expresaron que esta empresa y otras compañías de genómica, como Millenium y Celera, representaban el futuro de la medicina.

Cerca de 13 años después de la fundación de deCode, Kari Stefansson posiblemente sea el último hombre que queda en pie de todas las personas que trabajaron en genómica desde el principio—y su compaña está en muy serios problemas.

Hace algunos días, la compañía anunció que solamente le quedan 3,7 millones de dólares en efectivo. “La compañía cree que posee suficientes recursos para mantener las operaciones hasta la segunda mitad del tercer trimestre”, según una nota de prensa reciente de la compañía.

Sin embargo, Stefansson dice que deCode aún no está lista para su obituario. “Estamos reestructurando las operaciones para enfocarnos en nuestras actividades principales”, dice, luego de haber informado telefónicamente a los inversionistas, el 10 de agosto, lo siguiente: “Estamos logrando un buen progreso en el reposicionamiento de deCode como empresa líder en el diagnóstico a base a estudios genéticos”.

Quizás aún más importante es la precaria posición que tiene actualmente deCode en los esfuerzos de investigación genómica. Anteriormente, y por más de una década, esta empresa ha producido un número prodigioso de artículos importantes identificando factores de riesgo genético, y ha publicado sus descubrimientos en revistas como Nature and Science.

La mayoría de estos artículos describen estudios de genoma de asociación amplia (GWAS por sus siglas en inglés) que escanean el ADN en busca de marcadores genéticos asociados con enfermedades comunes. Pocos laboratorios han producido trabajos de tanta calidad, un hecho que con frecuencia ha puesto los descubrimientos de la compañía en las primeras páginas de periódicos como The New York Times y en otros de reputación semejante. Sin ir más lejos, el mes pasado, científicos de deCode descubrieron factores genéticos de riesgo para enfermedades del corazón, derrames cerebrales, cáncer de la piel, y esquizofrenia.

Recientemente, la utilidad de los marcadores de GWAS en la predicción de la proclividad a enfermedades de una persona ha sido cuestionada en artículos en la revista New England Journal of Medicine y también en otras publicaciones. Asimismo, virtualmente todas las otras compañías de genómica fundadas en los años 1990 han desaparecido, han sido adquiridas o han abandonado sus esfuerzos de genómica pura. Aún así, pocos científicos en genética tienen dudas sobre valor de los estudios en grandes poblaciones para proveer claves para predecir con mayor exactitud y entender mejor a las enfermedades comunes—el objetivo que originalmente Stefansson se trazó en 1996.

Hasta ahora, deCode ha gastado más de 600 millones de dólares y sus inversores no han tenido ganancias, aún cuando la compañía se movió al desarrollo de drogas y empezó a vender pruebas de diagnóstico basadas en sus descubrimientos del ADN. En el 2007, deCode lanzó deCodeme, un sitio de internet de pruebas genéticas para clientes, que compite con los que ofrecen 23andme, Navigenics y otros en esta naciente rama de negocios.

deCode es en parte una víctima de la recesión y de la caída de la economía de Islandia ocurrida el año pasado. Pero también la compañía ha fallado en encontrar un modelo que funcione para lo que es en resumen un experimento muy costoso sobre cómo comercializar investigación básica. Aún con los recortes drásticos en gastos y empleados, deCode sufrió pérdidas por 24,3 millones de dólares en los primeros seis meses del 2009. La acción tenía un valor de 57 céntimos de dólar al momento de escribir este artículo, en alza respecto al valor de 19 céntimos de principio de año, pero muy debajo del valor de la acción en los buenos tiempos. 

Stefansson dice que la compañía está planeando vender su programa de desarrollo de drogas, incluyendo sus tres compuestos que están siendo probados en humanos actualmente—dos para ataques al corazón y uno para trombosis arterial. “Se está negociando un trato”, dice.

En cuanto al posible cierre de sus operaciones de investigación, sospecho que el alto perfil de los colaboradores de deCode del mundo académico vendrán al rescate si todo lo demás falla. Artículos recientes listan a entidades como el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y el Fondo Welcome del Reino Unido, que darían soporte financiero para estudios individuales.

Una cosa es cierta: Kari Stefansson es un verdadero sobreviviente y un acérrimo defensor del poder de la genómica, tanto como ciencia y como fuente potencial de ganancias, aún si parece más una promesa que una realidad. “Al final del túnel, una vez que salgamos”, insiste, “tenemos un negocio, que creemos, tiene un potencial espectacular”.

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