.

Robótica

Trabajadores anónimos, IA y datos encriptados para los fondos de riesgo 2.0

Una 'start-up' de San Francisco emplea estos innovadores elementos para detectar tendencias de forma colectiva que ayuden a gestionar sus operaciones. Y de momento parece que les va bien

  • por Jamie Condliffe | traducido por Teresa Woods
  • 20 Diciembre, 2016

Con más de 7.500 desarrolladores, la plantilla del fondo de alto riesgo Numerai es inusualmente grande en comparación con sus rivales. Pero lo más inusual es que esos empleados pueden ser totalmente anónimos.

Como informa TechCrunch, la start-up de San Francisco (EEUU) envía datos encriptados de compraventa a codificadores que se han registrado para trabajar para el fondo. Cada uno desarrolla distintas técnicas de aprendizaje automático para realizar previsiones basadas en los datos, y envía sus predicciones a Numerai. Si resultan útiles, el científico de datos es pagado en bitcoins. 

Parece el sueño febril alimentado por palabras clave de un inversor de capital riesgo. Pero tras un año de transacciones bursátiles, su fundador, Richard Craib, afirma que está ganando dinero. Y la empresa cerró recientemente una ronda de financiación, asegurándose unos 5,7 millones de euros, lo que al menos sugiere que el sueño es uno que los inversores creen que tiene mérito.

Foto: Richard Craib. Crédito: Tashajade (Wikimedia).

Los algoritmos desde luego no son una idea nueva para los fondos de alto riesgo, y Numerai no es el único fondo que emplea inteligencia artificial (IA) para abordar su negocio. Los enfoques de aprendizaje automático pueden analizar datos adicionales que los humanos nunca tendrían tiempo de abarcar, y los algoritmos estándares no podrían entender. Pueden ser empleados para minar ideas de noticias y redes sociales, por ejemplo, además de divisar tendencias en datos no estructurados.

De hecho, muchos fondos de alto riesgo están realizando fuertes inversiones en IA. Y tal vez con razón: la industria ha sido atacada este año por numerosos colectivos por sus precios excesivos y su falta de rendimiento. Pero aunque puede parecer una buena idea que una máquina aprenda a divisar tendencias, aún está por ver lo bien que rendirán a largo plazo. Los sistemas de IA pueden ser sensibles a la incertidumbre y al ruido, por ejemplo, algo que demasiado común en los mercados financieros.

La situación de Numerai genera preguntas únicas. El anonimato de sus empleados implica que es imposible saber si podrían también estar participando con otras empresas e instituciones con un conflicto de intereses. Y, como señala Wired, el uso de encriptación de la empresa es un delicado ejercicio de equilibrio entre velocidad y seguridad que tendría que ser gestionado con cuidado.

Aun así, es un enfoque interesante en una industria que necesita un impulso. Tal vez Wall Street también pronto disponga de su propio ejército de científicos de datos anónimos.

(Para saber más: TechCrunchWired, Financial Times, Crunching for Dollars, ¿Podemos confiar la inversión de riesgo al criterio de una inteligencia artificial?)

Robótica

 

La inteligencia artificial y los robots están transofrmando nuestra forma de trabajar y nuestro estilo de vida.

  1. Olvídese de los filtros de Instagram, los de esta inteligencia artificial son mucho más versátiles

    Un algoritmo de visión automática es capaz de mapear los colores de una imagen y compararlos con otra. También crea agrupaciones cromáticas y permite sustituir unas por otras de forma sencilla. La técnica ofrece mucho más que un simple filtro Valencia

  2. Facebook y el bot parlante que la ciencia busca desde hace medio siglo

    Siri y Alexa hacen algunas cosas muy bien, pero nada más. Facebook quiere que su asistente M asuma cualquier pregunta y tarea, algo tan complicado que su bot sólo está disponible para un 0,1% de los usuarios. ¿Llegaremos a verlo algún día los demás?

  3. Los satélites se comerán unos a otros si no empezamos a retirar los viejos

    Los satélites en desuso pueden permanecer en el espacio hasta 25 años tras el fin de su vida útil. Y cuanto más tiempo estén arriba más probabilidades tienen de chocar con otros. Reducir este plazo a cinco años parece una buena opción