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Cadenas de bloques y aplicaciones

"No disponemos de herramientas para abordar la desinformación"

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La tecnosocióloga Zeynep Tufecki aborda en su nuevo libro las dos caras del empoderamiento de los movimientos de protestas gracias al uso de internet. La experta considera que los gobiernos están aprendiendo cada vez mejor a usar la red para mantener el 'statu quo' 

  • por Tom Simonite | traducido por Teresa Woods
  • 22 Mayo, 2017

Movimientos como la Primavera Árabe de 2011 y la reciente Marcha de Mujeres de Washington (EEUU) demuestran lo mucho que pueden ayudar las redes sociales y los teléfonos móviles a canalizar el descontento de miles de personas y convertirlo en acción. Pero en un nuevo libro, la tecnosocióloga Zeynep Tufecki relata cómo pasar tiempo con manifestantes movilizados a través de las redes digitales revela que el poder de internet también debilitar a los mismos movimientos que ampara.

Tufecki, que es profesora adjunta de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (EEUU), también cuenta a MIT Technology Review que los gobiernos están mejorando su uso de internet para defender el statu quo. El libro de Tufecki, Twitter and Teargas: The Power and Fragility of Networked Protest, salió a la venta el pasado 16 de mayo. Este artículo es un extracto editado de nuestra conversación con ella.

¿Cómo han cambiado las protestas con internet?

Las redes sociales permiten los movimientos sociales de muchas maneras. El número de protestas y movilizaciones en todo el mundo se ha triplicado, tal vez cuadruplicado, en tan solo 10 o 15 años. Durante los últimos años, hemos asistido al surgimiento de movimientos como Occupy, Black Lives Matter, las manifestaciones del parque Gezi en Turquía y las revueltas árabes que han recorrido Oriente Medio y el norte de África. Sin embargo, estas no han tenido los efectos que se podría esperar dados los niveles de participación y la energía y entusiasmos que estas protestas fueron capaces de despertar.

Si piensas en la Marcha sobre Washington de 1963, puedes comprobar la capacidad de organización, el esfuerzo y la disciplina del movimiento por los derechos civiles en EEUU que se necesitaron para lograr reunir a tantas personas que apoyaran la causa. La reciente Marcha de Mujeres de Washington también fue multitudinaria, pero representa el primer paso de un movimiento naciente, no la culminación de una década de trabajo. Sin una etiqueta en Twitter y hojas Excel para coordinar la logística, realmente habrías tenido que haber construido una gran fuerza y músculo organizativo. Si quieres representar una amenaza creíble para los poderes establecidos, necesitas desarrollar esa fuerza.

¿Ha limitado esto los movimientos de protesta?

Algo que se ve muy a menudo es la congelación táctica. Muchos movimientos se quedan atascados en la primera iniciativa que funciona y no son capaces de dar el siguiente paso porque no disponen de una infraestructura para la toma colectiva de decisiones.

El movimiento Occupy se atascó cuando fueron expulsados del parque Zuccotti porque no tenían ninguna manera viable y funcional de tomar decisiones. No quiero restarle importancia a la represión a la que se enfrentó el movimiento de la Primavera Árabe en Egipto –tal vez nunca tuvieron ninguna posibilidad–, pero tampoco lograron elaborar tácticas y prácticas para hacer cosas diferentes. Se celebraron elecciones, no podían ponerse de acuerdo en la ejecución de un boicot, seguían intentando volver a la plaza; se quedaron congelados en términos tácticos. La tecnología te permite convertirte en grande sin liderazgo, [pero] no te proporciona todo el poder que esperas que te dé.

¿Cómo están combatiendo los gobiernos las protestas organizadas en la red? ¿Están ampliando la censura?

Pensamos en la censura como denegar y ocultar información a la gente, pero esa es una manera muy limitada, muy del siglo XX, de definirla. Yo pienso en la censura como la denegación de la atención mediante múltiples medios. Bloquear información resulta increíblemente difícil hoy en día. Incluso en países con mucha censura, la gente normalmente encuentra maneras de esquivarla. [Pero] No disponemos de herramientas para abordar la desinformación: cuestionar la credibilidad de la información o emplear la distracción. Al Gobierno chino, por ejemplo, se le da fenomenal entender cómo confundir y distraer a los ciudadanos con otras informaciones en redes sociales y con suerte paralizarlos para que no sepan qué es cierto y qué es falso y se rindan.

La organización de protestas es tan solo una manera en la que las redes sociales han llegado a ser el lugar de mucho más que la mera socialización. ¿Cómo están adaptándose empresas como Facebook y Twitter a su papel central dentro del activismo, el terrorismo y el crimen actual?

Me inspira empatía lo difíciles que son algunas de estas cuestiones; nos superan a todos. Pero me gustaría que [las empresas] se esforzaran mucho, mucho más. Son fábricas de dinero y se lo gastan todo en ingenieros: deberían contratar un montón de personas para estudiar el producto real y sus efectos secundarios.

Facebook anunció la contratación de 3.000 personas para monitorizar vídeos en su plataforma, una cifra diminuta en comparación con su base de usuarios de casi 2.000 millones de personas. No está asumiendo su responsabilidad como una de las empresas más grandes del mundo con suficiente seriedad. Se trata de los frenos y cinturones de seguridad que necesitas para tu producto, no una ocurrencia tardía.

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