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El tamaño y el calor, los desafíos de ARM para colocar chips dentro del cerebro

El consumo energético y el tamaño son los principales desafíos a los que se enfrenta la empresa para llegar a desarrollar chips capaces de interpretar las señales cerebrales y revertir la parálisis, algo para lo que ya ha cerrado acuerdos de investigación con universidades

  • por Michael Reilly | traducido por Teresa Woods
  • 22 Mayo, 2017

Foto: William Kochevar, que está paralizado de hombros para abajo, ahora puede utilizar un implante cerebral para controlar su brazo. 

ARM se ha lanzado al ruedo cerebral. El diseñador de chips británico es uno de los principales actores de la industria de la computación, especialmente en el área de los dispositivos móviles. Pero ahora ha anunciado que también le interesa desarrollar chips pensados para colocarlos entre oreja y oreja.

Los implantes cerebrales están de moda ahora mismo. Este año, un hombre totalmente paralizado utilizó un implante vanguardista para mover su brazo por primera vez en años. Está circulando mucho dinero desde los inversores de Silicon Valley (EEUU) que se mueven por la cuerda floja y entre la resolución de problemas de investigación complejos y el desarrollo de productos comercialmente viables. Grandes nombres del mundo tecnológico como Elon Musk y Mark Zuckerberg se han subido al tren al calor del entusiamo generado en torno al temaprometen un futuro en el que los implantes aumentarán la inteligencia humana y convertirán a las personas en telépatas. En MIT Technology Review llegamos a nombrar el uso de implantes para revertir la parálisis como una de nuestras 10 tecnologías emergentes de 2017.

Los objetivos de ARM parecen algo más modestos, al menos por ahora. La empresa, propiedad de Softbank, ha anunciado que colaborará con el Centro de Ingeniería Neural Sensomotora de la Universidad de Washington (EEUU) para ayudar a los investigadores del centro a diseñar chips que se instalarán después dentro del cráneo. El objetivo: ayudar a personas que sufren parálisis provocada por, entre otras causas, un ictus y una lesión de médula a volver a mover partes de su cuerpo.

Para ello, la compañía y el centro de investigación desarrollarán hardware que se utilizará para "decodificar las complejas señales formadas dentro del cerebro, digitalizarlas para que puedan procesarse y ejecutarse, lo que permitirá controlar las funciones musculares del cuerpo". Con el tiempo, la organización también espera revertir el proceso de forma que los dispositivos también sean capaces de procesar los datos y entregar los resultados directamente al cerebro.

Hacer todo eso con un chip alojando dentro de la cabeza suscita unos desafíos muy particulares, sobre todo porque los implantes actuales delegan ese trabajo a un ordenador externo en el que las limitaciones son menores. Como contó a BBC el director de tecnologías de salud de ARM, Peter Ferguson: "El reto radica en torno al consumo energético y el calor que genera". Lo que se requiere, según Ferguson, es "algo ultrapequeño, con un consumo ultrabajo".

ARM ya tiene dinero invertido en esa idea en particular. Su posición como fabricante por excelencia de los chips utilizados por la mayoría de los dispositivos móviles del mundo está cimentada sobre la impresionante eficiencia energética que sus grupos de chips pueden crear. Conseguirlo significa en un teléfono inteligente que la batería dure más tiempo; en la cabeza, que nada se calentará demasiado.

Aun así, como ya han demostrado otros, el procesamiento de señales cerebrales es tan solo uno de los retos computacionales que hay que superar. Para empezar, grabar la actividad neuronal requiere una cantidad enorme de potencia computacional. De hecho, es uno de los objetivos de la ambiciosa iniciativa BRAIN lanzada por Barack Obama en 2013 para centrarse en el desarrollo de tecnologías que actúen de interfaz con las neuronas de manera eficaz.

Actualmente no está claro cómo de lejos podría llegar la ambición de ARM más allá de sus objetivos conocidos. Tampoco se sabe si tiene intención de dejarse llevar por la visión tecnoutópica de Musk y Zuckerberg. Pero en cualquier caso, la empresa se ha fijado una meta complicada. Aun así, parece ser, al menos de forma tácita, consciente de la magnitud de su empeño: tiene planes de colaborar con el equipo de la Universidad de Washington durante los próximos 10 años.

(Para saber más: BBC, Un tetrapléjico recupera el movimiento de la mano gracias a una neuroprótesis, Intel perdió el carro de los chips móviles y ahora peligra su posición con el de IOT, Musk no inventará la telepatía en una década, pero puede que sí más tarde)

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