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Módulos prefabricados se añaden al cable principal que cuelga del asteroide y en torno al que se construye el edificio.

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Arquitectura de ficción para construir sobre la imaginación

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Un rascacielos colgado de un asteroide es la última propuesta para buscar una alternativa habitacional a la humanidad. Puede que nunca sea posible construirlo, pero su potencial radica en la inspiración del concepto

  • por José Carlos Sánchez | traducido por
  • 23 Junio, 2017

Un rascacielos espacial invertido que pende de un asteroide. Un rascacielos colgado de un asteroide… que orbita sobre la Tierra. El proyecto de Analemma Tower, ideado por el estudio de arquitectura de Nueva York (Estados Unidos) Clouds AO, es tan chocante que hay que repetírselo a uno mismo. La propuesta consiste en un edificio de unos 32 kilómetros de largo que pendería de un asteroide situado a 50.000 kilómetros de distancia de la superficie terrestre. El rascacielos, que se construiría en Dubái (dada la experiencia del país en levantar grandes obras), "viajaría" siguiendo una órbita geosíncrona en forma de ocho que le haría sobrevolar la Tierra desde Dubái a Nueva York y de Nueva York a Dubái en un día.

El proyecto, claro está, tiene muy pocas probabilidades de hacerse realidad. Sin embargo, el pasado mes de abril corrió como la pólvora en medios de comunicación de todo el mundo. ¿Lo esperaban sus creadores? "Para nada", explica por correo electrónico a MIT Technology Review en español el arquitecto y cofundador del estudio Ostap Rudakevych, quien explica que la torre forma parte de "un proyecto especulativo mucho más grande que aún no se ha publicado".

"Especulativo". Esa es la categoría en la que se enmarcan propuestas como la de Rudakevych, la conocida en los últimos años como "arquitectura especulativa" o "arquitectura ficción". Se trata de proyectos arquitectónicos no necesariamente realizables, pero que pueden servir como propuesta teórica o simplemente inspiracional.

¿Tiene sentido diseñar algo a priori (y a todas luces) irrealizable? El profesor de proyectos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (España) Manuel Ocaña lo tiene claro: "No debemos castrar desde la Academia esos pensamientos. La universidad no debe ser una fábrica de robots homogéneos, y menos en este siglo XXI". Y parece que Rudakevych coincide. El responsable defiende: "Como arquitectos, nos han enseñado básicamente a imaginar y documentar cosas que no existen. Dibujamos y construimos maquetas de casas y edificios que no existen, detallamos planes y especificaciones para construir esas estructuras imaginarias. ¿Por qué no hacerlo entonces a mayor escala y plazos más largos?".

El origen de este peculiar rascacielos es una propuesta de "hábitats flotantes" en forma de pequeños dirigibles que se lanzó en 2008. Su objetivo sería garantizar la supervivencia de la población tras una catástrofe y poder involucrarla en la reconstrucción. Desde entonces, explica Rudakevych, ha trabajado en la idea de cómo desvincular la arquitectura de la tierra.

Pero hacer una casa en un globo estático es un concepto muy distinto de construir un rascacielos orbital autosuficiente como este. En Clouds AO aseguran que existe una investigación detrás del proyecto, sobre todo en relación a los requisitos de habitabilidad según las condiciones atmosféricas, la altura y los sistemas de redireccionamiento de asteroides. Pero el proyecto, que se basa en la idea del ya famoso ascensor espacial, está fuera de cualquier viabilidad. (El astrofísico Daniel Marín ofrece un buen análisis en su blog Eureka).

Rudakevych, que admite que la propuesta no sería posible "al menos en un siglo, si es que lo es algún día", asegura que su objetivo es más bien otro. "El proyecto también se planteó como una especie de crítica cínica a la búsqueda del edificio más alto en Manhattan (Nueva York)", argumenta su creador, y añade: "En los últimos años ha habido una carrera en el mercado inmobiliario de lujo en la que los promotores competían con edificios cada vez más altos. Analemma Tower lo ha llevado al extremo, a un mundo autónomo para ultrarricos desconectado de la calle y la vida urbana que hay debajo de ellos".

Ocaña no conoce el proyecto y "tendría que verlo para ver si hay un pensamiento técnico detrás de la idea o es una chorrada", pero considera que pensar si algo se queda sólo en lo especulativo "no es una pregunta interesante". Para él, "sería mejor pensar en las puertas que abre el proyecto en cuestión".

Foto: La torre Analemma pasa por Manhattan (Nueva York, Estados Unidos) durante su órbita diaria.

Imaginar el futuro e imprimir el presente

Pero la arquitectura ficción no es nueva. Antes del diseño digital y los renderizados por ordenador, la NASA trabajó de manera intensiva en colonias espaciales durante la década de 1970. Sin embargo, accidentes como el del transbordador Challenger en 1986, además de las limitaciones presupuestarias y tecnológicas naturales, supusieron un freno en el volumen de este tipo de investigaciones ya a partir de los años ochenta.

En los últimos años, nuevas tecnologías como la impresión 3D parecen estar llamadas a revolucionar la forma de diseñar, proyectar y construir que domina buena parte de las edificaciones actuales, también en el espacio. Un ejemplo es la propuesta de base lunar que diseñó Norman Foster en 2012. Más reciente, y también con participación del estudio Clouds AO, es el proyecto ganador de la competición de la NASA de 2015 para imprimir un hábitat marciano en 3D. Pero en este caso no optaron por colgar su obra, sino por imprimirla en hielo. Un proyecto que sigue en marcha y que, se mire cómo se mire, es mucho más probable que se materialice que el rascacielos espacial.

¿Existe entonces alguna línea que una áreas en apariencia tan ajenas como el arte, el cine, la arquitectura, la ingeniería y la construcción? Ocaña lo tiene claro: "la creatividad". Y el creador del rascacielos confirma: "Creo que es importante tener una visión que inspire a la gente. Como humanos, soñamos; lo cual es necesario para el progreso. Todo depende en esencia de ello: democracia, libertad, confort, felicidad, ciencia. Vivimos en nuestras ideas".

*Este artículo se publicó originalmente en el Blog de Innovación de Sacyr el 16/06/2017

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