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Ilustración de Andy Friedman

Computación

Los drones repartidores de vacunas cunden más de lo que cuestan

No usarlos saldrá más caro a largo plazo. Las personas que deben llevar las vacunas a su destino en países como Mozambique ponen su vida en riesgo, al igual que lo está la del paciente que espera el tratamiento. Es hora de actuar 

  • por Bruce Y. Lee | traducido por Teresa Woods
  • 05 Julio, 2017

Si pudiéramos enviar flotas de aviones no tripulados que transportaran suministros médicos por los aires a las personas que viven en las partes más pobres y remotas del mundo, ¿valdría la pena? ¿Quién va a cargar con el coste de los drones, o del equipo necesario para alojarlos y recargarlos? ¿Quién pagará al personal necesario para operarlos y el entrenamiento requerido para ello?

El año pasado formé parte de un equipo que probó drones de reparto en Mozambique con la ayuda de un modelo computacional de la cadena de suministro de vacunas del país. La cadena de suministro incluye refrigeradores, congeladores, vehículos y personal involucrado en el traslado de vacunas desde su origen hasta las personas que las necesitan. La República de Mozambique, ubicada al sureste de África, tiene más de 24 millones de habitantes y un PIB de alrededor de 31.100 millones de euros, lo que equivale a 390 euros per cápita. Los 801.537 kilómetros cuadrados de Mozambique incluyen agrestes sierras y zonas montañosas, largos tramos de mesetas, grandes ríos y bosques llenos de animales salvajes. Además, algunas zonas del país sufren habitualmente fuertes lluvias y ciclones. Estas condiciones pueden hacer que conseguir una vacuna se convierta en una tarea de riesgo. El 'último kilómetro' de la cadena de suministro de vacunas, que va desde donde se almacenan hasta donde se administran, puede ser difícil de recorrer. A menudo, las vacunas dependen de una persona que viaja en moto, bici, animales o incluso a pie para llevarlas su destino. Y estos tratamientos son un recurso muy valioso, no sólo por el dinero que cuesta su desarrollo, sino por su fragilidad (la exposición al calor puede hacer que se estropeen) y su capacidad de salvar vidas. A veces una persona tiene que enfrentarse a grandes riesgos para llevar solamente algunas vacunas a la gente que vive lejos de cualquier ciudad.

Aquí es donde entran los drones. Las naves no tripuladas no sólo son útiles para fines militares y hacer fotografías desde el aire. Empresas como Zipline y Matternet están colaborando con organizaciones mundiales de salud  para explorar el uso de drones para entregar suministros médicos.

Nuestro equipo, compuesto por miembros de la Escuela de Salud Pública de Johns Hopkins-Bloomberg (EEUU) y del Centro de Supercomputación de Pittsburgh de la Universidad Carnegie Mellon (EEUU), empleó un software llamado HERMES, diseñado específicamente para analizar las cadenas de suministro. Con él, desarrollamos y dirigimos una serie de escenarios que incluían diferentes desafíos a los que podría enfrentarse un dron: adversas condiciones meteorológicas, animales salvajes e incluso personas que intentan derribarles por temor a que formen parte de una operación militar.

¿Los resultados? Bajo una amplia gama de condiciones, los drones pueden proporcionar unos ahorros de entre un 20% y el 50% frente al transporte terrestre tradicional. Por supuesto, los ahorros dependen del tamaño de la población atendida, de las condiciones del camino, de la velocidad del transporte terrestre, de la fiabilidad de los drones y de la voluntad de las personas de aceptarlos. Pero demuestra que la nueva tecnología no tiene por qué resultar costosa. Al mejorar el servicio y liberar recursos valiosos (como el tiempo de los trabajadores que normalmente realizarían el transporte de larga distancia de las vacunas durante), los drones pueden ahorrar dinero y salvar vidas.

*Bruce Y. Lee es profesor adjunto de salud internacional de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins-Bloomberg (EEUU).

Computación

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