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El director general de Transformación Cognitiva de IBM, Jesús Mantas, defiende los beneficios de Watson. Crédito: IBM

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"Las tecnologías cognitivas nos ayudan a ser los Messi de nuestra profesión"

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El director general de Transformación Cognitiva de IBM, Jesús Mantas, defiende los beneficios de Watson para mejorar la toma de decisiones humanas en sectores como la medicina

  • por Manuel E. Martínez | traducido por
  • 10 Julio, 2017

Mientras el público se hace selfies con robots humanoides, expertos de diversos sectores debaten sobre el potencial de la inteligencia artificial en la vida y en los negocios. A otro lado, se imprimen objetos en 3D y se explican nuevos servicios habilitados por blockchain. Estamos en mitad del DES2017 (Digital Business World Congress), que tuvo lugar en Madrid (España) el pasado mayo. La segunda edición de este evento internacional volvió a presentar a la digitalización y a las nuevas tecnologías como protagonistas de los negocios del futuro. Gracias a ellas, estamos empezando a ver lo que ya se conoce bajo el término superhumano, que se refiere a aquellos profesionales que toman decisiones más acertadas y en tiempo récord gracias al apoyo de máquinas inteligentes.

El concepto fue el elemento clave en la charla del director general de Transformación Cognitiva de IBM, Jesús Mantas, titulada 'El poder de lo cognitivo: cómo los superhumanos transformarán las empresas'. Pero para crear superhumanos primero hacen falta máquinas, y la de IBM tiene nombre de persona. Hablamos de Watson, el ejemplo más famoso de tecnología cognitiva. Detrás de su nombre, se esconde un sistema capaz de analizar y comprender datos que se presentan de forma masiva y desorganizada, y tomar decisiones inteligentes a partir de ellos.

En la era de los superhumanos, Watson sería su superpoder. Así que nada más bajarse del escenario del DES2017, Mantas dedicó unos minutos para explicar la idea a MIT Technology Review en español.

Hace un año, en este mismo escenario, habló de la inminente aplicación de las tecnologías cognitivas. ¿Qué avances ha habido desde entonces?

Se están adoptando más rápido de lo esperado. Antes hubiera costado creer, por ejemplo, que Watson pudiera usarse para escribir música, algo que requiere un componente artístico. Esto demuestra que estas máquinas pueden aprender casi todo. Por otro lado, hemos visto un crecimiento muy importante en la implementación de la tecnología en industrias de todo tipo.

¿Qué profesiones se verán más impactadas por los sistemas cognitivos?

En cinco años la mayoría de las profesiones tendrá, de una forma u otra, algún elemento de tecnología cognitiva. Será como el móvil.

¿En qué aplicaciones reales se está trabajando ya con Watson?

Los primeros usos de Watson han sido en la medicina, en concreto en oncología. Lo aplicamos para ayudar a leer todo lo que se conoce sobre una enfermedad. Complementa a los médicos en el diagnóstico y tratamiento. Esto ya está pasando, no es futuro. Por otra parte, trabajamos con las compañías farmacéuticas. Se hacen 460.000 ensayos clínicos en el mundo. Es imposible que un médico pueda tener conocimiento de todos y determinar si un paciente es apto para uno en concreto. Colaboramos con las farmacéuticas tanto en crear nuevas medicinas como en descubrir nuevos usos para medicinas que ya existen.

¿Cómo deben afrontar las empresas la transformación cognitiva?

Pasar al mundo cognitivo es igual de fácil o difícil para una empresa grande o pequeña. Y eso es gracias a la nube. Tú mismo, como persona, puedes ir a IBM, abrirte una cuenta y empezar a usar computación cognitiva ahora mismo, sin pagar nada. La única limitación es empezar y saber qué quieres hacer. Hay que perder el miedo a experimentar.

¿Hay algún fin social que Watson pudiera cumplir?

La responsabilidad ética de cómo usar esta tecnología es fundamental. En enero publicamos una serie de principios que hemos adoptado y recomendamos. El primero es la clara definición del propósito: para qué se va a usar. Para IBM, debe servir para aumentar la capacidad humana, no para reemplazarla. Todo lo que hacemos, la forma en que lo diseñamos y lo construimos es para crear superhumanos. El segundo es la transparencia. ¿Quién ha enseñado a estos sistemas? ¿Quién está detrás? ¿Qué datos se les dan para que aprendan? Es muy importante controlar la conducta del sistema. Por último, hay que comprometerse a desarrollar nuevas skills, nuevos trabajos. Esto no funciona si no funciona para la sociedad. Por eso hay que ayudar en la transición de cada profesión.

Regresemos al campo de la medicina. Watson diagnosticó en Japón un tipo raro de leucemia en una mujer que no había sido identificado por los médicos. ¿Hay otros casos similares?

Recientemente, pusimos a Watson a que acompañase a los mejores oncólogos del mundo. Analizamos 1.000 casos. Watson recomendó exactamente los mismos tratamientos que el equipo médico. Además, encontró 300 pacientes adicionales que los expertos no habían detectado. Gracias a ello, se les pudo ofrecer un tratamiento especial para mejorar sus vidas.

Este sistema cognitivo te da un 30% más de eficacia o de precisión o te genera un 30% más de tratamiento. Nos hace ser superhumanos. Nos ayuda a todos a ser los Messi o Ronaldo de nuestra profesión. Pero lo más importante es que no está restringido a la élite. En la India rural, donde tienen un médico por cada 10.000 personas, Watson ofrece el mismo poder de diagnóstico y tratamiento que en Manhattan (EEUU).

¿Habéis encontrado barreras o recelos entre la comunidad médica?

Estos sistemas deben dejar de ser tecnología, dejar de ser vistos como esa caja que está ahí. En el momento en que el sistema cognitivo empezó a hablar sobre medicina como un médico, y aprendió suficientemente de todo, se generó empatía. Además, los resultados dan mucho poder.

¿Cómo puede combatir Watson un ciberataque como Wannacry?

El mayor problema en seguridad es que tienes 100.000 señales que sugieren un posible ataque. De esas 100.000, 99.998 son falsos positivos. Cómo distinguir entre algo normal y un ataque no es trivial. Lo que hemos hecho es darle a Watson toda la información que teníamos sobre seguridad y sobre qué es un ataque. La ha aprendido y la hemos añadido a un producto de seguridad. Un analista normal tardaría una hora decidir si esa combinación de señales es un ataque. Watson lo hace en un minuto. Imagina el daño que puedes evitar en esos 59 minutos.

Pero Watson también tiene vulnerabilidades. Supongamos que secuestran el sistema y le introducen datos para que reaccione de forma equivocada. ¿En qué estrategias se trabaja para evitarlo?

Hay que diseñar el sistema para que sea improbable. Watson usa la nube de IBM, que está especialmente diseñada para proteger todos los datos. En nuestra red es muy improbable -no se puede decir imposible- que eso se dé gracias al propio diseño de la nube. Además, tenemos una plataforma que controla esa gestión de datos y garantiza la genealogía de esa información. Podemos saber si los datos vienen de una fuente confiable, anónima, de dónde procede, etc. Hay mucho control sobre quién y cómo se entrena al sistema.

Tecnologías cognitivas, inteligencia artificial, internet de las cosas, realidad virtual… ¿Estarán implantadas todas estas tecnologías en 20 años o hay algo de bombo de marketing?

Habrá una versión de todas. Lo que determina el éxito no es la tecnología sino el uso. La experiencia demuestra que no necesariamente la mejor tecnología gana sino la que genera el mayor beneficio o es la más eficaz. Cuando ves que con la tecnología cognitiva se pueden crear superhumanos, no hay vuelta atrás. Dependerá, por tanto, de cómo se aplique para generar valor a las empresas y al consumidor. Esto va a determinar qué cosas se quedan y qué cosas se van. 

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