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Robótica

Kasparov admite que Deep Blue no hizo trampas al ajedrez 20 años después

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El exajedrecista publica un libro en el que reflexiona sobre las inteligencia artificial y admite su justa derrota ante una máquina. Pero su potencial para haber cambiado a la política con éxito demuestra que la humanidad aún tiene muchas cosas inimitables

  • por Jonathan Schaeffer | traducido por Teresa Woods
  • 14 Julio, 2017

Toda historia tiene dos versiones. Y llevamos años esperando a escuchar la del antiguo campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov sobre su famoso enfrentamiento contra el ordenador Deep Blue de IBM en mayo de 1997. La serie de seis partidos se considera un hito de la inteligencia artificial (IA), pero también fue un día triste para el mundo del ajedrez (humano).

Los asuntos importantes rara vez son blancos o negros. Eso es lo que se deduce del nuevo libro Deep Thinking, en el que Kasparov y su histórico compañero de redacción, Mig Greengard, mezclan historias del pasado presente y futuro del enfrentamiento y ofrecen una visión histórica de la inteligencia ajedrecista artificial. El resultado es un libro bien escrito y accesible que invita a reflexionar sobre nuestro futuro junto a máquinas cada vez más inteligentes.

Muchos miembros de la comunidad ajedrecista, que podrían comprar el libro para entender mejor el desenlace del histórico enfrentamiento, se sorprenderán al ver un lado de Kasparov que el público no ha visto antes, el de un hombre que se ha suavizado con el tiempo. En la cima de su carrera, desprendía confianza y fue tildado de arrogante. Su búsqueda de la perfección era implacable y nunca pedía disculpas por sus acciones y declaraciones públicas. Pero en Deep Thinking es obvio que Kasparov ha reflexionado mucho sobre el enfrentamiento. Las acusaciones han sido reemplazadas por reconocimientos. La gran sorpresa es que varias veces se disculpa por sus acciones. El siguiente texto deshace muchas de las afirmaciones que hizo durante el calor de la batalla:

Me han preguntado que si Deep Blue hizo trampas más veces de las que puedo contar, y mi respuesta sincera siempre fue: "No lo sé." Después de veinte años de examen de conciencia, revelaciones y análisis, mi respuesta ahora es "no".

Todavía tiene un arrollador ímpetu competitivo, como demuestra la ira que le despiertan las secuelas del partido. No consiguió la revancha que tanto él como el público esperaban. Sin embargo, en lugar de hacer hincapié en este punto, se lamenta de que "la verdadera víctima de esta traición fue la ciencia".

Puede que el intrigante subtítulo del libro, que reza: "Donde termina la inteligencia de la máquina y comienza la creatividad humana", ayude a las ventas. El libro ofrece un breve aunque buen análisis del potencial de combinar la inteligencia humana y la artificial, tanto si eso significa "subcontratar" tareas cognitivas sencillas a las máquinas, como memorizar números de teléfono, o establecer una asociación de igualdad en la que ambas partes contribuyan a la toma de decisiones, como se observa en el ajedrez de hombre-más-máquina contra hombre-más-máquina.

A lo largo del libro, Kasparov se muestra optimista sobre la inteligencia artificial y su potencial para mejorar las vidas humanas. Resulta refrescante leerlo, dada la reciente oleada de publicidad negativa. La siguiente frase resume bien su actitud:

Si sentimos que estamos siendo superados por nuestra propia tecnología es porque no nos estamos empujando lo suficiente a nosotros mismos , no estamos siendo lo suficientemente ambiciosos en nuestros objetivos y sueños. En lugar de preocuparnos por lo que las máquinas pueden hacer, debemos preocuparnos más por lo que todavía no pueden hacer.

Está bien poder conocer la versión de Kasparov, aunque posiblemente esté algo alterada por el paso del tiempo. Sin embargo, su punto de vista no cambia el juicio que la humanidad hizo y mantendrá sobre el enfrentamiento contra Deep Blue. Hasta la fecha, el desarrollo de programas que han derrotado a los humanos a las damas y al ajedrez no ha hecho más que crear sabios idiotas. Cada hazaña ha nacido de un enorme proyecto de software y/o hardware que requirió muchos años de esfuerzo humano. Claramente, este tipo de progresos no es escalable. Es más, los juegos como el ajedrez sólo son una pequeña parte de todos los problemas que abordamos los seres humanos. En el ajedrez, las reglas están establecidas y no cambian. El tablero es pequeño. El azar ni juega ningún papel y no hay ninguna información oculta. El resultado del juego es una suma cero. En el mundo real, nada de eso es aplicable. Puede que la tecnología del programa jugador de Go de DeepMind de Google, AlphaGo, puede que tenga potencial para una mayor aplicabilidad, pero Deep Blue es incapaz de resolver un problema general. Por lo tanto, sigue siendo un interesante punto de datos histórico con poco impacto a largo plazo para la inteligencia artificial.

Garry Kasparov alcanzó la supremacía en el ajedrez, pero con su jubilación en 2005 intentó pasar a un juego mucho más difícil: la política. Durante su carrera, puso a muchos y supuestos reyes en jaque mate. Ahora pone su corazón y su alma en derrocar a Vladimir Putin. Que haya sido capaz de decidir cambiar radicalmente de profesión, formarse para afrontar su nuevo desafío, planear una línea de acción y ejecutar tal plan en un entorno siempre cambiante y de altas apuestas lleno de riesgo personal dice mucho de las diferencias que perduran entre el hombre y las máquinas. Lo mismo ocurre con la redacción de este libro. Aunque Deep Blue y AlphaGo son logros impresionantes, todavía están muy lejos de lo que es capaz Kasparov como ser humano.

*Jonathan Schaeffer es profesor y decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Alberta (Canadá). También es miembro de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial.

Robótica

 

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