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La red eléctrica lleva años inmersa en procesos para mejorar y optimizar su funcionamiento

Energía

Redes eléctricas inteligentes: un cerebro detrás del interruptor

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Las 'smart grids' y la mejora de los sistemas de generación distribuida resultarán esenciales para la masificación de tecnologías más verdes como el vehículo eléctrico y las energías renovables

  • por José Carlos Sánchez | traducido por
  • 14 Julio, 2017

El coche eléctrico y las energías renovables son dos de las grandes apuestas para lograr economías con menores emisiones de carbono. Sin embargo, ninguna de ellas podrá prosperar ampliamente si las redes eléctricas de las que dependen no experimentan su propia revolución. En pleno siglo XXI, plagado de dispositivos inteligentes, las smart grids (o redes eléctricas inteligentes) aún están dando sus primeros pasos.

Una red inteligente "es aquella que puede integrar de forma eficiente el comportamiento y las acciones de todos los usuarios conectados a ella, de tal forma que se asegure un sistema energético sostenible y eficiente", según Red Eléctrica de España, el operador único del sistema eléctrico de alta tensión en España. Esta descripción se traduce en una red capaz de emparejar con precisión la oferta y la demanda de electricidad en tiempo real, lo que permitiría optimizar la producción energética y, a su vez, reduciría la huella de carbono.

Otra de sus características es la bidireccionalidad. Es decir, la energía dejaría viajar en el canal único desde las grandes empresas productoras hasta los hogares, para convertir a los consumidores en productores que pueden donar sus excedentes privados a la red. De este modo, la red, que desde su origen se ha limitado a enviar energía del punto A al punto B, ahora también la trasladaría del B al A. La llamada "generación distribuida" permite que pequeñas unidades generadoras, como puede ser la instalación solar de un particular, reviertan su excedente a la red eléctrica general.

Esta descentralización es una de las claves para solventar la intermitencia de las energías renovables, uno de los frenos a su expansión. Poner ese "cerebro" a la electricidad es algo que ya ha empezado en cada casa con la instalación de contadores inteligentes. Según un estudio del Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture, la transformación digital del sector eléctrico puede ahorrar hasta 1,2 billones de euros a nivel mundial entre 2016 y 2025. Asimismo, en un artículo publicado por McKinsey, tres de sus consultores aseguran que la digitalización ofrece la posibilidad de mejorar el funcionamiento de la infraestructura eléctrica a lo largo de toda la cadena de valor y suministro. Según el texto, las estimaciones más conservadoras sugieren que una optimización digital puede mejorar la rentabilidad de las redes entre un 20% y un 30%.

Pero esta optimización, indican, no debe limitarse sólo a mejorar la red y la instalación de medidores inteligentes, también debe dotar de herramientas digitales a los trabajadores (en especial para fomentar el mantenimiento preventivo) y automatizar ciertos procesos administrativos del mercado eléctrico.

Nuevos actores

Un "futuro de prosumidores (productores/consumidores)", así es cómo el director del Instituto para Energías Sostenibles de la Universidad de Boston (EEUU), Peter Fox-Penner ha bautizado el concepto de las redes inteligentes en un artículo en Harvard Business Review en español. En el texto, el experto afirma que "la explosión de dispositivos digitales inteligentes conectados a internet ha creado una nueva forma de eficiencia energética con el control inmediato sobre los equipos". Según Fox-Penner, "antes, la mejora se limitaba a cambiar el dispositivo A por el B, más eficiente que el primero. B, sin embargo, funcionaba exactamente igual que A […]. Ahora, el dispositivo B se puede controlar de forma remota con software que estudia el horario de precios de la electricidad y decide si es más barato activarlo en el momento o esperar a otra hora".

El impacto de estos avances ya se puede comprobar a pequeña escala. Apple ya ha pedido licencias para comercializar parte de su excedente energético en Estados Unidos. En Australia, ya está en marcha la conversión de dos barrios residenciales en plantas energéticas virtuales, de modo que la producción fotovoltaica de los residentes alimente la red nacional del país. En Alemania, la empresa Sonnenbaterie lanzó en enero del año pasado una plataforma para la compra-venta de energía renovable entre particulares, "el Airbnb energético", según su CEO.

En España, el proyecto STAR ya ha implementado en Castellón lo que define como una red eléctrica inteligente. Sin embargo, el calificativo tiene más que ver con la sustitución total de los contadores (un cambio obligatorio en España desde 2007 y que deberá estar completo para finales de 2018), que con el desarrollo real de una red descentralizada. Para lograr una red de este tipo también será necesaria una mejora en el desarrollo de las baterías así como una mayor cobertura legal a aspectos como el autoconsumo y el balance neto, el método por el que un consumidor ve compensada su factura energética por la cantidad que ha aportado a la red.

No obstante, y aunque todavía falte tiempo para conseguir, por ejemplo, una gran red eléctrica paneuropea unificada, estas plantas virtuales ya actúan como nodo de conexión entre los generadores individuales y optimizan el funcionamiento de toda la red, para que se produzca lo que se necesite, para que nada se desperdicie.

Periódicos y revistas dibujan un futuro repleto de vehículos eléctricos que circulan por ciudades inteligentes. Pero detrás de todo esto, está otra inteligencia a la vuelta del interruptor: la de las redes eléctricas

*Este artículo originalmente en el blog de Innovación de Sacyr el 05/05/2017

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