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Negocios

Los cursos para convertirse en piloto de drones aumentan mientras las ofertas de trabajo escasean

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Controlar infraestructuras, vigilar el medioambiente, hacer labores de rescate... el potencial de las aeronaves no tripuladas acapara titulares. Pero aunque cada vez más centros ofrecen formación, las empresas no parecen interesadas en contratar a estos nuevos profesionales

  • por Elizabeth Woyke | traducido por Patricia R. Guevara
  • 10 Octubre, 2017

El piloto de globos aerostáticos Richard Varney suele pasar sus fines de semana transportando turistas por el centro de Massachusetts (EEUU) en un enorme globo multicolor. Pero un domingo reciente, en lugar de eso, Varney se dirigió a universidad pública local y aprendió a hacer volar un vehículo aéreo distinto: un dron. Mientras observaba cómo un instructor manejaba un aparato de unos 1.700 euros equipado con una cámara, Varney exclamó: "Quiero probar algo nuevo. Esto podría ayudarme a lanzar un negocio secundario de fotografías aéreas de ciudades locales".

Varney no es el único que apuesta por el pilotaje de drones como nueva vocación. Al menos 15 universidades públicas de todo el país tienen cursos para pilotar drones, según una investigación realizada por MIT Technology Review. La tendencia creció durante el año pasado, después de que la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) emitiera una norma que obliga a las personas que quieran utilizar drones con fines comerciales a hacer una prueba y obtener una certificación como "pilotos en remoto".

También algunas universidades y empresas privadas están capacitando a la gente para ser pilotos de drones, pero los programas de las universidades públicas son particularmente interesantes porque atraen a diversos tipos de estudiantes, como adultos que buscan cambiar de trayectoria profesional. De hecho, muchos de estos centros imparten clases de drones a través de sus departamentos de "desarrollo de población activa" y "soluciones para la población activa", diseñados para impartir habilidades prácticas que las personas puedan aplicar inmediatamente en sus puestos de trabajo o utilizar para conseguir nuevos empleos, en lugar de otorgar créditos para obtener un título universitario.

Es difícil afirmar que estos cursos no crediticios son efectivos. Su duración va desde un fin de semana a un semestre entero, y sus precios oscilan entre los 100 euros y los 1.000 euros, aproximadamente. Están abiertos a edades que se extienden desde graduados escolares a jubilados, y suelen carecer de un proceso formal para emparejar a los inscritos con trabajos. Ninguna de las escuelas registra el número de estudiantes que después del curso trabaja con drones, ni tampoco la FAA o la Asociación para Sistemas de Vehículos No Tripulados Internacional (AUVSI, por sus siglas en inglés), un grupo de comercio que representa la industria de aviones no tripulados. Pero hay datos anecdóticos de los colegios comunitarios que ayudan a explicar por qué las personas se están matriculando en estos programas, qué aprenden y cómo planean usar sus nuevas habilidades.

Los estudiantes practican volar aviones pequeños en el Mountain Empire Community College en Virginia.Foto: Estudiantes practican haciendo volar aviones pequeños en la escuela Mountain Empire Community College en Virginia (EEUU).

Por ejemplo, un curso de septiembre en Quinsigamond Community College en Massachusetts (EEUU), atrajo a nueve estudiantes: Varney, el piloto de globo aerostático; algunas otras personas interesadas en el uso de drones para fotografía y videografía; dos agentes de policía; y un bombero. La clase de fin de semana consistió en un día de preparación en interior para el examen FAA, que es una prueba de dos horas y contiene 60 preguntas; y un día de entrenamiento de vuelo, que implicaba maniobrar alrededor de la zona de estacionamiento de la escuela​ con un dron de unos 34 kilos de la compañía china DJI (puesto número 25 en nuestra selección de las 50 empresas más inteligentes de 2017). Casi todos los participantes planeaban hacer la prueba de FAA en el futuro: los trabajadores de los servicios de emergencia querían poder pilotar aviones no tripulados para buscar, rescatar y documentar graves accidentes de tránsito; y los demás para tomar fotos y vídeos de propiedades inmobiliarias e inspeccionar infraestructuras, como puentes, según el instructor de la clase Michael Bush.

El Tulsa Community College, el Dabney S. Lancaster Community College y el Sauk Valley Community College también indican que los asistentes de sus clases de pilotaje de drones son una mezcla de personas que quieren adquirir habilidades para sus trabajos actuales, tener un segundo trabajo a tiempo parcial, cambiar de trabajo o emprender nuevos negocios.

Todos estos colegios comunitarios comenzaron a ofrecer las clases este año. Los administradores y los instructores que hablaron con MIT Technology Review establecieron sus programas más para dar respuesta a la demanda de la comunidad que para crear una moda pasajera. La decana del Centro de Desarrollo de la Fuerza Laboral y Educación Continua de Quinsigamond Community College, Kathleen Manning, afirma: "Creemos que [los drones] van a tener amplias consecuencias en una gran variedad de industrias, y es mejor preparar a la gente que decir que no es necesario preocuparse".

La FAA estima que el número de pilotos de drones de EEUU crecerá de 107.800 en 2017 a 422.000 en 2021. Sin embargo, la agencia no especifica cuántos de estos pilotos serán aficionados y cuántos se dedicarán a ellos profesionalmente. Un portavoz dijo que la FAA hasta la fecha, ya ha emitido más de 63.000 certificados para pilotos de drones en remoto.

AUVSI, el grupo comercial de Estados Unidos, predice que la industria de drones creará 50.529 empleos directos entre 2015 y 2025. El profesor de economía y finanzas en la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle (EEUU) Bijan Vasigh, que ayudó a calcular las cifras de AUVSI, reconoce que muchos de los trabajos relacionados con aviones no tripulados requerirán grados técnicos especializados. Pero también considera que las universidades públicas son lugares ideales donde enseñar habilidades elementales relacionadas con el vuelo, la fijación y la monitorización de pequeños drones. "Aprender a manejar un dron o su logística más simple puede hacerse con un programa de certificación", indica.

En ausencia de grandes datos, las universidades públicas que llevan años ofreciendo la capacitación para aviones no tripulados pueden proporcionar la medida más clara de estos programas. Desde 2015, Fred Coeburn ha enseñado a más de 100 estudiantes cómo operar pequeños drones en el Mountain Empire Community College de Virginia (EEUU). El objetivo de sus clases es capacitar tanto a jóvenes como a trabajadores mayores venidos a menos por el declive de las industrias locales de carbón, textiles y tabaco para que puedan ser operadores o técnicos de drones. Coeburn dice que la misión era crear un fondo laboral preparado, dispuesto y asequible que atrajera empresas relacionadas con los drones de la zona, pero de momento la región tiene más demandantes de empleo que empleos.

Coeburn concluye: "Hemos recibido muchas promesas [de empresas] ... pero, hasta ahora, ninguna de ellas ha llegado a buen término. Estamos en la fase Trampa-22 [en referencia a la novela homónima que recrea una paradoja antibelicista]... La nueva industria no vendrá aquí a menos que haya una mano de obra entrenada o rápidamente entrenable, pero también es difícil justificar la formación de los estudiantes para trabajos que  [sólo] se esperan en el futuro".

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