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Un incendio consume un granero en Glen Ellen, California (EEUU), el 9 de octubre.

Energía

La culpa invisible del cambio climático en los incendios de Galicia y California

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Ambas regiones sufren, desde hace tiempo, falta de lluvias y aumentos de temperatura, factores que contribuyen a avivar las llamas, junto a los vientos cálidos que están recorriendo ambas zonas. Para los expertos, la virulencia de las llamas es, en parte, consecuencia del cambio climático

  • por James Temple | traducido por Patricia R. Guevara
  • 17 Octubre, 2017

Ayer por la mañana, Galicia (España) amanecía cercada por las llamas de 105 incendios activos en toda la región. Hasta la redacción de este artículo, el fuego ya se ha llevado la vida de cuatro personas, y la catástrofe se extiende también por Asturias (España) y Portugal, donde otras 31 personas han fallecido. Al otro lado del charco, casi dos docenas de incendios forestales han arrasado cerca de 90.000 hectáreas en toda California (EEUU), destruyendo miles de estructuras y con una cifra de muertos que ya asciende a 40 (ver Salvar vidas sin arriesgar otras, el objetivo de los helicópteros autónomos). La causa de los incendios a ambos lados del Atlántico todavía se están investigando. Pero independientemente de lo que produzca las chispas iniciales, hay muchas posibilidades de que el cambio climático inducido por el ser humano esté facilitando la propagación de las llamas.

El mecanismo más evidente por el que el calentamiento global aumenta el riesgo de incendios forestales es la subida de las temperaturas (cada vez más literatura científica apoya esta idea). El aire más caliente extrae la humedad de las plantas, los árboles y el suelo, lo que aumenta la aridez. Esto proporciona combustible seco y unas condiciones ideales que alimentan los incendios forestales. Otros factores climáticos también pueden contribuir, como la disminución de las precipitaciones y la reducción o el derretimiento más temprano de la capa de nieve de las montañas. Los factores humanos también aumentar los daños, por ejemplo, a causa de un mayor desarrollo urbano en los límites de áreas silvestres y otras acciones que incrementan el combustible vegetal disponible, lo que a su vez aumenta la virulencia de las llamas cuando aparecen.

El profesor de ciencias del sistema terrestre de la Universidad de Stanford (EEUU) Noah Diffenbaugh está especializado en estudiar los vínculos entre eventos únicos extremos y el cambio climático. Cabe destacar que en varios documentos anteriores llegó a la conclusión de que el calentamiento global influido por el ser humano contribuyó "muy probablemente" a la reciente sequía de cinco años en California. Aunque Diffenbaugh todavía no ha estudiado en detalle el suceso, señala que la falta de precipitaciones en California mató a "millones de árboles" (de hecho, más de 100 millones), acumulando grandes cantidades de combustible. Además, mientras que el invierno de 2016 a 2017 en la región fue extremadamente lluvioso, le siguió un verano seco y abrasador que alcanzó récords de temperatura en todo el estado. En España, la Agencia Española de Meteorología advirtió en junio de que Galicia iba a enfrentarse a un verano más cálido de lo normal y sus precipitaciones en lo que va de año han estado un 40% por debajo de la media.

En este contexto, Diffenbaugh afirma: "Aunque no hayamos analizado este evento específico [el de California], sabemos que, dadas las condiciones del incendio, las vías por las cuales la temperatura ha influido en los riesgos de incendios forestales tienen una relevancia histórica". Sobre la situación en la Península Ibérica, en un comunicado, WWF "recuerda que la ola de incendios de estos días es inaudita en un mes de octubre, fruto de las condiciones del cambio climático". 

Los vientos que avivan las llamas del norte de California son tan comunes que hasta tienen nombre propio: los "vientos de Diablo". Atraviesan el interior hasta la costa, calentándose, acelerándose y secándose a medida que descienden de las alturas más elevadas. Frente a este fenómeno común, Galicia está siendo azotada por el ciclón Ophelia, el primero jamás registrado tan al este en el Atlántico, cuyos vientos de carácter cálido contribuyen a avivar las llamas. Está demostrado que el cambio de las condiciones climáticas atmosféricas puede afectar los patrones de viento, pero los datos sobre si el cambio climático está acentuando este tipo de fenómenos naturales son contradictorios.

Lo que sí sabemos es que el cambio climático es un factor que contribuye a cualquier incendio y que alimentará muchos más eventos extremos, tal y como los científicos del clima llevan años advirtiendo. Esto, a su vez, aumentará los costes, los datos y las muertes. De hecho, el cambio climático antropogénico ha duplicado el área quemada por los incendios forestales durante las últimas tres décadas en todo el oeste americano, quemando más de 40.000 kilómetros cuadrados, según un estudio publicado la semana pasada en Proceedings of the National Academy of Sciences .

Y todo esto sólo va a empeorar a medida que las temperaturas continúen subiendo.

"No importa cuánto lo intentemos, los incendios van a seguir creciendo, y la razón está muy clara", dijo en un comunicado el coautor del artículo y bioclimatólogo de la Universidad de Columbia (EEUU) Park Williams. El experto concluye: "Deberíamos prepararnos para incendios mayores que los que han conocido las generaciones anteriores".

*La editora jefa de 'MIT Technology Review en español', Marta del Amo, ha contribuido a este artículo.

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