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Móvil

El hombre que intenta protegernos de la manipulación y la falta de ética de las redes sociales

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Tristan Harris está convencido de que Facebook, Google, Twitter y el resto de plataformas sociales están diseñadas para persuadir al usuario hacia sus propios objetivos en lugar de intentar que el mundo sea un lugar mejor y las personas se acerquen a sus objetivos vitales

  • por Rachel Metz | traducido por Patricia R. Guevara
  • 23 Octubre, 2017

Si usted, como casi todo el mundo, posee un teléfono inteligente, es posible que tenga la sensación de que las aplicaciones de la era del ordenador de bolsillo están diseñadas para acaparar su atención durante el mayor tiempo posible. Pero puede que no sea consciente de que lo hacen cada vez que teclea, que desliza la pantalla o que recibe una notificación.

Tristan Harris cree que eso es justo lo que está sucediendo con los miles de millones de personas que usamos redes sociales como Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter, y se ha propuesto ofrecernos posibles soluciones o, al menos, hacernos ver que esta manipulación ya está en marcha.

Harris, que anteriormente fue gerente de productos reconvertido en especialista de diseño de Google, dirige una organización sin ánimo de lucro llamada Time Well Spent (Tiempo Bien Invertido). El organismo se centra en la naturaleza adictiva de la tecnología y en cómo las aplicaciones pueden diseñarse mejor, persigue la promoción pública y respalda estándares de diseño que tienen en cuenta lo que es bueno para la vida de las personas, en lugar de limitarse a maximizar el tiempo que pasamos en la pantalla. Aunque últimamente se está alejando de Time Well Spent hacia una nueva iniciativa (todavía sin nombre), para tratar de que la industria tecnológica asuma la responsabilidad de la forma en la que nos convence de pasar el mayor tiempo posible conectados, con tácticas que van desde snapstreaks de Snapchat a vídeos de reproducción automática en sitios como YouTube y Facebook.

Harris alerta: "Lo que nos estamos haciendo es invisible. Pero es como una crisis de salud pública. Como los cigarrillos, excepto porque se nos brindan tantos beneficios que la gente no puede ver y admitir la erosión del pensamiento humano que está ocurriendo al mismo tiempo".

Defiende que, dado que los modelos de negocio de las empresas de tecnología dependen en gran medida de los ingresos por publicidad, su mayor interés no es instarnos a cerrar las redes sociales y salir con amigos. No está diciendo que Facebook (o cualquiera de sus semejantes) sea malo, ni que debamos dejar de usar nuestros teléfonos inteligentes. Pero después de pasar años dentro de la industria tecnológica (se unió a Google en 2011 cuando compró la start-up que él cofundó, una compañía de búsqueda en páginas web llamada Apture), sostiene que son las máquinas de persuasión social más poderosas jamás construidas, y está preocupado acerca de cómo las estamos utilizando. O, para ser más exactos, de cómo nos están utilizando.

Es una preocupación cada vez más real. Pese a todas las grandes cosas que la tecnología móvil permite, un creciente campo de investigación sugiere que el uso de redes sociales como Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter puede tener consecuencias negativas, como aumentar las posibilidades de depresión o aislamiento social. De hecho, simplemente el hecho de tener su teléfono alrededor podría reducir su capacidad cognitiva.

Para difundir su mensaje, Harris está trabajando con colegas, incluido el inversor de capital riesgo y primer inversor de Facebook y Google, Roger McNamee, que recientemente afirmó que se arrepentía de haber hecho estas inversiones.

También se está convirtiendo en experto en hablar en público: la charla TED que dio en abril tiene aproximadamente 1,5 millones de reproducciones. Cuando le vi por primera vez frente a una sala de conferencias repleta en la Universidad de Stanford (EEUU) en una noche de otoño, Harris parecía estar en su salsa. Estaba dando una clase sobre inteligencia artificial y sociedad con una presentación titulada Construyendo una inteligencia artificial para la atención humana. No era el escenario más glamuroso. Mientras que Stanford es un bastión frondoso, expansivo y costoso del conocimiento de Silicon Valley (EEUU), ésta sala de conferencias en particular no tenía ventanas y los pupitres eran viejos e incómodos.

Una vista de Silicon Valley, como se ve desde arriba.Foto: Una vista de Silicon Valley desde arriba.

Pero si la historia es un indicador, éste es uno de los mejores lugares para llegar a la gente con la que Harris espera conectar: estudiantes brillantes que bien podrían ser los líderes tecnológicos del mañana (eso era algo que debía saber, ya que él mismo había sido alumno de Stanford y cuenta entre sus amigos a algunos famosos graduados en tecnología de la institución, como los fundadores de Instagram Kevin Systrom y Mike Krieger).

Incluso en ese escenario, Harris era carismático y su mensaje, inquietante pero mesurado. Durante más de una hora, mantuvo la atención de los estudiantes mientras hablaba sobre la carrera de la industria tecnológica para atraer la atención y sus técnicas para enganchar a los consumidores, recitando estadísticas como que ahora hay más personas en Facebook que musulmanes en el mundo.

"La pregunta es: una vez que comienzas a monopolizar el pensamiento de las personas, ¿de verdad eso es bueno para la sociedad? ¿A qué puede ser vulnerable? ¿Qué podría salir mal?", preguntó.

Me surgieron algunas preguntas después de oírle hablar. Al principio, me pareció que la retórica de Harris era interesante pero innecesariamente alarmista. Por supuesto, llevo años usando Facebook, Twitter, Instagram y Google. Dependo de ellos por lo mucho que colecciono y disemino información cada día (buscando consejos e historias, manteniéndome en contacto con amigos y familiares, publicando bonitas fotos y vídeos de mi bebé, leyendo noticias, etcétera). Me preguntaba, ¿realmente es tan malo? ¿Realmente estoy siendo controlada o influenciada de alguna manera?

Pero después de la charla de Harris en Stanford, comencé a pensar mucho más sobre cómo me obsesionan los anuncios que se reproducen automáticamente de sujetadores y zapatos que quiero comprar. Y sobre cómo me siento cuando recibo una notificación en mi smartphone de que alguien me ha dado un me gusta o ha retuiteado una de mis publicaciones en Facebook, Instagram o Twitter. Definitivamente, hay una pequeña descarga en mi estómago y un ¡plim! en mi cerebro, y la verdad es que me gusta. Lo anhelo. Incluso, después de poner una foto de mi bebé particularmente adorable o una actualización de estado inteligentemente redactada, obtener una de estas notificaciones inevitablemente me induce a abrir la app para ver lo que está sucediendo. ¿Voy a seguir dando me gusta a las fotos en Facebook, retuiteando chismes divertidos en Twitter y alimentando la inteligencia artificial que dirige estas redes hasta que me desplome y muera?

Al día siguiente, me reuní con Harris y hablé con él acerca de todo esto durante un almuerzo. No tenía ninguna solución fácil para mitigar mis miedos, pero sí me ofreció su visión sobre cómo podrían ser los sitios como Facebook si no estuvieran diseñados para captar la atención del usuario, sino para servir a la sociedad  (que, si lo piensas bien, suena en concordancia con la visión original del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg).

El Facebook que tenemos ahora ha ayudado a muchas personas a conectarse y comunicarse de manera positiva, pero también ha provocado otras cosas, como la intervención rusa en las últimas elecciones presidenciales de EEUU. "El problema es que éstas son las consecuencias no deseadas de unas estrategias bien intencionadas", dice McNamee, quien se describe a sí mismo como el "copiloto" de Harris.

Harris se pregunta qué pasaría si el contenido que se ve en Facebook incluyera formas de hacer que el mundo, o al menos su comunidad, fuera mejor o mejorara su vida. Según su visión de una red social con una especie de persuasión ética incorporada, Facebook podría hacer cosas como sugerir varias formas específicas en las que puede ayudar con el cambio climático, como bajar la temperatura base de su calentador unos pocos grados o instalar paneles solares en su techo. Tal vez te alentaría a reunirte con gente de Facebook en persona para hablar sobre política en directo.

"Todo esto es muy difícil de imaginar porque lo que aparece en el muro de las redes sociales es, básicamente, lo que el usuario consume, otros artículos que puede leer o vídeos que puede ver, en lugar de cosas que podría hacer para acercarse a la vida que quiere vivir", dice.

Y aunque podría decirse que la gente ya hace lo que quiere en Facebook, Twitter, Instagram y otras redes sociales, y representa sus preferencias mediante clics y sus elecciones con las personas y las fuentes de noticias que sigue, Harris no cree que poseamos el control de las redes sociales tal y como son ahora.

Su argumento continua: "Todo lo que [Facebook] sabe sobre mí puede usarse para persuadirme hacia un futuro objetivo. Eso es muy poderoso: sabe exactamente qué me convencería, porque ya lo ha hecho en el pasado ".

En particular, las herramientas de persuasión pueden ser aún más poderosas para los anunciantes: según algunos informes, Facebook está dejando que algunas marcas intenten filtrar en publicaciones y comentarios públicos (sin sus nombres de usuario) para ayudarlas a orientarse en sus usuarios.

Me puse en contacto con Facebook para saber si estaba trabajando en algún proyecto relacionado con la persuasión ética; no respondió.

No obstante, Harris no está esperando a ver lo que hace Facebook. Junto a McNamee, trabaja en la defensa política para hacer que la sociedad sea más consciente del control que tienen las grandes empresas tecnológicas sobre los usuarios. McNamee explica que su misión consiste en "estimular la conversación" sobre el papel apropiado de los monopolios de la plataforma de internet en la sociedad, y que han estado hablando con personas, pero no dirá nombres. Harris también espera que los empleados de las empresas de tecnología se interesen más por su trabajo. Eso ya ha ocurrido en algunos casos, especialmente una vez que las personas dejan sus puestos.

"Las empresas no van a cambiar solas", concluye.

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