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La poca seguridad de la realidad aumentada podría intoxicar nuestra visión del mundo

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Las posibilidades de esta tecnología se mezclan con el peligro de que el software malicioso nos engañe para ver cosas que realmente no están ahí y que incluso podrían amenazar la vida de las personas. Debemos empezar a trabajar en los retos de seguridad antes de que sea tarde 

  • por Franziska Roesner | traducido por Patricia R. Guevara
  • 23 Octubre, 2017

Las tecnologías de realidad aumentada (RA) superponen la retroalimentación digital, visual o háptica generada digitalmente sobre la percepción del mundo físico que vive el usuario (ver Ya puede tirar la pantalla de su PC y los pósits con este escritorio de realidad aumentada). La RA es un sueño tecnológico presente desde la década de 1960, pero en 2016 su viabilidad comercial se disparó con el éxito del juego de RA para smartphone Pokemon Go (ver La realidad aumentada le gana la partida a la virtual con el éxito de Pokémon Go). Ahora, la tecnología está apareciendo en dispositivos más sofisticados y específicos como HoloLens de Microsoft y el casco Meta 2 de Meta, así como en parabrisas de automóviles. Estos avances están ocurriendo rápidamente, y la RA promete nuevas y emocionantes experiencias para los usuarios en ámbitos que van desde el entrenamiento y la educación hasta los juegos y la vida cotidiana.

Sin embargo, aunque la tecnología y las aplicaciones de realidad aumentada están avanzando rápidamente, no se ha trabajado mucho en temas de seguridad y privacidad de los usuarios. Desde 2011 (antes de que se anunciara Google Glass, cuando esas tecnologías todavía estaban en su mayor parte en el ámbito de la ciencia ficción), mis colaboradores y yo hemos estado trabajando para comprender y abordar esta brecha.

Por ejemplo, imagínese que viaja por el mundo con un casco de realidad aumentada que le brinda una capacidad útil: reconoce a los compañeros y le recuerda su próxima reunión con ellos; le muestra indicaciones para caminar y conducir que funden con la carretera, traduce texto y voz automáticamente cuando viaja y le permite jugar a Pokemon con sus hijos. Ahora, imagínese que instala accidentalmente una aplicación maliciosa que bloquea su visión de los coches cuando va a cruzar la calle, lo asusta con arañas, hace que sus conocidos parezcan extraños, o lo llena todo con anuncios que le distraen. Al mismo tiempo, puede parecer un tanto espeluznante que el dispositivo y sus aplicaciones tengan acceso a vídeo y audio constantes de su entorno, sin olvidar que está siendo grabado por dispositivos de otras personas. El cortometraje de Keiichi Matsuda Hiperrealidad muestra una visión de un futuro distópico.

Vídeo: 'Hyper-Reality', un cortometraje de Keiichi Matsuda sobre la realidad aumentada.
La pregunta que se hace mi trabajo es: ¿cómo deberían diseñarse los sistemas de RA para habilitar las primeras características pero evitar las segundas?

En mi opinión, lo que diferencia a la realidad aumentada de otras tecnologías es su naturaleza inmersiva: permite que la tecnología interceda en la percepción y la interacción de una persona con el mundo físico. Desde la perspectiva de cómo podríamos usar la RA para cosas positivas, esta capacidad ofrece oportunidades emocionantes; pero también hace que las cuestiones de seguridad y protección sean mucho más urgentes debido a sus grandes riesgos, comparados con cualquier problema que puedan suscitar las tecnologías más tradicionales como teléfonos y ordenadores portátiles, que no afectan directamente a nuestra visión de la realidad.

Es crítico que anticipemos y abordemos estas preguntas ahora, antes de que la realidad virtual se masifique y sus diseños sean definitivos e inamovibles.

Franziska Roesner es profesora asistente en la Escuela Paul G. Allen de Ciencias de la Computación e Ingeniería de la Universidad de Washington (EEUU), donde codirige el Security & Privacy Research Lab. Ha sido elegida entre los Innovadores menores de 35 años globales de 2017 por 'MIT Technology Review'.

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