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La peor estrategia para la geoingeniería sería cancelarla de golpe

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Manipular el planeta parece una opción cada vez más real para luchar contra el cambio climático. Pero, ¿qué pasaría cuando ya haya cumplido su misión? Una investigación advierte de que paralizar repentinamente estas medidas podría suponer una catástrofe ambiental mundial

  • por James Temple | traducido por Naia Hernando
  • 24 Enero, 2018

Si logramos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero lo suficientemente rápido como para evitar un cambio climático catastrófico, la geoingeniería puede ofrecer una solución alternativa (ver Manipular el clima: una medida desesperada para salvarnos del cambio climático). Muchos investigadores de prestigio están explorando cada vez más estrategias de geoingeniería, como rociar partículas diminutas en el aire para reflejar más luz solar hacia el espacio. Aunque esto no reduciría las emisiones, podría compensar el aumento de las temperaturas globales.

Pero un estudio publicado el lunes en Nature Ecology & Evolution sugiere que es una mala idea. La investigación advierte de que si el mundo se lanza a la geoingeniería, detenerla podría ser demasiado peligroso. El problema es que enfriar deliberadamente el planeta enmascararía cualquier calentamiento adicional producido por los gases de efecto invernadero. Esto significa que si el mundo decidiera frenar la iniciativa, por ejemplo, 50 años después de su inicio, el efecto invernadero acumulado durante ese tiempo calentaría el planeta bruscamente.

En muchas regiones, las temperaturas aumentarían entre dos y cuatro veces más rápido que los promedios históricos, estima el estudio. El cambio ocurriría demasiado rápido para que muchas plantas y animales pudieran migrar a nuevas áreas, lo que fragmentaría los ecosistemas y llevaría a algunas especies a la extinción. También se podrían reducir las lluvias en el Amazonas, el norte de Europa y Asia y aumentar el número y la gravedad de los incendios forestales tropicales.

Algunos científicos sostienen que este riesgo, que ya se había señalado anteriormente, es una "espada de Damocles" que debería disuadirnos de considerar la idea (ver Un plan barato y fácil para detener el calentamiento global).

Pero hay varios factores que podrían reducir el peligro de una "paralización repentina". Primero, la amenaza surge solo si la geoingeniería se lleva a cabo a gran escala y durante mucho tiempo. En segundo lugar, la mayoría de los defensores de la geoingeniería la proponen como herramienta complementaria y no sustitutiva de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La ven como una medida provisional que daría al mundo un poco más de margen para pasar a un sistema de energía más limpio. En 50 años a partir de ahora, es probable que estemos mucho más cerca de conseguirlo y también tendremos mejores formas de eliminar el dióxido de carbono del cielo. Finalmente, si el mundo se embarca en la geoingeniería a gran escala, es poco probable que se paralice repentinamente.

En un artículo de opinión que acompaña el estudio, el investigador de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) Phil Williamson argumenta que esto podría suceder: "La toma de decisiones políticas es intrínsecamente inconsistente con el tiempo y con frecuencia se ve afectada por los cambios de gobierno", escribe. Pero existe un amplio consenso sobre la idea de que cualquier decisión que puedan afectar a todo el mundo debería hacerse a través de un proceso abierto y transparente dirigido por un organismo internacional como las Naciones Unidas. Eso al menos proporcionaría un amortiguador contra las decisiones imprudentes basadas en sentimientos cambiantes o nuevos líderes en cualquier nación.

Es posible que alguien decidiera actual por su cuenta: una nación isleña del Pacífico desesperada por evitar hundirse bajo las olas, por ejemplo, o un país ecuatorial que lucha a través de una devastadora sequía. Pero, de nuevo, esto sólo supondría un gran riesgo de "paralización repentina" si el resto del mundo permitiera que la geoingeniería continuara durante décadas.

El científico del Instituto Carnegie (EE. UU.) Ken Caldeira, quien lleva tiempo estudiando los efectos potenciales de la geoingeniería, dice que el mero hecho de que las consecuencias de paralizarla sean tan graves sería razón suficiente como para no detenerla (ver El futuro más negro del cambio climático es también el más probable). En un correo electrónico, Calderia explica: "Normalmente, si algo catastrófico sucediera si dejáramos de hacer algo, eso sería una razón para seguir haciéndolo. Es evidente que el mundo a veces toma malas decisiones, pero por lo general necesita una buena razón a corto plazo para hacerlo, como la amenaza de una guerra.

El profesor de la Universidad de Harvard  (EE. UU.) David Keith, que ha estudiado de cerca la geoingeniería solar, lleva años defendiendo que si alguna vez decidimos utilizar estas herramientas, deberíamos comenzar lentamente y aumentar gradualmente con el tiempo (ver "La geoingeniería llegará después de algún gran suceso, como una gran ola de calor mortal"). Eso permitiría a los científicos monitorizar de cerca los cambios, incluidos los inesperados, y ajustarlos en consecuencia. La geoingeniería podría tener efectos ambientales secundarios e impactos desiguales en diferentes regiones, pero esos riesgos probablemente se aclararían desde el principio. La geoineniería también podría reducirse lentamente para darnos tiempo para gestionar su impacto en los ecosistemas.

Caldeira añade que la mayoría de las simulaciones climáticas sugieren el cambio climático descontrolado es un mayor riesgo para la biodiversidad que la geoingeniería. El experto concluye: "La [geoingeniería solar] en los modelos compensa la mayor parte del cambio climático en la mayoría de los lugares la mayor parte del tiempo".

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