.

Arne Pauwels, 28

Su almacén solar y portátil permite conservar productos agrícolas durante más tiempo en zonas de bajos recursos

  • Por Elena Zafra

En lengua suajili wakati significa tiempo. Un tiempo precioso que corre en contra de los agricultores africanos que, en época de cosecha, deben desplazarse varios kilómetros hasta el mercado más cercano para vender sus frutas y verduras. Normalmente, solo pueden acarrear una pequeña parte de los cientos de kilos de tomates o pimientos que han recolectado; un grave problema en estas zonas donde un refrigerador es un bien de lujo. El resto de la cosecha corre el riesgo de echarse a perder antes de que puedan ponerla a la venta.

Para que los productos agrícolas lleguen al mercado en buen estado y los agricultores puedan conservar y comercializar más cantidad de ellos, el joven innovador belga Arne Pauwels ha diseñado un sistema de conservación de frutas y verduras adaptado a las condiciones del terreno. Máster en Desarrollo de Producto por la Universidad de Amberes (Bélgica), este joven ha creado una pequeña tienda de campaña fácil de transportar e instalar para almacenar y preservar frutas y verduras.

La tienda se llama Wakati y lleva instalado un panel solar que genera tres vatios de potencia, la suficiente para alimentar un ventilador ubicado en su interior. El aire golpea el agua de un pequeño recipiente y evapora parte de ella (necesita alrededor de un litro a la semana). El resultado es un microclima humidificado dentro de la tienda, cuyas paredes evitan que la humedad se disperse. En él pueden conservarse unos 180 kilos de productos agrícolas (nueve canastas de unos 20 kilos cada una), lo que permite al agricultor comercializar sus productos a lo largo de varias semanas, sin temor a que en ese periodo se le estropeen. Además, gracias a un proceso aún confidencial, este microclima tiene también efecto esterilizarte sobre los alimentos.

La clave no está tanto en enfriar las frutas y verduras –lo cual requeriría mucha energía- sino en que no pierdan su humedad. Las células que forman los tejidos de las hortalizas contienen agua y la pierden a medida que pasan tiempo recolectadas. La salida del agua del interior de la célula provoca que ésta se rompa y se liberen enzimas y ácidos que aceleran el proceso de degradación. Sin embargo, en el microclima húmedo que se genera en el interior de Wakati, el agua se mantiene en las células. “En una atmósfera saturada de humedad las células no pueden agregar más agua al medio; se previene que el agua se evapore y se mantiene la estructura celular”, explica Pauwels.

Como punto de partida para desarrollar Wakati, Pauwels estudió los llamados ’refrigeradores del desierto’, que pueden ser desde cabañas almacén con paredes de carbón a cámaras con un muro doble de ladrillo por el que circula un flujo de agua que se evapora con el viento. El objetivo es mantener la temperatura baja y evitar la evaporación del agua que contienen los alimentos. Sin embargo, estos sistemas tienen desventajas: necesitan grandes cantidades de agua, deben instalarse en lugares ventosos y no protegen totalmente los alimentos ante las infecciones, ya que el moho prolifera en los ladrillos y el carbón.

El sistema de Pauwels toma lo mejor de ellos y supera sus inconvenientes a un precio asequible para los usuarios. Las primeras 100 unidades de Wakati, valoradas en unos 100 dólares (90 euros), han sido fabricadas mediante impresión 3D por la empresa Materialise y están siendo distribuidas en Uganda, Haití y Afganistán por la ONG holandesa Cordaid. Ya han recaudado fondos para fabricar otras 3.500 entre agosto y octubre y prevén reducir el precio a medida que escalen la producción. Su mercado inicial será el Este africano, una zona “relativamente segura, con un gran mercado hortícola, buenas carreteras” y donde ya disponen de contactos con la red de distribuidores locales.

Para Claude Jamar, director ejecutivo del Centro Espacial de Liega AMOS y miembro del jurado de los premios MIT Technology Review Innovadores menores de 35 Bélgica, Wakati es un proyecto “muy innovador” que  “ya ha sido probado” y tiene potencial para generar “un importante impacto en las regiones pobres del planeta”.


Conoce al resto de ganadores de MIT Technology Review Innovadores menores de 35 Bélgica 2015