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Daniel Pardo, 32

Sus sensores inalámbricos funcionan sin baterías ni cables

  • Por Carlos Corominas

Crear sensores sin cables ni baterías era la obsesión del joven ingeniero de telecomunicaciones, Daniel Pardo, cuando decidió fundar Farsens en 2008. En estos siete años la start-up ha logrado su objetivo. Su catálogo incluye sensores que miden temperatura, humedad, luz, presión y campos magnéticos, entre otras cosas, y todo ello de forma inalámbrica y sin necesidad de baterías.

Para que los sensores funcionen, Pardo ha desarrollado una tecnología capaz de alimentarlos de forma puntual cuando se necesita una lectura. La energía procede del propio lector que recoge los datos, que sí necesita estar conectado a la corriente. Cuando el lector manda una señal al sensor en forma de ondas de radio, este transforma la onda para aprovechar su energía y devolver la información que contiene.

Pardo logra esta magia dando una vuelta de tuerca a la identificación por radiofrecuencia (RFID, por sus siglas en inglés), que consiste en un sistema que almacena la información en un chip y se recupera mediante un lector. Se trata de una versión evolucionada del código de barras, cuyos datos emergen al pasarlos por encima del sensor de una caja registradora.

La versión de Pardo se compone de un sensor con un chip RFID, un lector de información y una antena instalada en el sensor. Esta última tiene una doble función, "por un lado capta la energía que pasa a un transformador y alimenta al sensor y, por otro, transforma la información de la onda RFID para transmitir los datos del sensor al lector", explica su creador. La empresa de Pardo suministra el software necesario para que el lector pueda interpretar la información del sensor.

La comunicación entre el lector y el dispositivo de RFID, a diferencia del código de barras, no precisa de una visión directa y puede atravesar materiales como la madera y el hormigón, aunque no traspasa el metal. Por eso, estos sensores tienen aplicaciones en muchas industrias como la agricultura al poder enterrarse en la tierra o la construcción al incorporarlo a máquinas o incluso estructuras de edificios.

La ausencia de batería hace que el dispositivo tenga una mayor vida útil que los sensores con alimentación interna. "Imagina que quieres meterlo en una viga de hormigón: en el momento que se acabe la batería, te has quedado sin sensor", explica Pardo, que indica que sus sensores pueden tener una vida de entre 20 y 30 años.

Esta ventaja está en contraposición con la imposibilidad de recibir datos de forma continua, ya que el sensor solo lee cuando el lector de lo ordena (y le envía la energía necesaria para ello). Por ejemplo, con este sistema un sensor puede medir la temperatura en el interior de una cámara frigorífica en un momento exacto, pero no puede saber si la cadena de frío se ha roto anteriormente.

Para solucionarlo, el equipo de Pardo está trabajando con sistemas de almacenamiento de datos integrados y pequeñas baterías. "Aunque parezca contradictorio no lo es", indica Pardo, que explica: "Puedes incorporar una pequeña batería que almacene electricidad y sirva para almacenar datos durante un periodo; al final se trata de que todo sea inalámbrico y autónomo y de adaptarse a las necesidades de cada cliente". 

Para la directora de Telecomunicaciones de la Dirección General de Cómputo y Tecnologías de Información y Comunicación de la Universidad Autónoma de México, María de Lourdes Velázquez, "la tecnología desarrollada puede utilizarse en una gran cantidad de aplicaciones". Esta miembro del jurado de los premios Innnovadores menores de 35 España 2015 MIT Technology Review en español destaca también el "impacto en las cuestiones ambientales ya que elimina las baterías y reutiliza una fuente de energía como es la de la RFID".


Aquí puedes ver el listado completo de los 10 ganadores de Innovadores menores de 35 España 2015.