Energía

El modelo más barato de Tesla podría saturar los puntos de recarga eléctrica

El Modelo 3, que se lanza hoy, costará unos 30.000 euros, lo que lo hace más asequible para la mayoría. Pero si mucha gente lo compra, ¿habrá suficientes sitios para recargarlos?

  • Jueves, 31 de marzo de 2016
  • Por Ryan Bradley
  • Traducido por Teresa Woods

Hoy Tesla Motors presentará su Modelo 3, un coche eléctrico que costará aproximadamente la mitad que el emblemático vehículo de la empresa, el Modelo S. Se espera que tenga un precio base de 35.000 dólares (unos 31.000 euros), pero después de las subvenciones federales y estatales para los coches eléctricos en Estados Unidos, esa cifra debería quedar por debajo de los 30.000 dólares (unos 26.500 euros), o unos 220 dólares (unos 194 euros) de cuota de leasing mensual. Se supone que será un Tesla asequible para la mayoría de los mortales. La empresa espera vender muchas unidades; el Modelo 3 es crucial para la proyección de la compañía que aspira a vender 500.000 vehículos en 2020, casi 10 veces la cifra de 2015.

Es emocionante. Los coches eléctricos son mucho más eficientes y menos complicados que los de motor de combustión interna, y ofrecen importantes beneficios medioambientales. Pero como usuario que alquila un coche eléctrico (un Fiat 500e) la noticia de un vehículo más nuevo y barato también provoca punzadas de miedo. Más coches eléctricos en las carreteras significa una nueva competencia para un precioso recurso vital: las estaciones públicas de recarga.

La mayoría de la gente que actualmente posee un coche eléctrico, lo recarga por la noche desde el garaje de casa. Pero eso está cambiando deprisa. La gran mayoría de las nuevas compras de coche eléctrico las realizan personas que viven en la ciudad, lo cual tiene sentido dado que los vehículos son muy eficientes en las entrecortadas condiciones de conducción urbana. Recargar en casa por la noche puede resultar imposible para la gente que alquile un piso o carezca de un garaje propio.


Crédito: Sean Gallup (Getty Images).

Yo recargo mi coche en parques públicos y en los aparcamientos de centros comerciales en Los Ángeles (EEUU), haciendo uso de una diversidad de redes de recarga gestionadas por start-ups como Chargepoint y Blink. Suelo pagar entre cinco y 10 dólares (entre unos 4,4 y 8,8 euros). Cada estación ha variado, durante años, entre mediocre y horrible. A menudo, están averiadas debido a problemas de hardware o software, y permanecen fuera de servicio durante semanas. La competición entre los conductores de coches eléctricos por utilizar estas estaciones públicas de recarga es feroz y se está intensificando. Resulta prácticamente imposible encontrar una estación de recarga abierta durante el día.

Tesla ha construido su propia red de recarga, cuyo uso es gratuito para los propietarios de sus modelos. Hay 274 estaciones en Norteamérica y 613 a nivel mundial. Los "supercargadores" de la empresa necesitan entre 30 y 40 minutos para llenar un Tesla, en comparación con las típicas tres o cuatro horas en una estación pública de recarga de 220 voltios.

Aun así, observo Teslas aparcados al lado de modelos Leaf de Nissan, Volt de Chevrolet, Fusión eléctrico de Ford y Fiats eléctricos como el mío cada vez que visito las estaciones públicas de recarga en mi zona de Los Ángeles (aproximadamente cada dos días). A menudo acabo ayudando a un confuso y agobiado propietario de Tesla a operar el cargador. Si menciono las gratuitas estaciones de supercarga disponibles para ellos, normalmente parecen ser ligeramente conscientes de su existencia, pero o no tienen suficiente carga para llegar a una de ellas o no quieren molestarse en desviarse tanto de su camino para acudir a ellas.

El profesor adjunto de la Escuela Sloan de Gestión Empresarial del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, EEUU) David R. Keith afirma que esto es sólo un recordatorio de que los vehículos eléctricos no sólo representan un medio de transporte distinto. Ponen a prueba las convenciones subyacentes de cómo vivimos nuestras vidas y construimos nuestras ciudades. Esas convenciones no pueden ser cambiadas rápidamente, explica, porque los vehículos eléctricos y sus necesidades de infraestructura siguen resultando altamente exóticos para la mayoría de las personas. Eso podría impedir el despegue de los coches eléctricos aunque tengan un precio razonable.

"Existe un efecto de que si no se dispone de la infraestructura, la gente no comprará el coche; y si la gente no compra los coches, no se tendrá la infraestructura", afirma Keith. Estados Unidos actualmente dispone de casi 100.000 puntos de recarga, y necesitará muchos más si el Modelo 3 de Tesla realmente va a triunfar.

Algunas start-ups han inventado maneras creativas de abordar el tiempo y coste de instalar estaciones de recarga permanentes. Mobi Charger, emplea un equipo cuadrado del tamaño de una camión de helados lleno de viejas baterías de coche para proporcionar recargas rápidas a los coches necesitados. Pero hasta ahora su alcance está limitado a varios aparcamientos corporativos de la zona de San Francisco (EEUU). Probablemente la mejor solución a largo plazo sea la más obvia: que los servicios públicos construyan la infraestructura.

La analista investigadora de Navigant Consulting  Lisa Jerram, que estudia el mercado de los coches eléctricos, explica que últimamente los servicios públicos han demostrado mayor interés en el tema. En California, que cuenta con más estaciones de recarga que cualquier otro estado, las leyes que impedían que los servicios públicos vendieran electricidad directamente a los consumidores de esta manera han sido revertidas. Southern California Edison, que opera en la zona de Los Ángeles, y San Diego Gas & Electric ahora empiezan a construir puntos de recarga, aunque se están centrando en lugares de trabajo y nuevos bloques de pisos.

Para Jerram, tan pronto como los servicios públicos empiecen a abordar el problema de las recargas públicas, podrían adoptar algunos de los elementos más útiles de las redes existentes de recarga, como su software y métodos de pago.

Pero ahora mismo nos encontramos en una fase intermedia. Los nuevos propietarios de coches eléctricos, y probablemente los futuros propietarios de un Modelo 3, son los primeros adoptantes y por ello se ven obligados a operar en un sistema que sigue evolucionando. Jeram lo describe como vivir "una aventura dentro de la nueva tecnología". Es una manera de decirlo.

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