Informática

“El código abierto y la impresión 3D pueden acabar con la desigualdad del sistema sanitario”

Nicolas Huchet, un francés que perdió el brazo en 2002, ha creado Bionico Hand, una plataforma para construir prótesis robóticas en código abierto accesibles a todo el mundo

  • Viernes, 3 de octubre de 2014
  • Por Teresa Alameda

Nicolas Huchet se convirtió en geek de la impresión 3D por necesidad. En 2002, un accidente de trabajo le dejó sin la mano derecha, desde entonces asegura que no le gustan las películas de ciencia ficción. “Siempre aparecen personajes con manos robóticas envidiables y me pregunto por qué no puedo tener yo una así”, cuenta con humor este francés fundador de Bionico Hand, una asociación que promueve la tecnología de código abierto para fabricar prótesis más baratas con impresión 3D.

Pie de foto: el primer prototipo de mano robótica que imprimieron estaba hecho con hilo de pescar y un paquete de Nesquik.
Fuente: Crédito: Nicolas Huchet.

“Cuando descubrí que existían prótesis de manos en el mercado mucho más sofisticadas que las que cubre la Seguridad Social sentí una gran decepción”, explica Huchet, quien entonces comenzó a soñar con tener una mano robótica personalizada que pudiese compararse en calidad a los modelos comerciales, pero sin tener que pagar sus elevados precios. Una prótesis capaz de articular los cinco dedos “puede llegar a costar entre 30.000 y 70.000 euros”, cuenta el joven.

El organismo francés cubre hasta el 90% del precio de las prótesis mioeléctricas, que permiten articular la función de pinza entre el pulgar y el resto de dedos. Aunque la suya no se tratase de la versión más avanzada, de las que permiten el movimiento de los cinco dedos, Huchet se sintió “afortunado” de que al menos la política de su país le facilitase recuperar “bastante autonomía”. En otros países, como España, este tipo de cobertura es mucho más limitada y solo cubre versiones más básicas y pesadas, que no aportan la misma calidad de vida.

A pesar de la autonomía que la prótesis del Estado francés devolvió a Huchet, este quería más. Así en el año 2012, encontró por casualidad el fab lab (laboratorio de fabricación, en inglés) de su ciudad, Rennes, donde descubrió todo un mundo que hasta entonces le era absolutamente ajeno: el de la impresión 3D. En este espacio de creación colectiva donde se desarrollan proyectos low cost gracias a la tecnología de la impresión 3D, Huchet conoció al equipo de informáticos que lo gestionaba e hizo una propuesta: ¿sería entonces posible fabricar prótesis mioeléctricas articuladas con una de estas impresoras? 

Una pequeña revolución

La respuesta fue un rotundo sí. Los informáticos del fab lab de Rennes asumieron con entusiasmo el reto, se lanzaron en busca de contactos y herramientas y en menos de un año obtuvieron un primer prototipo de mano robótica impresa en 3D capaz de articular los cinco dedos. “Aún muy precaria, estaba hecha en parte con objetos que encontramos, como cajas de plástico e hilos de pescar”, explica.

Tras dos prototipos más, el equipo dio con la versión que Huchet porta actualmente con orgullo. Asegura que sigue siendo poco estética “y sigue teniendo problemas mecánicos a mejorar”, pero al menos abrió la puerta a nuevas posibilidades que le devolvieron la esperanza. El joven recuerda: “Ver aquel primer prototipo y comprobar que funcionaba, supuso para mí una pequeña revolución, vi que existía la posibilidad de reducir la desigualdad existente en el sistema sanitario gracias a la tecnología y a la cooperación de personas en internet”.

Para el diseño de aquel primer prototipo, Huchet y el equipo se pusieron en contacto con Gael Langevin, el creador de Inmoov, un androide diseñado con código abierto que cualquiera puede fabricar en su casa con una impresora 3D. Gracias a su ayuda y a sus planos, que pueden descargarse gratuitamente en el portal Thingiverse, dieron con la mano ganadora.

Con el tiempo, Huchet conoció otros proyectos que trataban de hacer algo parecido en Brasil, Inglaterra, Venezuela y diversas partes del mundo, y decidió crear una asociación para recaudar fondos y mejorar el prototipo. Así nació la organización Bionico Hand, que por ahora se autofinancia y cuenta con unos diez miembros voluntarios. Su creador explica: “Nuestro objetivo es fabricar una prótesis de mano accesible para personas con pocos recursos, que sea sólida y robusta, como una comercial, pero mucho más barata y fácil de reparar”.

La mano robótica de Huchet ya ha viajado a varios países del mundo como Rusia, Italia o EEUU para asistir a conferencias de impresión 3D donde presentar su proyecto y los avances en el prototipo. La semana pasada, estuvo también presente en Madrid (España), en el encuentro de start-ups innovadoras españolas y francesas OUI Innov para expandir su red de contactos. Ahora buscan patrocinio y planean lanzar pronto una campaña de crowdfunding, para poder invertir en el prototipo y que su modelo pueda “ponerse a disposición del público cuanto antes”.

La ventaja de que sea un proyecto de código abierto es que el diseño puede ser perfeccionado por programadores en todo el mundo. Huchet espera que gracias a esto su idea de disminuir la desigualdad entre los amputados se haga realidad y la tecnología pueda estar a disponibilidad “del mayor número de personas posible”, afirma.

Para ilustrar su modo de ver esta desigualdad, Huchet habla del caso del tenis: “Antes era un deporte de élite, reservado a un grupo reducido de personas que podían costearse las raquetas y tenían terrenos donde jugar, hoy cualquiera puede comprarse una raqueta por poco dinero y las pistas de tenis se han abierto a todo el mundo”. Y concluye: “Con las prótesis pasa exactamente lo mismo, hoy sólo unos pocos tienen acceso a los dispositivos de calidad, pero confío en que en un futuro próximo la impresión 3D y la tecnología de código abierto puedan cambiar esto”. 

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