Internet

Business Report: Entrevista a Salman Khan

Un profesor 'amateur' lanzado a la fama desde Internet nos cuenta cómo llevará sus videotutoriales gratuitos al próximo nivel.

  • Lunes 25 de noviembre de 2012
  • Por Antonio Regalado
  • Traducido por Lía Moya (Opinno)

El tutor de todos: Alejandro Magno tuvo a Aristóteles. Los demás tenemos a Salman Khan.

¿Qué clase de profesor de instituto chiflado sube los deberes de matemáticas a un sitio conocido por sus vídeos de gatos?

En su nuevo libro The One World School House: Education Reimagined (El aula global: reinventando la educación), Salman Khan recuerda cómo subió su primer tutorial de matemáticas a YouTube hace ocho años. “No tenía ninguna idea preconcebida sobre cómo aprendía la gente. No me sentía obligado por ninguna ortodoxia respecto a la forma ‘correcta’ de hacerlas cosas”, escribe.

En la actualidad, el mensaje de Khan de prescindir de las reglas le ha convertido en una estrella pedagógica. La CNN y Charlie Rose le han llamado para que explique hacia dónde va la educación, y su organización sin ánimo de lucro Khan Academy, con sede en Mountain View, California (EE.UU.), crece rápidamente, pasando de los vídeos al software educativo.

El libro de Khan repite detalles conocidos para cualquiera que haya seguido su repentino ascenso. Desde que empezó queriendo ayudar a Nadia, su prima de 12 años, a aprobar un examen de matemáticas, hasta acabar grabando más de 3.000 vídeos, explicando la división larga, la tectónica de placas y mucho más (en conjunto sus vídeos han sido vistos 204 millones de veces). Pronto le descubrieron ricos filántropos como Bill Gates, que han donado 16,5 millones de dólares (unos 12,7 millones de euros) a Khan Academy.

El aula global es, en parte, un cantoral para futuros donantes, en el que Khan introduce hábilmente una historia de ascenso desde la nada. Nativo de Luisiana (EE.UU.), Khan fue delegado de su clase en el Instituto Tecnológcio de Massachusetts (EE.UU.), hizo un MBA en Harvard y después ganó una cantidad considerable de dinero trabajando para un fondo de inversiones. Pero renunció a todo cuando descubrió su auténtica vocación como profesor en línea. Su primera gran donante, la esposa del poderoso inversor de capital riesgo John Doerr, se vio impulsada a mandarle un cheque de 100.000 dólares cuando descubrió que estaba viviendo “de sus ahorros”.

El resto de su libro es una llamada erudita y accesible a reorganizar la educación. En gran parte del mundo desarrollado, según escribe Khan, las escuelas usan un modelo de enseñanza de arriba abajo que se desarrolló por primera vez en Prusia, un territorio alemán conocido por “los bigotes tiesos, los sombreros tiesos y una forma tiesa de desfilar”. Los estudiantes deben seguir adelante aunque no hayan entendido lo que vino antes. Algunos acaban por tropezar y salirse de la fila.

La gran idea de Khan es que usar la tecnología en línea para dar clases, organizar concursos y hacer una evaluación constante creará una forma asequible de poner en marcha un nuevo ideal de enseñanza denominado 'aprendizaje por maestría'. Cada uno avanza a su ritmo. No lo intentes con el álgebra hasta que no domines la aritmética. Pasa menos tiempo en clases magistrales y más tiempo resolviendo problemas.

MIT Technology Review habló con Khan por teléfono.

TR: Khan Academy afirma que quiere “proporcionar una educación gratuita de primer nivel, a cualquiera, en cualquier parte”. Es un gran objetivo. ¿Cómo se le ocurrió?

Salman Khan: Cuando rellené los papeles de Hacienda en 2007 para obtener la condición de organización sin ánimo de lucro, es lo que puse en la casilla donde ponía: 'misión'. En ese momento había grabado unos cuantos cientos de vídeos de YouTube. Así que era más una aspiración. Ahora desde luego es nuestra misión y también se ha convertido en una especie de lema. Forma parte fundamental de nuestra creencia de que no debería haber barreras para experimentar la parte de aprendizaje de la educación. 

¿Podemos profundizar un poco en el eslogan? Porque nada es realmente 'gratis'. Alguien tiene que pagarlo.

Para nosotros, gratis significa gratis de verdad. Por ahora lo han pagado los donantes. A largo plazo, creemos que habrá otra forma de conseguir ingresos que no entren en conflicto con la parte 'gratuita'. Hemos aprendido la lección de lo que ha pasado en el Children’s Television Workshop, la gente que hace Barrio Sésamo. Ofrecen su aprendizaje gratis, pero evidentemente les ha ido muy bien. No sé si los muñecos Sal funcionarán tan bien como los muñecos Elmo, pero la idea general está ahí.

Primero sin quererlo, y ahora más intencionadamente, estábamos construyendo una marca en un espacio en el que hay muy pocas marcas. Con el paso del tiempo, si la gente dice “Confiamos en Khan Academy. Ahí es donde vamos para asegurarnos de que nos enteramos de las cosas”, imagino que podrían surgir juguetes o libros de terceras partes; algo que ya hemos empezado a hacer es licenciar nuestro contenido para empresas con ánimo de lucro. Hay una que va a vender aparatos al mercado educativo que incluirán la parte en vídeo de lo que hacemos.

Hay gente que ofrece cursos universitarios gratuitos. ¿Ve un modelo en el futuro en el que se pague por ellos?

Esta es mi idea del aspecto que podría tener la cosa dentro de cinco años: la parte del aprendizaje será gratuita, pero si en algún momento quieres demostrar lo que sabes, para tener algo que lo acredite, tendrás que ir a un centro de exámenes. Y eso costará algo. Pongamos que cuesta 100 dólares (unos 78 euros) administrar el examen. Veo posible cobrar 150 dólares (unos 118 euros) por ello. Y tendrías 50 dólares (unos 40 euros) de margen pare reinvertir en la parte de la enseñanza gratuita.

Creo que eso es coherente con la misión. Haces que el coste de la acreditación baje de miles de dólares a cientos de dólares. Y además el sistema [de software] les diría cuándo están preparados. Así que se acabó pagar la universidad para adultos y abandonar, o terminarla toda y decir “ahora tengo una deuda de 20.000 dólares (unos 16.000 euros) y ¿qué he sacado?”.

En vez de eso sería: “Mira, aquí hay una microcredencial en contabilidad básica que puedo conseguir por 150 dólares y sabré que puedo aprobarla antes de invertir ese dinero”.  Eso sería algo tremendamente positivo para los consumidores de educación y podría pagar la factura de la enseñanza.

¿Podría definir a qué se refiere con una 'educación de primer nivel'?

'De primer nivel' probablemente sea lo más difícil de definir. La aspiración no es [crear] una alternativa barata para aquellos que no se puedan permitir otra cosa. Realmente queremos que sea tan buena o mejor que cualquier cosa por la que la gente esté cobrando. Cuando la gente ve nuestros vídeos, queremos que digan: “He aprendido tanto como podría haber aprendido con cualquier otro medio”.

Pero este punto también es donde nuestra misión entra más en lo físico. Por un aparte somos un sitio web, pero hemos entrado en una discusión más amplia sobre qué es un aula y cuál es el mejor uso posible para ella. La mitad de lo que hablo no tiene que ver con el software de Khan Academy; es la idea general de que ya nadie debería estar dando clases magistrales. La idea es quitar las clases del medio, para que cuando los seres humanos se reúnan en un aula lo hagan para resolver problemas.  

Se ha convertido en el educador del que más se habla en el mundo. Pero ni siquiera tiene formación pedagógica. Eso ha molestado a algunos, ¿verdad?

Mire, la pedagogía se parece mucho a la economía. Podría encontrar dos doctorados en educación que se encuentran en polos completamente opuestos. Es como los keynesianos frente a la escuela de Chicago en economía. Es algo que se observa en el debate sobre las Nuevas Matemáticas frente a las viejas matemáticas. Las guerras matemáticas llevan librándose décadas. Se odian. Se gritan unos a otros. Nosotros intentamos no ser dogmáticos.

Gran parte de las críticas que he recibido dicen: “No existe una poción mágica. La Academia Khan no va a resolver los problemas de la educación”. Y estamos cien por cien de acuerdo con ello. Al mismo tiempo, creo que estamos justo al inicio del primer tiempo del partido. A lo largo de los próximos cinco años vamos a invertir mucho, más que nadie, en analíticas que permitan una evaluación dinámica. ¿Qué sabe un alumno? ¿Qué es lo que no sabe? ¿Cómo de eficaz es el tutorial? Eso es lo emocionante. Esa es la posibilidad de experimentar a la velocidad de Internet con volúmenes de datos a la escala de Internet. Lo que se observa ahora en Khan Academy es, en forma de aproximación y en bruto, el punto donde estaremos dentro de 5 o 10 años. Y ni siquiera eso será la poción mágica. Pero estaremos yendo por el camino adecuado.

En su declaración de misión, habla de educación 'para cualquiera'. No dice para 'todos'. ¿Qué ha aprendido sobre la demanda real de conocimiento?

No creo que pensara tanto en ello cuando lo escribí. Cuando empecé esto, pensé que podría ser interesante para personas como yo cuando tenía 12 años, bastante motivadas. Y quién sabe cuántas de esas personas existen. La mayoría de los sitios para personas motivadas tienen como mucho decenas de miles de usuarios. Nosotros nos acercamos a los 6,5 millones de usuarios únicos al mes. Pero si nos fijamos en el grado de implicación –quién está muy metido en esto y pasa mucho tiempo viendo los vídeos- pues son un par de cientos de miles. 

Lo más importante que he aprendido, y lo vemos en las aulas, es que quienes están motivados y quienes pueden implicarse forman un grupo mucho mayor de lo que pensábamos en un principio. El principal motivo por el que los estudiantes se desmotivan y abandonan es que están frustrados. Están en una clase de álgebra, pero no tienen una buena base en preálgebra o aritmética. La información les pasa por encima y no se están enterando. Así que se dedican a montar el número al fondo de aula. Y creo que es algo que pasa universalmente.

¿Cuál es la mayor presión a la que se ve sometido que vaya en contra de su misión?

Eso nos lleva de vuelta a la primera pregunta, la parte de la gratuidad. Tengo que recolectar recursos para este esfuerzo. Y si me dedico a eso, entonces no me dedico a hacer los vídeos o a ayudar al equipo con el producto. Muchos de los directores de organizaciones sin ánimo de lucro son personas cuya labor es dedicarse a recaudar fondos. Ese no es mi caso, pero lo hago de todas formas. Así que es una tensión. El año que viene nuestro presupuesto será de 10 millones de euros y pagamos bien a la gente. Pero no damos opciones de acciones. La gente que trabaja aquí tiene que sentir que vamos a seguir aquí. Intento que tengamos ese recorrido.

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