No recuerdo gran cosa de Peppy, mi primera y única gata. Puedo evocar la sensación de acariciarla mientras ronroneaba, recordar cómo se quedaba atrapada en los árboles (¡como en los dibujos animados!) y reírme de aquella vez que se hizo caca en la cuna de mi hermana pequeña. Y poco más.
Sin embargo, lo que sí recuerdo con total claridad es el día en que desapareció. Tenía 10 años y la busqué por todas partes, rastreando los campos y bosques cercanos hasta la puesta de sol. Hice carteles. Nunca la encontramos. Me quedé desolado.
No había forma de conseguir más tiempo con Peppy, pero, casi 30 años después, los dueños de mascotas tienen a su disposición un abanico cada vez más amplio de opciones para prolongar potencialmente los años junto a sus compañeros peludos. Entre las alternativas figuran fármacos, clonación e incluso criónica. Pero ¿es eso algo bueno?
Sin duda, existe un mercado para la preservación de mascotas. Y cada vez más empresas biotecnológicas tienen la vista puesta en la longevidad de estos animales. Loyal, una compañía que trabaja actualmente en tres posibles fármacos de longevidad para perros, está probando uno diseñado para mejorar la salud metabólica en unos 1300 perros domésticos en todo Estados Unidos. Otras están probando medicamentos para perros cuyo objetivo es combatir tanto las enfermedades asociadas a la edad, incluidas afecciones como la obesidad y la artrosis, como el propio envejecimiento. Incluso hay una empresa centrada en fármacos de longevidad para gatos domésticos.
No sé cómo ni cuándo murió Peppy. Pero si hubiera existido un fármaco que pudiera haberla protegido de la diabetes o la artritis, no cabe duda de que habría intentado hacerme con él.
Sin embargo, ahí es más o menos donde termina mi entusiasmo por prolongar la vida de las mascotas.
Me interesa mucho menos la clonación, una opción relativamente nueva para quienes lloran la pérdida de una mascota y buscan un sustituto. En la mayoría de los casos, esta tecnología consiste en extraer el ADN de una mascota, introducirlo en un óvulo de otro animal de la misma especie y gestar el embrión resultante en una madre de alquiler. Funcionó con la oveja Dolly, que nació el año anterior a que Peppy desapareciera. Desde entonces ha funcionado con otros mamíferos, incluidos el ganado vacuno, los caballos y los hurones —y también con gatos y perros—. En Estados Unidos, una empresa llamada Viagen Pets ofrece clonar perros y gatos por 50 000 dólares cada vez. El resultado de esto no es una réplica exacta del animal, sino un gemelo genético.
Aun así, hay muchas razones por las que una persona podría querer clonar a una mascota. En su página web, Viagen ofrece explícitamente a sus clientes «una forma de aferrarse». A Lori Kogan, profesora de Ciencias Clínicas de la Universidad Estatal de Colorado que lleva décadas estudiando las relaciones entre humanos y animales, no le parece mal esta práctica. Señala que, si bien contamos con rituales consolidados para afrontar la pérdida de una persona —como los servicios funerarios, los días de permiso laboral o los detalles conmemorativos—, en realidad no disponemos de lo mismo para los animales de compañía. Como consecuencia, sus dueños pueden experimentar lo que a veces se denomina «duelo desautorizado», afirma. El hecho de que sus sentimientos no sean reconocidos puede generar una sensación de aislamiento. Si clonar a una mascota le aporta paz a alguien, reflexiona, «¿quiénes somos nosotros para juzgar?».
Es comprensible. Pero no puedo evitar pensar que la pérdida de una mascota en la infancia podría ser distinta. A menudo es la primera vez que un niño se enfrenta a la muerte. Perder a Peppy fue una experiencia formativa y, por muy dolorosa que fuera, me gusta pensar que me ayudó a prepararme para las pérdidas que experimenté en la edad adulta. No me gustaría que mis propios hijos pensaran que la muerte no es definitiva y que los individuos se pueden replicar o sustituir.
O, ya puestos, revivido, que es la promesa que encierra la criónica de mascotas. A cambio de una tarifa, un puñado de empresas ofrece enfriar mascotas fallecidas a temperaturas extremadamente bajas y almacenarlas durante largos períodos de tiempo —incluso de manera indefinida—. La idea es que, en algún momento del futuro, habremos desarrollado tecnologías increíbles que no solo devolverán la vida a tu mascota, sino que también curarán aquello de lo que murió. Alcor, un centro de criónica en Arizona, conserva actualmente los restos de cientos de mascotas, así como de personas. Incluso anunció hace poco que había enfriado a un pequeño marsupial: su primer petauro del azúcar doméstico.
Con la criónica, las posibilidades de reencontrarte con tu mascota rozan el cero. Incluso quienes trabajan en este campo reconocen que es poco probable que las personas y los animales almacenados lleguen a ser reanimados. Tal como están las cosas, no existe ninguna forma de «traer de vuelta» a ningún animal de manera real y efectiva.
Echo de menos a Peppy. Pero, si tuviera la oportunidad, ¿la metería en un tanque de nitrógeno líquido? ¿O haría que otra gata diera a luz a un animal genéticamente idéntico? No, no lo haría.
Que descanse en paz el único e inigualable Peppy.

