Laput, un alumno de posgrado de la Universidad Ca egie Mellon (EEUU) que estudia las interacciones ordenador-humano, desarrolló el dispositivo como parte del proyecto Synthetic Sensors (sensores sintéticos). Afirma que podría utilizarse para, entre otras cosas, averiguar cuántos trozos de papel de cocina quedan, detectar cuándo entra o sale una persona de un edificio y supervisar el bienestar de un familiar de edad avanzada (el aparato controlaría la rutina diaria de esa persona a través de, por ejemplo, el uso de los electrodomésticos). El dispositivo se presentó la semana pasada durante la conferencia de interacciones ordenador-humano CTI en Denver (EEUU).
nA pesar de que todavía no se puede considerar un producto de consumo para hogares inteligentes, el dispositivo mostró bastante precisión durante sus primeras pruebas. El equipo de Laput está llevando a cabo pruebas de estrés con las 100 unidades fabricadas hasta ahora. Por el momento, fabricar cada uno de los dispositivos cuesta alrededor de 1.000 dólares (unos 918 euros), pero Laput cree que el importe podría reducirse hasta cerca de 30 dólares (unos 27 euros) si se fabricase en masa.
nLaput explica que a él y su equipo les picó la curiosidad por encontrar una alte ativa compacta y apta frente a los dispositivos inteligentes actuales, los cuales pueden ser caros y no siempre interactúan bien entre ellos, y las etiquetas inteligentes inalámbricas RFID, las cuales necesitan adherirse a diferentes objetos dentro del hogar. El equipo también quería comprobar qué nivel de detección podía lograr sin una cámara, un elemento que, según sus propias investigaciones, las personas consideran invasivo.
nPara probar su idea, los investigadores diseñaron un circuito impreso de detección que puede rastrear el movimiento, el sonido, la presión, la humedad, la intensidad de la luz, la interferencia electromagnética además de otros indicadores. "Gracias a que podemos medir muchos y diferentes aspectos, también tenemos la flexibilidad para monitorizar un amplia serie de eventos y acciones", explica Laput.
nLos investigadores colocaron cinco de estos súpersensores dentro de un edificio –en una cocina, una oficina, una zona común, un aula escolar y un despacho– y los dejaron en marcha durante dos semanas. En la cocina, el circuito impreso de detección pudo localizar cosas como un grifo abierto y un trozo de papel de cocina que se arranca; en el despacho, llamadas a la puerta; en la zona común, el funcionamiento de la cafetera, el microondas y las veces que se abría y cerraba la puerta.
nUn vídeo publicado por los investigadores muestra muchas de estas actividades y demuestra cómo se identifican y clasifican en diferentes eventos los datos brutos captados por los sensores y procesados por su software de prueba de concepto. La precisión del proyecto fue bastante alta, pero probablemente requiera mejoras para convertirse en un producto comercial. Durante una semana de ajustes y pruebas, 38 sensores en cinco ubicaciones diferentes arrojaron una precisión media del 96%. Esta subió ligeramente hasta el 98% tras otras semana, pero incluso a ese ritmo podría llevar a los usuarios a frustrarse con los falsos positivos.
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