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Associated Press

Cadenas de bloques y aplicaciones

Los errores que han hecho fracasar a las 'apps' de rastreo de Francia y Australia

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A pesar de que dos millones de franceses la descargaron, la aplicación para detectar contactos de coronavirus solo emitió 14 alertas en tres semanas. Las dificultades técnicas, el exceso de publicidad y los enfoques centralizados y conservadores han sido los grandes bloqueos de estas aplicaciones

  • por Charlotte Jee | traducido por Ana Milutinovic
  • 21 Julio, 2020

Cuando Francia lanzó su aplicación para el rastreo automático de contactos de coronavirus (COVID-19), parecía que el país, gravemente afectado por la pandemia, estaba dando un buen paso adelante. Después de su lanzamiento en junio, la app StopCOVID fue descargada por dos millones de personas en poco tiempo, y el ministro de Asuntos Digitales, Cédric O, afirmó que, "desde las primeras descargas, la aplicación ayudaba a prevenir el contagio, la enfermedad y, por lo tanto, la muerte". Pero las autoridades tuvieron que rebajar su entusiasmo después de que se descubriera que, en sus primeras tres semanas la aplicación solo había alertado a 14 personas de que podían haber estado expuestas al coronavirus. 

"Este no es el final. Seguimos mejorando la app", dijo O en su defensa.

Mientras tanto, en Australia las cosas fueron aún peor. La aplicación nacional COVIDsafe se lanzó en abril y obtuvo una adopción mucho mayor: seis millones de descargas en un país de 25 millones de habitantes. Sin embargo, su impacto fue bastante menor: en el estado de Victoria, la app no pudo identificar ni un solo contacto que no hubiera sido descubierto antes por los rastreadores manuales, según informa Gizmodo.

A pesar de que las cosas no pintan bien, la falta de avisos puede que no represente una señal de error en sí misma necesariamente.

Parte de las críticas puede estar motivada por la publicidad excesiva. El primer enfoque sobre las aplicaciones de rastreo de contactos era comprensible: todavía faltan muchos meses para que tengamos una vacuna, suponiendo que podamos encontrar una que funcione. Las aplicaciones podrían llenar ese hueco como un posible remedio universal, a pesar de que muchos expertos han explicado sistemáticamente que son solo una de las varias herramientas para combatir el virus.

Desde un punto de vista matemático, el bajo nivel de notificaciones era previsible, explica el profesor de sistemas de comunicaciones de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) Jon Crowcroft. Si las personas respetan el distanciamiento social y la densidad de usuarios de la aplicación no es alta, en una situación donde hay un pequeño número de casos de COVID-19, no se deberían esperar muchas notificaciones, asegura.

"Se trata de un cálculo simple de la cantidad de notificaciones: si el 1 % de las personas tiene COVID-19 y todas se someten a una prueba de diagnóstico, y solo 1 % de las personas utiliza la app, existe una probabilidad de 1 en 10.000 de que tanto la persona diagnosticada como la persona expuesta tengan la aplicación, por lo que la tasa de notificación será 10.000 veces menor que el número de casos", detalla Crowcroft. (Por ejemplo, durante el período en el que en Victoria se enviaron 21 notificaciones, el estado registró solo 350 casos de COVID-19).

Sin embargo, incluso siendo más optimistas, está claro que hay un abismo entre lo que se prometió y lo que ofrecen estas aplicaciones. Entonces, ¿qué es lo que ha salido mal?

Dificultades técnicas

Primero, vale la pena analizar las similitudes entre los dos servicios. Tanto Francia como Australia rechazaron el modelo descentralizado presentado por Google y Apple, con el que los datos se guardan en el teléfono del usuario para mantener su privacidad. Ambos países prefirieron un enfoque centralizado, en el que la información del usuario se envía a los servidores remotos. Esto crea un problema porque Google y Apple han restringido la cantidad de escaneo por Bluetooth que las aplicaciones centralizadas pueden realizar en segundo plano.

El profesor de política digital del University College de Londres (Reino Unido) Michael Veale resume el problema así: "No están detectando a muchos teléfonos porque el Bluetooth de fondo no funciona. Eso ocurre porque no utilizan el enfoque descentralizado". 

Esta situación ha creado una serie de dificultades técnicas adicionales. La aplicación de Australia funciona solo el 25 % del tiempo en algunos dispositivos, en concreto en iPhones. Esto se debe a que el "apretón de manos" de Bluetooth necesario para registrar la proximidad entre dos teléfonos no funciona si la pantalla del teléfono está bloqueada. Por este mismo problema Reino Unido abandonó su aplicación el mes pasado (no se sabe cuándo lanzará una nueva).

"Esto significa que, para que una aplicación de rastreo de contactos funcione sin usar su sistema, un usuario tiene que caminar como un jugador de Pokemon Go, con su teléfono siempre en mano, con la app abierta, y sin poder usar el dispositivo para nada más", destaca un investigador que no participó directamente en el desarrollo de ninguna aplicación y que ha solicitado ofrecer sus comentarios de forma anónima.

Demasiado conservador

Todo esto se pudo haberse complicado aún más con la adopción de un enfoque demasiado conservador para evitar el riesgo de "notificar en exceso" a los usuarios, destaca Crowcroft. La preocupación de que las alertas excesivamente sensibles pudieran generar pánico hizo que las aplicaciones solo consideraran a las personas que tenían muchas probabilidades de haber estado en contacto cercano durante largos períodos de tiempo, y no a las personas que se cruzaron unos segundos en el supermercado. "Se prestó mucha atención para evitar notificaciones numerosas de falsos positivos en algunas aplicaciones. Por eso pueden resultar muy conservadoras", opina.

Además, las aplicaciones de Australia y Francia se han visto afectadas por problemas de rendimiento y errores. Los usuarios se han quejado de que la app de Francia agota rápidamente la batería de su teléfono, lo que posiblemente fue la razón por la que centenares de miles de personas la han desinstalado. 

"Este es el principal riesgo para los desarrolladores: se comete un error y se acaba la batería del usuario", destaca el experto que hasta hace poco trabajó como director de Ingeniería en Google y luego en DeepMind Health, Andrew Eland. Algunos usuarios aseguran que la app StopCOVID se bloquea frecuentemente y que se debe reiniciar cada vez que se vuelva a encender el teléfono.

Centrarse en mejorar

Entonces, ¿cuáles son las lecciones? Bluetooth es una tecnología muy compleja, pero resulta todavía más difícil construir una aplicación de rastreo de contactos sin usar el sistema de Apple y Google. Por eso, si se quiere crear una app rápidamente, quizás sea mejor que los gobiernos no adopten un sistema centralizado o cualquier otro enfoque que cree dificultades técnicas. Si resulta posible, los países deberían considerar reutilizar el código de la app de algún otro país que haya tenido éxito, por ejemplo, la app de código abierto Corona-Warn de Alemania, que desde que se lanzó el 15 de junio ha sido descargada por más de 15 millones de personas en una población de 83 millones de habitantes.

El secretismo e intentar ofrecer algo excepcional son una mala combinación cuando se trata de crear aplicaciones de rastreo de contactos. Y, al final, la gente debe tener en cuenta que las aplicaciones de rastreo de contactos probablemente sean solo una pequeña parte de la lucha contra el coronavirus, y no una respuesta mágica al problema. 

"La mejor manera de invertir el tiempo y el dinero en alguna tecnología para buscar y rastrear el contagio del coronavirus, probablemente sería centrarse en conseguir que el rastreo manual de contactos sea más eficiente", concluye Eland.

Cadenas de bloques y aplicaciones

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