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Biomedicina

Una inyección de CRISPR en el oído podría frenar la sordera causada por una mutación

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Un grupo de ratones con el mismo trastorno que los humanos fueron tratados con este enfoque, que sólo requiere una dosis para alterar el ADN de forma permanente. Los resultados demuestran que mantuvieron la audición hasta, al menos, los dos meses de edad

  • por Antonio Regalado | traducido por Patricia R. Guevara
  • 29 Septiembre, 2017

Todos sabemos que CRISPR es la próxima gran bomba en lo que a tratamientos de edición genética se refiere. Pero, ¿cómo se introduce esta versátil tijera genética en el cuerpo de una persona?

La forma habitual podría ser cargar las instrucciones de edición genética en miles de millones de virus y usarlas para infectar las células de una persona. Pero algunos científicos están probando algunos trucos de entrega que podrían hacer que los tratamientos sean más fáciles (ver Cinco herramientas para introducir la edición genética con CRISPR en el cuerpo). Uno de ellos es el investigador de audición en Massachusetts  (EEUU) Zhen-Yi Chen, que ha estado tratando ratones a los que directamente les ha inyectado los componentes de edición genética en sus oídos.

No es tan simple como si fueran gotas de CRISPR, pero está muy cerca.

Los experimentos en el laboratorio de Chen en el Massachusetts Eye & Ear Infirmary implican ratones que comparten un defecto genético con los seres humanos y que causa pérdida gradual de la audición. La raza es conocida como Beethoven, en honor al compositor que con el tiempo dejó de poder escuchar su propia música.

"Los ratones han vivido un hermoso rescate de audición", dice el otorrino Xue Zhong Liu, que dirige el centro de enfermedades hereditarias en la Universidad de Miami (EEUU). El especialista se enteró de los resultados en una reunión de este año. En su opinión, "éste será el primer ejemplo de cómo se puede utilizar CRISPR contra la pérdida auditiva progresiva".

En realidad, los médicos no tienen claro qué cambios fisiológicos producen estos errores genéticos en las células de la oreja. El oído interno está encerrado en el hueso más duro del cuerpo, dice Liu, y los médicos no suelen llegar a mirar dentro.

Pero saber qué genes son los culpables puede ser suficiente. Chen había estado intentando dar algunos enfoques más complejos para tratar la audición cuando se dio cuenta de algo: "Con CRISPR podemos hacer sólo entrega directa, una entrega de un disparo, y la corrección es permanente".

Él y el especialista en edición de genes en la Universidad de Harvard (EEUU) David Liu han encontrado formas de empaquetar la proteína de corte CRISPR en masas de grasa llamadas liposomas. Éstas se inyectan en el oído interno de un ratón, hogar de las delicadas células del pelo que sienten las vibraciones y envían mensajes al cerebro. El objetivo es un gen llamado TMC1. El trabajo de CRISPR: ponerlo fuera de servicio con un rápido corte a sus letras de ADN.

Para probar el oído del animal se le introduce en una cámara de metal insonorizada, donde es expuesto a diversos ruidos. Un electrodo conectado a su tronco encefálico lee si el mensaje llegó.

En los mejores casos, Chen y Liu han informado de que los ratones tratados con CRISPR retienen una audición significativa a los dos meses de edad. De lo contrario, serían tan sordos que no podían oír un ruido de 80 decibelios (el ruido que hace una trituradora de alimentos). 

Cada uno de sus oídos tiene, en su interior, cerca de 16.000 células en las que crecen capilares sensoriales. Así es como se recoge el sonido. Esas células pueden dañarse si nos pegamos a los altavoces en un concierto. Algunas condiciones genéticas tienen el mismo resultado.

Chen trabaja en los llamados trastornos genéticos dominantes, lo que significa que basta con que uno de los padres transmita el gen aberrante para que surja el problema. El tipo de pérdida auditiva que provoca se desarrolla gradualmente, a lo largo de los años, comenzando antes de los 25 años y dejando a esas personas profundamente sordas a los 50 años.

Los próximos pasos de Chen se llevarán a cabo en China, donde los científicos están persiguiendo con entusiasmo la tecnología de edición genética. El investigador está trabajando con un equipo allí para crear cerdos modificados genéticamente para que presenten las mismas mutaciones que las personas. "El cerdo se quedará absolutamente sordo", dice Chen, dada la similitud de sus oídos con los nuestros.

Si las inyecciones de CRISPR pueden prevenirlo, Chen sostiene que "podemos trasladar esos esfuerzos a seres humanos". Esa es otra ventaja de trabajar en China. Allí, los hospitales ya han registrado a miles de personas con el desorden genético, mientras que en otros sitios estos pacientes permanecen en el anonimato. Chen concluye: "China está en una escala totalmente diferente. Por eso que lo haremos primero allí".

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