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Olga Malinkiewicz, 33

Su tecnología de impresión de células solares de perovskita en láminas flexibles y baratas podría revolucionar la industria energética

  • Por Elena Zafra

Un mundo en el que la tecnología solar más avanzada se compre en el supermercado por metros, se instale en dos minutos sin necesidad de un técnico y se desintegre cuando finalice su vida útil. Este es el escenario con el que sueña la joven innovadora polaca Olga Malinkiewicz. Científica de materiales y emprendedora, en septiembre de 2014 renunció a sus estudios posdoctorales en la Universidad de Linköping (Suecia) para fundar la empresa Saule Technologies y perseguir su sueño. Para ello, esta joven se ha centrado en llevar al mercado de masas un mineral que podría revolucionar la industria solar, la perovskita (ver Añadir perovskita a una célula solar aumenta su rendimiento hasta un 50%).

Los logros de este material prodigio derivan de su característica estructura cristalina, que mantiene sus propiedades solares independientemente de los componentes que la conformen. Varios grupos de investigación trabajan con perovskitas basadas en tres componentes: uno orgánico, como las aminas; otro inorgánico, iones de plomo u otro metal, que lo convierten en un buen semiconductor; y el tercero es un haluro, que puede modificarse para producir materiales de diferentes colores.

El coeficiente de absorción de energía de la luz visible de las pervoskitas es muy elevado, lo que podría desbancar a los actuales componentes de los paneles solares. Según Malinkiewicz, las perovskitas "incluso superan en un orden de magnitud el coeficiente del arseniuro de galio", uno de los mejores –y más caros– absorbentes en la industria solar, y también al del silicio cristalino, que actualmente domina el mercado.

En una célula solar las perovskitas están en un sándwich rodeadas por otros materiales y se fabrican sobre un sustrato, a menudo de vidrio. Saule Technologies ha logrado fabricar células solares con este mineral que no requieren altas temperaturas para su procesado, lo que les permite imprimirlas en sustratos delgados y flexibles como plástico e incluso papel. "El hecho de que la perovskita tenga un componente orgánico hace que sea soluble, pueda fabricarse tinta con él y usarse para imprimir", detalla la joven.

En diciembre de 2014, Malinkiewicz presentó en Boston (EEUU) su sistema de fabricación de láminas de perovskita mediante impresora de inyección de tinta. Desde entonces, sus esfuerzos se han concentrado en mejorar el proceso, probar su resistencia al envejecimiento (y al agua) y lograr imprimir grandes superficies (en vez de unos pocos centímetros cuadrados). Otro reto es sustituir el plomo por otro componente que no genere preocupación ambiental o encapsular el material.

Aunque esta tecnología “no es atractiva” para muchos grupos porque "requiere tiempo de pruebas y mejoras para ver resultados", Malinkiewicz asegura que "una vez has optimizado el proceso y la lámina, puedes imprimir metros y metros, la forma que quieras y mantener la eficiencia".

Actualmente se fabrican células solares de plástico en sustratos flexibles, pero tal y como indica la joven, su eficiencia "nunca sobrepasaría el 8%". La solución de perovskita podría alcanzar eficiencias del 20% gracias a las excelentes propiedades de absorción de luz de este material y a su buena conductividad, similar a la del silicio. Por ahora, las de Saule han alcanzado el 3% y esperan llegar al menos al 10% en los próximos dos años.

Malinkiewicz quiere que cualquiera pueda comprar medio metro cuadrado de lámina de perovskita, pegarla en la ventana del salón y conectar un cable para empezar a obtener electricidad barata y limpia sin costes de instalación. Al cabo de unos años, se desintegraría sin generar residuos difíciles de reciclar. Otra ventaja: esta tecnología ayudaría a Europa a competir con China por el dominio de la industria fotovoltaica. "Si haces las perovskitas realmente baratas, será imposible hacerlas aún más baratas, porque el transporte será más caro", asegura Malinkiewicz. Para lograrlo, habría que reducir su precio lo suficiente y encontrar la forma de fabricarlo rápido y sin sacrificar sus excelentes propiedades.

Para Robert Dwilinski, director de la Oficina de Transferencia Tecnológica de la Universidad de Varsovia (Polonia) y juez de MIT Technology Review Innovadores menores de 35 Polonia, esta joven ha desarrollado una tecnología que podría crear una "revolución social" en términos de generación de energía renovable y "está en el buen camino en la transferencia eficaz de la academia a la industria".

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