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Biotecnología

Luchando contra la malaria desde dentro del mosquito

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Bacterias genéticamente modificadas podrían matar al parásito de la malaria antes de que llegue a infectar personas.

  • por Amanda Schaffer | traducido por Lía Moya (Opinno)
  • 19 Julio, 2012

Un estudio sugiere que bacterias modificadas genéticamente podrían luchar contra la malaria desde dentro de los mosquitos.

Hace mucho que las organizaciones mundiales encargadas de velar por la salud intentan combatir el paludismo usando mosquiteras e insecticidas que acaben con los mosquitos portadores de la enfermedad. Pero ésta sigue cobrándose numerosas víctimas, matando a más de un millón de personas cada año.

Otra estrategia es modificar genéticamente a los mosquitos para que sean resistentes al parásito de la malaria. Hace aproximadamente una década, el investigador de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.) Marcelo Jacobs-Lorena creó este tipo de mosquitos -que generaron sus propios péptidos antipalúdicos- en un trabajo que apareció publicado en la revista científica Nature. Este método, que parecía prometedor en el laboratorio, ha sido difícil de poner en práctica en la realidad.

Una de las razones por las que no es tan fácil llevarlo a la práctica es que, aunque los investigadores soltaran millones de mosquitos modificados genéticamente en una zona específica, a ello no le sigue necesariamente que los insectos se diseminen o desplacen a otros mosquitos ya presentes, a no ser que tengan alguna otra ventaja genética, explica Jacobs-Lorena.

Él y su equipo han decidido seguir un camino diferente: en vez de manipular los mosquitos directamente, se han centrado en las bacterias que viven simbióticamente en el intestino del mosquito y las han modificado para producir compuestos que interfieren con el desarrollo del parásito.

El parásito de la malaria, cuyo nombre científico es Plasmodium falciparum, debe completar una parte clave de su vida dentro del intestino medio del mosquito antes de poder transmitirse a los humanos. Así que las bacterias presentes en esa zona están bien situadas para transmitir compuestos antipalúdicos. Cuando el mosquito se alimenta de sangre –es decir, cuando pica a alguien- las bacterias en su intestino medio también proliferan gracias al aporte de nutrientes de la sangre.

“Es muy práctico y muy ingenioso”, afirma Jesús Valenzuela, experto en paludismo del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.

En un trabajo aparecido en línea esta semana en la publicación Proceedings of the National Academy of Sciences, Jacobs-Lorena empapó algodones en una suspensión de azúcar y bacterias modificadas genéticamente y permitió a los mosquitos alimentarse con ella. Las bacterias se instalaron en el intestino medio de los mosquitos y aparentemente se quedaron allí. Después, él y su equipo alimentaron a los mosquitos con sangre infectada con Plasmodium.

Jacobs-Lorena y su equipo habían modificado las bacterias para segregar varios péptidos antipalúdicos distintos. Los dos más eficaces fueron un péptido derivado del veneno del escorpión que se inserta en la membrana del parásito, haciendo que tenga escapes; y el EPIP, que impide al parásito invadir el intestino medio del mosquito.

De los mosquitos que recibieron bacterias productoras de péptido de escorpión o de EPIP, solo el 14 y el 18 por ciento respectivamente se infectaron con el parásito. En el grupo de control, en cambio, se infectaron el 90 por ciento de los mosquitos.

Jacobs-Lorena afirma que el próximo paso es probar este método en un entorno real. Los investigadores aún intentan resolver cómo introducir bacterias modificadas genéticamente en el mundo real. Según el investigador, una opción podría ser dejar vasijas de barro con algodón impregnado de azúcar y bacterias en varios lugares cerca de algún pueblo donde los mosquitos suelan ir a alimentarse.

Jacobs-Lorena y su equipo también tendrán que convencer a las poblaciones y autoridades locales de que les permitan poner en marcha este planteamiento. Las bacterias modificadas no parecen una amenaza para otros animales o personas. Pero, añade, “cuando se trata de organismos modificados genéticamente sueltos en la naturaleza, es un asunto muy delicado”.

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