
EL LUGAR
Pyeongtaek,
Corea del Sur
Los modelos de IA generativa funcionan con potentes chips conocidos como GPU, que dependen de pilas de chips de memoria especializada integrados junto al procesador. Para satisfacer la creciente demanda de memoria, Samsung está construyendo un descomunal complejo de fabricación de semiconductores en Pyeongtaek (Corea del Sur). Tres plantas ya operan las 24 horas del día y una cuarta está a punto de entrar en funcionamiento. La construcción de una quinta se paralizó durante una caída de la demanda de chips de memoria en 2024, pero se reanudó cuando el auge de la IA disparó de nuevo la demanda.
Es poco antes del mediodía de un lunes y los obreros de la construcción salen en tropel de las fábricas de Samsung en Pyeongtaek, una localidad agrícola al sur de Seúl donde los arrozales lindan con un extenso complejo de fabricación de chips. Miles de trabajadores, vestidos de negro de pies a cabeza con chalecos de color azul celeste, se quitan los cascos en los que figuran sus nombres y el número de fábrica.
Van a comer a pie, sudorosos y acalorados, con zapatillas voluminosas provistas de punteras de goma amarilla. Algunos se suben a patinetes o motos para desplazarse por el campus, que ocupa una superficie similar a la de Central Park en Nueva York. Comen en bufés, restaurantes informales y locales de estofado de ternera, pasando junto a pancartas que anuncian alquileres de corta estancia para estudios. Algunos se acercan a las inmobiliarias para informarse, situándose ante los mismos mostradores donde los ingenieros en plantilla de Samsung compran nuevas viviendas.
Frente a la cuarta fábrica, me encuentro con Choi Hye-rin, una técnica de seguridad de 35 años, mientras se seca la frente con un pañuelo. Al amanecer, se subió a uno de los autobuses lanzadera que trasladan a los trabajadores desde Songtan, un distrito más antiguo y humilde. Supervisa la seguridad de una cuadrilla encargada de montar conductos de cables. Redacta informes, inspecciona equipos y revisa las sustancias químicas que manipulan los operarios. Es una de los cientos de mujeres que trabajan en la obra, muchas de ellas empleadas como señalistas que caminan por delante de la maquinaria pesada.
Aquí la seguridad es una prioridad absoluta. Tras el almuerzo, la construcción se reanuda al instante. Las excavadoras pasan junto a estructuras de acero de color rojo óxido que se elevan a gran altura bajo las grúas torre. En las pancartas colgadas de las vigas más altas se lee: "Aunque el trabajo se retrase, no tengas prisa". Un panel led gigante anuncia a los ganadores de un concurso de poesía sobre seguridad. Sobre las taquillas reposan cascos con pegatinas que proclaman: "No trabajaré si no es seguro". Al otro lado de la calle, relucen las fábricas ya terminadas.
Junto a los mensajes de advertencia, se respira cierta urgencia en el ambiente. Samsung prevé que la demanda de chips de memoria seguirá disparándose hasta 2028. Y durante años, la compañía vio cómo su rival nacional SK Hynix tomaba la delantera en el mercado global de los modelos de gran ancho de banda que impulsan los aceleradores de IA de Nvidia. (Mientras tanto, el fabricante taiwanés de chips TSMC ha dominado el negocio de fundición, produciendo chips diseñados por otras empresas.) La ampliación de Pyeongtaek es el intento de Samsung de recuperar su liderazgo en el ámbito de los chips de memoria.
Aunque el calor puede ser brutal y las zonas de trabajo están abarrotadas, Hye-rin no tiene intención de marcharse. "Aquí la paga es más alta que en otras obras y el trabajo es relativamente fácil", afirma. Cobra 140.000 wones (97 dólares) al día y espera que este auge la mantenga ocupada durante un tiempo: "Al final, siempre vuelves".

