Cada año, los accidentes de tráfico se cobran la vida de más de un millón de personas y son la principal causa de muerte entre niños y jóvenes. En Estados Unidos, 100 personas al día pierden la vida de este modo, en muchos casos no en autopistas, sino en carreteras rurales y vías urbanas. "Las muertes de tráfico son una de las principales causas de mortalidad evitable y, sin embargo, las tratamos como si fueran inevitables", afirma Leah Shahum, fundadora y directora de Vision Zero Network, una organización sin ánimo de lucro centrada en lograr que las calles sean menos letales.
Los puntos de fricción
Las causas de un accidente pueden resultar difusas. Los conductores cometen errores, como superar el límite de velocidad o distraerse, pero las infraestructuras también les fallan: tal vez circulaban por una carretera diseñada para la velocidad y no para la seguridad, en un vehículo repleto de pantallas o en una intersección donde los peatones, los ciclistas y otros coches no son visibles.
Abundan las medidas económicas y de contrastada eficacia para calmar el tráfico (desde utilizar jardineras para estrechar las intersecciones hasta reducir los límites de velocidad), pero el bloqueo institucional y la burocracia pueden ser un bache en el camino. "Hay muchísimos factores en juego", afirma Laura Sandt, del Centro de Investigación sobre Seguridad Vial de la Universidad de Carolina del Norte. "Por otra parte, esto demuestra que tenemos muchísimas oportunidades para prevenir lesiones".
Los avances
El número total de muertes en accidentes de tráfico ha aumentado a lo largo del último siglo. Y aunque la tasa en EE. UU. ha disminuido desde un pico de 30,8 muertes por cada 100.000 habitantes en la década de 1930, en los últimos diez años se ha registrado un preocupante repunte de atropellos mortales. Al mismo tiempo, las comunidades están tomando conciencia del papel esencial de las políticas de seguridad vial, señala Shahum.
Un caso de éxito es el de Hoboken, Nueva Jersey, que no ha registrado ninguna víctima mortal de tráfico desde 2017. Esto se debe a una combinación de medidas como el aumento de la inversión en transporte público, el fomento del tránsito peatonal mediante la ampliación de aceras y el uso de cámaras para identificar intersecciones con alta siniestralidad que requieren un rediseño. Pero incluso allí persisten los obstáculos. Si no se ha demostrado que un cruce sea letal, por ejemplo, defender la eliminación de plazas de aparcamiento para ensanchar las aceras puede resultar una batalla cuesta arriba. "Con estas mejoras es como si estuvieras vendiendo un seguro, y eso no siempre resulta fácil", afirma Greg Francese, director en funciones de Transporte y Aparcamiento de la ciudad.
Tampoco existe una fórmula mágica que funcione en todas partes. Situada justo al otro lado del río frente a la ciudad de Nueva York, Hoboken es una urbe muy orientada al transporte público y con menos de 60 000 habitantes. El éxito cosechado allí podría no ser extrapolable a puntos negros de siniestralidad vial como Memphis o Dallas. Pero no es imposible. Tomemos el ejemplo de Edmonton, en Alberta: una extensa ciudad canadiense de alrededor de un millón de habitantes volcada en el automóvil. Entre 2015 y 2020, redujo las víctimas mortales de tráfico un 63 % y los heridos graves un 40 % mediante el ajuste de los límites de velocidad y la mejora de la señalización en los pasos de peatones.
Indicador de progreso ............ 6
Sabemos cómo modificar las intersecciones y ajustar los semáforos. Conseguir la financiación y la voluntad para implementar esos cambios es el gran semáforo en rojo.

