Librar a la Tierra de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (también conocidas como PFAS o "químicos eternos") podría eliminar una larga lista de males para las personas y el planeta. Utilizadas durante décadas en todo tipo de productos, desde sartenes antiadherentes hasta espumas contra incendios, las PFAS se han vinculado a un mayor riesgo de problemas de fertilidad, retrasos en el desarrollo, cáncer y una menor respuesta inmunitaria. Se caracterizan por un fuerte enlace entre el carbono y el flúor, que al medioambiente le cuesta enormemente descomponer.
Los escollos
Las PFAS están por todas partes: emanan de las fábricas y se desprenden de los productos hacia el agua con el uso habitual. La comunidad científica las ha encontrado en todas partes, desde la sangre humana hasta la nieve de la Antártida. Un informe de 2022 reveló que el 89 % de la población estadounidense presentaba niveles de PFAS superiores a dos nanogramos por mililitro de plasma sanguíneo, un umbral habitual para posibles efectos adversos sobre la salud, y que el 9 % había superado el nivel más peligroso de 20 nanogramos por mililitro.
El monstruo de los PFAS es, además, un blanco móvil. Se siguen creando y utilizando nuevos compuestos. Existen más de 12.000 y gran parte de la investigación sobre su eliminación se centra solo en un pequeño puñado.
Los avances
Descontaminar el suelo contaminado por PFAS es un proyecto que aún se encuentra en una fase muy incipiente, pero es posible evitar una mayor acumulación extrayendo las sustancias químicas de los sistemas hídricos. Hay dos formas de abordarlo: atraparlas o destruirlas. Algunos científicos han descubierto que la ósmosis inversa (un proceso que hace pasar el agua a través de filtros extremadamente tupidos) resulta útil en aplicaciones en el punto de uso, como los filtros de agua en los fregaderos.
Otras técnicas en desarrollo podrían ser más adecuadas para la eliminación a gran escala (por ejemplo, en plantas de tratamiento de agua). Una de ellas, denominada fraccionamiento por espuma, genera burbujas que atrapan los PFAS. También se están investigando otros enfoques, como atrapar estas sustancias químicas en capas nanométricas de metal cargado.
Sin embargo, atraparlos no es una solución perfecta. Te queda una salmuera cargada de PFAS que, si no se destruye adecuadamente (una tarea costosa y que consume muchísima energía), aún puede terminar en el medio ambiente.
Jack Huang, profesor de ciencias agrícolas y del suelo en la Universidad de Georgia, trabaja en su destrucción. Está probando un método denominado degradación electroquímica, que utiliza electrodos para romper los enlaces que mantienen unidos los PFAS. El producto destruyó más del 90 % de la masa de PFAS en los ensayos y ya ha sido licenciado por la consultora de ingeniería AECOM.
Eliminar los PFAS de nuestra vida también es un reto político. Existen alternativas; solo necesitamos el impulso para utilizarlas. Y ya hemos tenido éxito antes: el Programa de Gestión del PFOA 2010/2015 de la EPA ha ayudado a reducir en un 95 % la liberación de ácido perfluorooctanoico repelente al agua. Más recientemente, Minnesota, Maine y Nuevo México han aprobado prohibiciones sobre los PFAS en productos como utensilios de cocina e hilo dental.
Medidor de progreso ............ 6
La comunidad científica está logrando grandes avances en la eliminación y destrucción de las PFAS (pero todo será en vano si no cerramos el grifo).

