Vunjak-Novakovic se muestra muy entusiasmado con la investigación. “Han puesto a la naturaleza a trabajar para ellos,” afirma. “Y han demostrado que la distribución vascular supone una gran diferencia dentro de la funcionalidad de los tejidos cardíacos creados a partir de ingeniería.”
De alguna forma, los vasos sanguíneos puede que sean más importantes que las miocitas. “Ese es uno de los temas más importantes de los que no nos solemos atrever a hablar,” afirma Schoen desde Harvard. “Nadie sabe si las miocitas son necesarias. Quizás si inyectásemos algo que revascularice el área dañada del corazón, puede que sea todo lo que necesitamos hacer.”
De hecho, en el estudio de Cohen, las ratas que recibieron un parche vascularizado sin miocitas también mostraron mejoras en su función cardiaca. Estos parches sin células miocitas también se integraron con el tejido local y lograron endurecer la cicatriz que queda después de un infarto. Ese reforzamiento por sí solo puede que ayude a mejorar la elasticidad de la pared cardiaca dañada y, por tanto, mejore la contractibilidad, afirma Cohen.
Con o sin miocitas, el método aún no está listo para aplicarse en la clínica. “Es un avance significativo dentro de la investigación que demuestra un método para cultivar vascularización dentro de un tejido creado a partir de ingeniería,” afirma Schoen. “No obstante, no estamos significativamente cerca de lograr crear parches de músculo cardiaco para pacientes con enfermedades del corazón.” Por un lado, la estrategia requiere dos rondas de cirugía: una para implantar el parche en el abdomen y otra para trasladarlo al corazón. Y Cohen señala que los pacientes con enfermedades coronarias generalmente no están en condiciones de tolerar ese tipo de tratamiento tan invasivo.
Sin embargo, el modelo podría ayudar a los científicos a comprender mejor los mecanismos moleculares que provocan la vascularización—y eso podría llevar al cultivo de parches con vasos sanguíneos antes de proceder a su implante. Mejor aún, afirma Cohen, sería crear un material que indujese la regeneración del corazón por sí solo—algo en lo que ella y sus colegas están trabajando. “Creo que todos estos enfoques deberían ser técnicamente posibles,” afirma Cohen. “Sólo necesitamos mejorar los procesos científicos para conseguir el mejor de todos.”
