A principios de esta semana asistí a la proyección de You Can See Everything, el nuevo y comentado documental sobre la exconsejera delegada de biotecnología caída en desgracia Elizabeth Holmes.
Fui a verla sin saber muy bien qué esperar. Había evitado los spoilers (¡y aquí tampoco voy a destripar nada!). Me preguntaba qué nueva información podría revelar esta película, dado lo familiarizados que estamos muchos con la historia de Theranos gracias a años de cobertura mediática, el libro superventas Bad Blood y la serie de Hulu The Dropout, protagonizada por Amanda Seyfried.
Al igual que muchos otros que han visto la película, salí con una sensación de inquietud. Pero no solo por el fraude de Holmes y las interacciones, hasta cierto punto perturbadoras, entre los protagonistas. La película reavivó una preocupación que he tenido al cubrir temas de ciencia durante la mayor parte de mi carrera: a pesar de nuestros mayores esfuerzos, en realidad nunca podemos verlo todo.
Por si necesitas refrescar los detalles, Elizabeth Holmes abandonó la Universidad de Stanford en 2003 para dirigir Theranos, una empresa de diagnóstico que fundó con tan solo 19 años. Más adelante, llegó a afirmar que su compañía había inventado un método para realizar más de 100 pruebas diagnósticas con apenas unas gotas de sangre.
Holmes recaudó cientos de millones de dólares para Theranos, que estaba valorada en 9.000 millones de dólares en 2014. Forbes la nombró la multimillonaria hecha a sí misma más joven: su patrimonio ascendía a 4.500 millones de dólares cuando tenía tan solo 30 años.
Todo empezó a desmoronarse en 2015, cuando una investigación de The Wall Street Journal sacó a la luz las alertas de exempleados de Theranos que aseguraban que los análisis no funcionaban. Algunos también afirmaron que el dispositivo de la empresa no se había probado adecuadamente y que, en su lugar, las muestras de sangre se habían analizado en máquinas de otros fabricantes. MIT Technology Review lo consideró uno de los mayores fracasos tecnológicos de 2015.
Para 2016, Forbes ya había rebajado el patrimonio estimado de Holmes a 0 dólares. Ese mismo año, un demoledor informe gubernamental reveló que el laboratorio de la empresa tenía problemas con los procedimientos más básicos y entregaba resultados a los pacientes aun a sabiendas de que podían ser erróneos.
En 2018, Theranos, Holmes y el expresidente de la compañía Ramesh Balwani fueron acusados de «fraude masivo». En 2022, fue condenada a algo más de 11 años de prisión por defraudar a los inversores. Comenzó a cumplir su condena en mayo de 2023.
Aproximadamente un mes antes de esto, los cineastas Nathan Fielder, Lance Oppenheim y sus colaboradores comenzaron a documentar a Holmes y a su pareja, Billy Evans, en casa con sus dos hijos pequeños. No desvelo nada si digo que se trata de un retrato sumamente íntimo —al menos sobre cómo interactúan ambos adultos con Fielder, quien también es un personaje central en la película—.
Como ya sabrás si has visto el tráiler, abundan los primerísimos planos. Sentí como si hubiera pasado casi toda la película mirando fijamente a los rostros de esas personas. Y, prácticamente de principio a fin, todos parecían estar intentando descifrarse mutuamente. Holmes es conocida por su falta de honradez, pero dejó entrar a las cámaras en su casa en un aparente intento de cambiar el relato y posicionarse como una persona honesta con una mente insólita. ¿Habrá alguien que la crea?
No pude evitar sentir cierta empatía por Holmes, una madre a la que vemos prepararse para dejar a sus dos hijos y cumplir una larga condena en prisión. Y, a pesar de conocer los hechos desde hace mucho tiempo, resulta evidente que Holmes es una manipuladora consumada. Puedes verla sembrar la semilla de la duda en la mente de Fielder. Por momentos, sentí que me estaba convenciendo incluso a mí, sentado en mi butaca de cine. ¿Quizá de verdad no tenía intención de mentir?
Pero entonces recordé cómo se sintieron otros periodistas tras dejarse engañar por sus afirmaciones. «Metí la pata», reflexionaba Roger Parloff, de Fortune, en 2015, un año después de publicar un perfil sobre Holmes y su empresa. «Estoy bastante seguro de que me mintió», escribió hace poco Matthew Herper, de STAT, tras haber entrevistado a Holmes en 2015. Incluso el exempleado convertido en denunciante Tyler Shultz, que sabía que el producto no funcionaba, reconoció que podía «tener una conversación de cinco minutos con ella y marcharme con la sensación de que mi trabajo estaba cambiando el mundo», declaró en 2022.
No cubrí Theranos en la década de 2010. Si hubiera entrevistado a Holmes, ¿me lo habría creído todo?
Una de las primeras señales de alarma en el caso Theranos fue la falta de datos publicados y revisados por pares. Gran parte del trabajo de la empresa estaba catalogado como «secreto comercial». Los científicos suelen publicar sus investigaciones en revistas especializadas —un proceso lento que implica que expertos en la materia, a menudo anónimos, evalúen el trabajo, aporten comentarios, señalen conclusiones dudosas y, con frecuencia, soliciten aclaraciones—. La revisión por pares está pensada para aportar rigor al proceso de publicación. Deberías poder confiar en los artículos científicos publicados.
Salvo que a veces no puedes.
Los científicos no son perfectos. Algunos exageran sus resultados o inflan su relevancia. Otros manipulan datos para respaldar una hipótesis. A veces estas infracciones se detectan durante la revisión por pares, pero no siempre. Sobran los ejemplos de hallazgos científicos que otros laboratorios jamás pudieron replicar y que acabaron desmoronándose bajo el peso de las pruebas reales. Muchos estudios terminan con correcciones. Algunos se retiran—en 2023 se retractaron 10.000 artículos de investigación.
En cualquier caso, se ha producido un cambio de tendencia hacia compartir la investigación por otras vías. Hoy en día, muchos científicos optan por publicar sus trabajos en servidores de preprints como arXiv, medRxiv y bioRxiv antes de enviarlos a revistas consolidadas. Esas plataformas eluden la revisión por pares. Lo mismo ocurre con las notas de prensa corporativas, las publicaciones en redes sociales y muchas ponencias en congresos. Y yo obtengo muchos de mis reportajes a partir de conversaciones y entrevistas.
Reconozco que he visto algún hallazgo científico y he pensado: «Un científico acaba de decir que ha hecho eso. ¿Cómo puedo tener la certeza de que realmente lo ha hecho?».
Me gusta pensar que aquí me atengo a unos altos estándares periodísticos, al igual que todo el equipo de MIT Technology Review. Jamás publicaría una historia sobre un nuevo avance científico sin hacer mi propia versión de revisión por pares y preguntar a los científicos —idealmente personas a las que conozco y en las que confío— qué opinan de una nueva afirmación.
Pero la película es un duro recordatorio de lo fácil que puede ser caer en una narrativa atractiva. Aunque la mayoría de los científicos son, confío en ello, bastante honestos, y Holmes es sin duda un caso atípico, todos deberíamos seguir cuestionando las afirmaciones que nos presentan. Si has visto la película, ¡cuéntame qué te ha parecido!
Este artículo se publicó por primera vez en The Checkup, el boletín semanal de biotecnología de MIT Technology Review. Para recibirlo en tu bandeja de entrada todos los jueves y leer artículos como este antes que nadie, suscríbete aquí.

