La eficiencia del motor de Stirling está limitada por la diferencia de temperatura entre los laterales frío y caliente. Normalmente, para alcanzar las altas temperaturas necesarias a partir de la luz solar es preciso utilizar espejos y lentes para concentrar la luz, así como sistemas de seguimiento para que los concentradores apunten siempre al sol. Los concentradores necesitan la luz solar directa, así que no funcionan los días nublados, y son demasiados voluminosos para poder ser montados en el techo de una casa.
Para poder fabricar un motor Stirling que resulte práctico, que funcione a bajas temperaturas y que no necesite concentradores, los ingenieros de Cool Energy hicieron uso de un problema que en los motores convencionales provoca que se malgaste la energía: las fugas de calor de la parte caliente del sistema a la parte fría, que provocan que la diferencia de temperatura entre ambos lados disminuya. Esto ocurre debido a que los materiales necesarios para alcanzar las altas temperaturas y presiones—que normalmente son metales—son conductores del calor. El hecho de trabajar con temperaturas más bajas, permitió a los ingenieros utilizar materiales como plásticos y ciertos tipos de cerámica que no conducen el calor, con lo que se reducen las pérdidas. Estos materiales también ayudan a reducir costes: son más baratos que algunos de los materiales que se usan normalmente, y no requieren lubricación, con lo que se mejora la fiabilidad de los motores y se reducen los costes de mantenimiento.
En la actualidad, los ingenieros de Cool Energy se encuentran en fase de montaje del tercer prototipo de la compañía, con el que afirman serán capaces de alcanzar los objetivos de eficiencia a finales de este verano, tras lo cual esperan poder empezar a probar los sistemas piloto fuera del laboratorio. De aquí a dos años, tienen previsto fabricar la cantidad suficiente de sistemas como para abaratar los costes y alcanzar los objetivos de recuperación de la inversión.
