Como estudiante de ingeniería y ciencias de la computación en el MIT, Downey funda un grupo que construye drones y compite contra otras universidades.
Mientras trabaja en Boeing, desarrolla software de control de vuelo para un helicóptero autónomo financiado por el Pentágono.
Funda la startup Airware debido a su frustración con los sistemas de piloto automático para aeronaves no tripuladas, a los que califica como “inflexibles y costosos”, lo que dificultaba añadir nuevas capacidades. También pasa cinco meses pilotando un avión turbohélice transportando turistas entre Las Vegas y el Gran Cañón.
Airware envía su primer software de control a fabricantes de drones.
Airware lanza varios productos para ayudar a grandes empresas a utilizar drones. Uno de ellos es un software diseñado por antiguos desarrolladores de videojuegos que permite a las empresas tomar fotografías aéreas de instalaciones extensas con la misma facilidad con la que se haría clic en un mapa. State Farm usa la tecnología de Airware para inspeccionar tejados dañados por tormentas.
Reguladores de EE. UU. eliminan restricciones que limitaban estrictamente el uso de drones en empresas, despejando el camino para que más compañías utilicen los servicios de Airware.
La Asociación de Sistemas de Vehículos No Tripulados predice que para este año los drones comerciales habrán generado 80 mil millones de dólares en valor comercial y creado 100,000 empleos. Según Downey, “No podremos imaginar hacer nuestro trabajo sin ellos.”

