Llevo pegado a mis distintas pantallas desde que anoche comenzaron a llegar los resultados de las elecciones de mitad de mandato. Y no tardó en verse el inicio de la «ola azul»: los demócratas se hicieron con el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado de Estados Unidos, un giro radical respecto a la victoria de Donald Trump hace dos años.
Aunque los resultados son llamativos, probablemente no veamos algunos de los grandes giros en las políticas climáticas y energéticas que se han producido en los últimos años a medida que el Congreso y la presidencia cambiaban de manos. En su lugar, entramos en un periodo de gobierno dividido, con un Congreso que probablemente se enfrentará a la Casa Blanca de Trump durante los próximos dos años. Pero, aunque no sea probable que el gobierno federal apruebe leyes que reformen profundamente la política energética y climática, los resultados de las elecciones de mitad de mandato podrían ser muy relevantes para la energía, sobre todo a escala estatal y local.
Demos un paso atrás por un momento para poner estos resultados en contexto. Quizá recuerdes las leyes de gran calado sobre clima y energía aprobadas en apenas los últimos cuatro años. La Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de 2022 incluyó un respaldo masivo a las energías limpias, con créditos fiscales, subvenciones públicas y préstamos. Después, la ley «One Big Beautiful Bill Act» de 2025 recortó drásticamente gran parte de las ayudas y los incentivos financieros que la IRA había establecido dos años antes.
Lo que tenían en común esas dos leyes era un periodo en el que el Gobierno estaba totalmente unificado, con el Senado, la Cámara de Representantes y la presidencia bajo el control del mismo partido: los demócratas en el primer caso y los republicanos en el segundo.
Ahora los demócratas han obtenido la mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Pero Donald Trump sigue en la Casa Blanca. Y, lo que es crucial, ninguna de las dos cámaras está ni remotamente cerca de una mayoría demócrata de dos tercios. Esa es la proporción que se necesitaría para anular un veto presidencial.
Así pues, incluso si el Congreso saca adelante nueva legislación para impulsar las medidas climáticas y la energía limpia, Trump tendrá que firmarla —y eso reduce drásticamente el alcance de lo que podría ocurrir a nivel legislativo de aquí a las próximas elecciones—.
Podría haber ciertos acuerdos bipartidistas. Una iniciativa legislativa interesante a la que prestar atención justo después de las elecciones es lo que ocurra con la reforma del sistema de concesión de permisos. A finales de septiembre, un grupo bipartidista de senadores presentó un proyecto de ley que reformaría a fondo la manera en que se revisan y aprueban los nuevos proyectos energéticos en EE. UU. La ley pretende reducir la burocracia y agilizar el proceso de autorización.
Está previsto que el Senado vote ese paquete de medidas, denominado «Bipartisan American Affordability and Jobs Act», el 9 de noviembre, antes de que el nuevo Congreso tome el control en enero. La Casa Blanca ha respaldado el proyecto de ley, y este podría salir adelante en el Senado si tan solo un puñado de demócratas se une a la mayoría republicana. Pero ahora es posible que veamos a los demócratas esperar hasta el año que viene para intentar renegociar un acuerdo, aunque cualquier propuesta tendría que recibir el visto bueno de Trump.
Con el control demócrata del Congreso, es probable que veamos un escrutinio mucho mayor hacia Trump y las agencias dirigidas por personas designadas por él. Los líderes demócratas ya han mostrado su intención de pedir cuentas a dirigentes como el administrador de la EPA, Lee Zeldin, por los recortes de plantilla y de inversiones. Los demócratas tendrán la potestad de citar a declarar a miembros del gabinete y abrir investigaciones.
Más allá de los resultados nacionales, una tendencia clave que habrá que seguir de cerca a partir de ahora será la acción local. Los demócratas arrasaron y se hicieron con el control en Pensilvania, donde las autoridades ya han anunciado planes para respaldar las energías renovables y las iniciativas destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los demócratas también asumieron el control de la Comisión de Servicios Públicos de Georgia por primera vez en 30 años. Este organismo regula las compañías eléctricas, lo que en la práctica supone controlar buena parte de la ampliación y modernización de la red eléctrica.
Sin embargo, uno de los impactos de mayor alcance de estos resultados electorales recaerá sobre el sector de los centros de datos. Según el seguimiento realizado por Ballotpedia, se celebraron 41 consultas electorales a escala local vinculadas a estas instalaciones. Y, de forma abrumadora, los votantes optaron por restringir su desarrollo. En la mañana del 4 de noviembre, prácticamente la totalidad de estas medidas parecía inclinarse en contra de la implantación de nuevos centros de datos.
Asimismo, los críticos con la IA obtuvieron buenos resultados en sus elecciones. La demócrata Gina Hinojosa se hizo con el puesto de gobernadora de Texas, desbancando al titular republicano Greg Abbott. Durante su campaña, Hinojosa reclamó una ley para paralizar por completo el desarrollo de centros de datos; de aprobarse, podría tener importantes repercusiones tanto para la red eléctrica estatal como para el sector de los centros de datos en general.
Es posible que no veamos una nueva y drástica legislación federal sobre clima o energía de aquí a las próximas grandes elecciones de EE. UU. Pero muchos votantes dejaron claro, y con bastante fuerza, que querían un cambio. Ya veremos cuánto cambia en los próximos dos años y en qué situación nos deja.
Este artículo es de The Spark, el boletín semanal sobre clima de MIT Technology Review. Para recibirlo en tu bandeja de entrada cada miércoles, suscríbete aquí.

