Esto puede sona más como lo que le diría un padre sobreprotector a su hijo, aunque en realidadnes la forma en la que la mayoría de nosotros debería empezar a pensar ennrelación a las decisiones del día a día y su potencial para conduci os hacianhábitos nocivos y consecuencias mortales. Es difícil creer que esto sea cierto,naunque recientemente un grupo de investigadores ha realizado un interesantenanálisis sobre el tema y los resultados apoyan la idea de que las decisionesnpersonales, y aquellas que a menudo resultan bastante mundanas, son lanprincipal causa de muerte prematura en los Estados Unidos (y sospecho que unancifra similar también se da en el resto del mundo desarrollado).nnnn
Uno denlos análisis más interesantes sobre los modos en que nuestras decisiones nosnmatan es el realizado por Ralph Keeney (Operation Research, 2008), en el quenRalph sostiene que un 44,5% de todas las muertes prematuras en los EE.UU. sonnel resultado de decisiones personales--decisiones que, entre otras cuestiones,nestaban relacionadas con fumar, no hacer ejercicio, la delincuencia, el consumonde drogas y alcohol, así como los comportamientos sexuales de riesgo. En su análisis Ralph definencuidadosamente la naturaleza tanto del tipo de decisión personal como de lo quense considera como muerte prematura. Por ejemplo, morir prematuramente en unnaccidente automovilístico causado por un conductor ebrio no se considera comonprematuro dentro de este marco puesto que la decisión de conducir a algún luga no es algo que lógicamente pueda conectarse a la muerte prematura. A menos, po supuesto, que la persona que muera sea también el conductor ebrio, en cuyo casonsí se cuenta como muerte prematura causada por malas decisionesnpersonales. Esto se debe a que landecisión de conducir ebrio, y morir como resultado de ello, son conceptosnclaramente relacionados. De estanmanera se puede examinar un gran conjunto de casos con varias rutas de decisiónndisponibles (el conductor ebrio también tiene la opción de tomar un taxi,nviajar con un conductor designado, o llamar a un amigo), así como casos en losnque estas rutas de decisión no son elegidas a pesar de que no incidanndirectamente en el mismo resultado negativo (es decir, la muerte). Como muestrande ejemplos distintos, tengamos en cuenta las decisiones de fumar (cuando nonfumar es una opción), de comer en exceso (cuando vigilar nuestro peso es unanopción), o para aquellas personas con enfermedades a largo plazo, dejar dentomar insulina o medicación para el asma cuando estos fármacos son importantesnpara mantener la salud.
Usandonel mismo método para examinar las causas de muerte en 1900, Keeney consideranque durante este tiempo sólo un 10% de las muertes prematuras se debieron andecisiones personales. En comparación con nuestro 44,5% de muertes prematurasnactual, causadas por decisiones personales, parece que en relación a ese facto de medición de toma de decisiones que nos acaban matando hemos "mejorado"n(por supuesto, esto significa que en realidad hemos empeorado y mucho)ndrásticamente a lo largo de los años. nY no, esto no se debe a que nos hayamos transformado en una nación denconsumo masivo de alcohol y de fumadores asesinos, sino que en gran parte lasncausas de muerte como la tuberculosis y la neumonía (las causas más comunes denmuerte en el siglo XX) son mucho más raras en nuestros días, y la tentación ynnuestra capacidad de tomar decisiones erróneas (pensemos en los mensajes dentexto mientras conducimos) se han incrementado dramáticamente.
Lo quenquiere decir este análisis es que en vez de depender de factores exte os paranmantene os vivos y saludables durante más tiempo, podemos (y debemos) aprende a confiar en nuestras capacidades para tomar decisiones con el fin de reduci el número de errores tontos y costosos que cometemos.
Lancuestión, entonces, reside en cómo ayudar a la gente a que tome mejoresndecisiones. O por lo menos mejores decisiones en lo referente a su salud. Sincasi la mitad de las muertes prematuras en los EE.UU. se pudieran evita tomando mejores decisiones, para mí está claro que valdría la pena gastar muchonmás tiempo y esfuerzo en difundir los conocimientos que hemos adquirido enncuanto a ciencias sociales sobre las principales formas en que las personasnacaban no tomando buenas decisiones. nPor supuesto, es demasiado optimista esperar que sólo con mostrar a langente qué errores pueden cometer se vaya a solucionar el problema, aunquenpersonalmente yo sería feliz incluso si se redujese mínimamente el número dendecisiones catastróficas. Elnsiguiente paso que debemos tomar consiste en ampliar la investigación encargadande examinar qué tipo de métodos fomentan una toma de decisiones más sana, ynllevar a cabo mucha más investigación en áreas que podrían ayuda os a limita nuestros errores. Por ejemplo, basándonos en investigaciones acerca de cómo lasnpersonas toman distintas decisiones cuando se excitan sexualmente, podríamosnconcentra os en proporcionar una educación sexual integral y que enseñase anlos adolescentes a tomar decisiones, mientras se encuentran inmersos en elncalor del momento. De formansimilar, mediante la comprensión de cómo la gente cree que podríamos enseñar anlas personas a disfrutar de la ingesta de frutas y verduras; cómo hace ejercicio como parte de su estilo de vida actual; y desarrollar programasneficaces para dejar de fumar. Y también ayudaría recordar, a la luz de esto,nque todas las decisiones cuentan.
