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Historia de la icónica foto de la huella lunar y el hombre que la hizo posible

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A pesar de su duro trabajo para la NASA antes de la misión Apolo 11, el experto en suelos lunares David Carrier coincidió con la futura tripulación casi por casualidad. Pero en aquel rato tuvo la genial idea de encargarles una imagen de sus primeros pasos sobre la Luna que acabaría pasando a la historia

  • por Erin Winick | traducido por Ana Milutinovic
  • 04 Abril, 2019

En los meses previos al 50 aniversario de la misión Apolo 11, compartiremos historias de las personas que hicieron posible el aterrizaje en la Luna. El primero de ellos es David Carrier, el experto en suelo lunar de aquella misión.

Cuando William David Carrier empezó a estudiar en el MIT (EE. UU.), su padre le aconsejó que estudiara cualquier cosa salvo ingeniería aeroespacial. Su padre era piloto y conocía la industria. Pero, como la mayoría de estudiantes universitarios, Carrier no hizo caso al consejo de su padre. Recuerda: "Terminé atraído como una polilla hacia la luz para trabajar en el programa de Apolo".

Durante las misiones Apolo previas, Carrier trabajó en la NASA como especialista en la mecánica de suelos lunares y como investigador principal: en otras palabras, se hizo experto en la superficie de la Luna. Antes del aterrizaje lunar del Apolo 11, corrían rumores desproporcionados sobre cómo sería realmente el suelo lunar. ¿Se hundirían los astronautas en la superficie al tocarla? ¿Y si no era sólida? Carrier decidió que él mismo hablaría con los astronautas y calmaría sus nervios.

Carrier ayudando con una simulación de perforación en Cabo Cañaveral con el astronauta del Apolo 13 Fred Haise.

Foto: Carrier ayudando en una simulación de perforación en Cabo Cañaveral con el astronauta del Apolo 13 Fred Haise. Créditos: Cortesía de David Carrier.

Al final del pasillo de su oficina en Houston (EE.UU.) estaba el equipo de geólogos encargado de formar a los astronautas in situ en El Paso (EE.UU.). Carrier cuenta: "Los astronautas básicamente obtuvieron el equivalente a un máster en geología antes de ir a la Luna. Y como me había hecho amigo de los geólogos, les pregunté: '¿Puedo ayudar con el entrenamiento?' Y ellos me dijeron: 'Claro, venga, ayúdanos'". Carrier pensó que eso podría ser su oportunidad para estar con los astronautas e impartir sus conocimientos sobre el suelo lunar.

Pero la vida se interpuso en el camino. Su esposa debía dar a luz antes de la fecha del entrenamiento, pero como lo expresó Carrier: "Nuestro hijo no nacería". Con mucha desgana tuvo que cancelar su aportación al equipo de Apolo.

Cuando comenzó el día del entrenamiento de los astronautas, el tiempo de Houston era gris. Carrier condujo hasta el Centro de las Naves Espaciales Tripuladas de la NASA atravesando la niebla, esperando un día aburrido en su oficina vacía. El día anterior, todos los demás habían volado a El Paso para recibir a los astronautas. Por suerte para Carrier, el día estaba tan nublado que se habían quedado en su base de operaciones. "La tripulación, su equipo de respaldo y el respaldo del equipo de respaldo todavía estaban en Houston y de repente no tenían nada que hacer", recuerda.

Crédito: Archivo Apolo

Carrier tenía esperanza de cumplir su deseo. Tenía una hora entera para estar con cada miembro del equipo de Apolo 11 para compartir los conocimientos que había adquirido investigando la densidad del suelo lunar en el MIT y la NASA. Carrier detalla: "Les dije que la huella de su pie tendría una profundidad de algo más de un centímetro y que los tubos centrales [un tipo de equipo de muestreo] que estaban usando no eran muy buenos. Ellos, a su vez, me desafiaron a diseñar unos mejores. Creo que les di un cierto nivel de confianza, frente a algunas de las cosas que habían escuchado y que otras personas les habían contado".

Esa conversación también dio lugar una de las fotos más icónicas de la misión. La imagen serviría para documentar el experimento de la mecánica del suelo que Armstrong y Aldrin llevaron a cabo en la Luna a petición de Carrier. "Les pedí que fotografiaran una parte intacta de la superficie lunar, que luego pisaran el suelo, retrocedieran y tomaran otra fotografía de la impresión de la huella", recuerda. Voilà: así se hizo la famosa foto.

Una foto reciente de Carrier sosteniendo a su nieto Beckett en un juego de fútbol bajo techo.

Foto: Una foto reciente de Carrier con su nieto Beckett en un partido de fútbol sala. Créditos: Cortesía de David Carrier

Aunque no pudo sentarse con los astronautas después de la misión para escuchar su experiencia de primera mano, más tarde recibió algunos comentarios en un encuentro casual. Carrier recuerda: "Me paré en la gasolinera cercana a nuestro apartamento, y enfrente de mí estaba Neil Armstrong. Él compraba gasolina y yo, una Coca-Cola. Lo primero que me dijo fue: '¡Hay más rocas de las que dijiste!'"

Carrier ahora vive en Lakeland (EE.UU.), y ha desarrollado una carrera en construcción y minería (la tierra terrestre frente la tierra lunar, se podría decir). En las imágenes de arriba, se le puede ver ayudando con una simulación de perforación en Cabo Cañaveral con el astronauta del Apolo 13 Fred Haise, y a la derecha está una foto reciente de él sosteniendo a su nieto Beckett en un partido de fútbol sala.

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