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Ilustraciones de John MacNeill

Tecnología y Sociedad

Cinco ideas para resucitar la carrera espacial y otras cinco que fracasaron

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El coste de llevar un kilogramo hasta la órbita terrestre se mantuvo estancado durante décadas, pero eso cambió hace poco gracias al Falcon Heavy y una nueva generación de lanzamientos cada vez más baratos y seguros. Pero no hay que olvidarse de aquellos proyectos que también lo intentaron sin éxito

  • por Konstantin Kakaes | traducido por Ana Milutinovic
  • 01 Julio, 2019

En las últimas décadas del siglo pasado y en las primeras del actual, el coste medio de lanzar un kilogramo a la órbita de la Tierra no se redujo prácticamente nada. La cifra se mantuvo de forma persistente en torno a los 9.000 euros, y ninguna idea nueva consiguió superar este estancamiento.

Esto bloquea la innovación: al fin y al cabo, si llevar algo al espacio resulta caro, afrontar otro tipo de riesgos de vuelve aún más difícil. Pero la opinión estaba dividida: ¿el estancamiento se debía a que nunca hubo suficiente dinero para probar las nuevas ideas? ¿O acaso se debió a que las innovaciones en la ciencia de materiales y la navegación autónoma no estaban suficientemente maduras?

Pero todo eso ha cambiado en los últimos años gracias a una nueva nave que acabó con el punto muerto. El Falcon Heavy de SpaceX permite llevar un kilogramo a la órbita por una décima parte del coste de su rival más cercano.

Ahora la pregunta clave es si este es el comienzo de un nuevo estancamiento o si, como espera Elon Musk, es el principio de una era de lanzamientos espaciales cada vez más baratos e innovadores. Para descubrirlo, tendremos que estar atentos a si estos cinco proyectos espaciales triunfan o fracasan.

Las cinco nuevas estrategias espaciales

XS-1

Desde la década de 1960, los ingenieros han soñado con naves espaciales reutilizables para que viajar al espacio sea lo más parecido a viajar en avión. Aunque nadie se ha acercado aún a esa idea, se supone que el XS-1, que Boeing está construyendo para DARPA, podrá realizar 10 vuelos en 10 días. A ese ritmo, podría llevar a la órbita casi 2.500 kilos de peso por unos 4,5  millones de euros. Los vuelos de prueba están previstos para 2020.

Starhopper

Starhopper es un prototipo de la primera etapa del Big Falcon Rocket, o BFR, de SpaceX. La compañía planea usarlo para enviar gente a Marte y realizar servicios de transporte de media hora en la Tierra entre ciudades como Nueva York (EE.UU.) y Shanghái (China). La capacidad de carga útil de BFR es aproximadamente tres veces mayor que la del Falcon Heavy, aunque Elon Musk ha dicho que cree que costará menos construirlo. Una versión anterior de Starhopper completó con éxito un vuelo de prueba anclado en Texas (EE. UU.) en abril.

New Glenn

Este cohete tiene una capacidad de carga útil en peso similar a la del Falcon Heavy, pero es mucho más ancho, con siete metros de diámetro. Eso significa que su volumen disponible es el doble. Su primera plataforma volverá para ser reutilizada, al igual que el propulsor fallido de Baikal (abajo). Blue Origin, que está construyendo el cohete, no quiere detallar fechas de vuelos de prueba, pero está compitiendo por un contrato de las Fuerzas Aéreas de EE. UU. que requeriría lanzamientos en 2022.

Anclajes

Aunque los cohetes pueden ser reutilizables y lograr economías de escala, el combustible sigue siendo un coste importante. Los anclajes podrían cambiar este escenario de dos maneras distintas. Un enfoque funciona como si se tirara una cuerda, transfiriendo el impulso de un extremo al otro. La start-up Tethers Unlimited espera utilizar esta técnica para "atrapar" satélites que no tienen suficiente energía para llegar a la órbita y darles un impulso adicional. Otro tipo de anclaje usaría el campo magnético de la Tierra para impulsar a la órbita los satélites unidos a cada extremo. Ya se han realizado algunos vuelos de prueba, y el próximo está programado para este verano.

Spinlaunch

Los anclajes pueden transferir el impulso entre los objetos que ya están en el espacio, pero ¿qué se podría hacer para darles impulso desde la tierra? Ese es el plan de la start-up Spinlaunch que en 2018 recaudó 35 millones de euros en fondos de capital de riesgo. La compañía inauguró en mayo una instalación de lanzamientos en Nuevo México (EE. UU.) y planea lanzar sus primeros satélites en 2022. Quiere lanzar hasta cinco satélites al día hasta el límite del espacio con potentes turbinas y pequeños cohetes a bordo, algo opuesto el impulso por anclajes.

Los cinco grandes fracasos

Delta Clipper (DC-X)

Durante mucho tiempo,  el objetivo de los diseñadores de cohetes ha sido el de lanzar una plataforma única a la órbita. La idea se basaba en el hecho de que evitar los cohetes de múltiples plataformas lo haría todo más barato, más rápido y más reutilizable. El DC-X a pequeña escala de McDonnell Douglas logró hacer varios vuelos suborbitales, pero el programa se canceló antes de que se pudiera construir una versión a gran escala con capacidad de orbitar. En función de a quién se le pregunte, el proyecto fue víctima de su inmadura tecnología o de burócratas con poca perspectiva. Varios ingenieros de Delta Clipper ahora trabajan para Blue Origin, cuyo cohete New Shepard se cree que está inspirado en el DC-X.

Venture Star / X-33

La NASA se gastó casi un billón de euros en el X-33, una versión suborbital de media escala de lo que habría sido Venture Star. La nave a escala completa hubiera tenido un tamaño similar al de un transbordador espacial. Y la agencia incluso creó un "puerto espacial" de 28 millones de euros para la Base Aérea de Edwards en California (EE. UU.). Pero la NASA y Lockheed Martin, la compañía que construyó el X-33, tuvieron muchos desacuerdos en el diseño, y el programa se canceló antes de que el cohete se lanzara.

Baikal

El propulsor Baikal, diseñado en la década de 1990 como una primera plataforma reutilizable para el cohete ruso Angara, fue una idea que llegó antes de su tiempo. Al igual que en la primera plataforma del cohete Falcon de SpaceX, se suponía que el Baikal debía volver para poder ser reutilizado. Pero a diferencia de la primera plataforma del Falcon, que usa el mismo cohete para aterrizar de donde despegó, el Baikal tenía un motor a reacción adicional para el aterrizaje, lo que añadió peso y complejidad.

HL-20 / HL-42

A raíz de la explosión del transbordador espacial Challenger en 1986, el HL-20 fue diseñado para llevar pasajeros de forma segura y barata a la estación espacial Freedom. Ni él ni el HL-42, su sucesor ampliado, llegaron al espacio. Sin embargo, la nave espacial Dream Chaser de Sierra Nevada (EE. UU.), que se basa en el diseño del HL-20, está programada para entregar carga desde y hacia la Estación Espacial Internacional a partir de finales de 2020.

Roton

Otra idea fallida de llevar una única plataforma a la órbita, el Roton, fabricado por Rotary Rocket, se encuentra en el puerto espacial de Mojave (EE. UU.) como una advertencia e inspiración para los futuros pioneros del espacio. Al hacer que el cohete girara rápidamente, los ingenieros esperaban eliminar la necesidad de bombas tan costosas y complicadas. Un prototipo realizó tres vuelos de prueba en 1999, pero fue difícil de controlarlo. La compañía se quedó sin dinero antes de poder resolver los problemas.

 

 

Tecnología y Sociedad

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