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AP Photo/Eric Gay

Cambio Climático

Renunciar a la mitad de la carne roja bastaría para ayudar al clima

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Si reemplazamos el 43 % de este consumo por cerdo y pollo, las emisiones dietéticas se reducirían en un 18 %, según el IPCC. La mala noticia es que si aspiramos a lograr recortes de emisiones realmente profundos, la mayoría de nosotros deberíamos hacernos veganos

  • por James Temple | traducido por Ana Milutinovic
  • 19 Agosto, 2019

Resulta que es posible reducir muchísimo nuestra huella climática sin tener que cambiar drásticamente nuestra forma de alimentarnos. Un análisis realizado el mes pasado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) revela que, en cuanto al nivel de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero sobre una dieta estándar de EE. UU., no hay mucha diferencia entre reducir el consumo de carne roja (específicamente ganado vacuno, caprino y ovino) a aproximadamente la mitad, y convertirse en vegetariano.

Estos resultados se deben a que una dieta vegetariana estándar no reemplaza toda la carne por verduras sino depende en gran medida de lácteos, huevos y otros productos de origen animal que requieren mucho terreno de cultivo y producen muchas emisiones, explica el miembro sénior de WRI y autor principal del informe, Tim Searchinger. (El veganismo produciría una reducción mucho más profunda, pero el informe no incluyó este tipo de dieta en su análisis.

Reducción de emisiones y del uso de terrenos asociada a la disminución del consumo de carne de rumiantes

Créditos: Instituto de Recursos Mundiales; (basado en una dieta media de EE. UU. en 2010, con emisiones de referencia de 1,28 toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente per cápita por año y 0,96 hectáreas per cápita por año).

Es una buena noticia para quien quiera cambiar su alimentación por razones climáticas, pero le resulta difícil renunciar a los filetes y a las hamburguesas. De hecho, se puede reducir significativamente la huella dietética (que Estados Unidos representa aproximadamente el 15 % de las emisiones) sin tener que comer menos carne. Bastaría con reemplazar el 43 % de la carne roja consumida por carne de cerdo y pollo para reducir las emisiones dietéticas en aproximadamente un 18 %.  

La ONU acaba de ofrecer un claro recordatorio de por qué es importante pensar en estas opciones. El  informe especial del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (más conocido por sus siglas en inglés, IPCC), Cambio climático y la tierra, concluye que el mundo necesita revisar su forma de producir alimentos y manejar los terrenos para controlar el calentamiento global y alimentar a una población en crecimiento en un planeta cada vez más volátil.

El texto señala que la agricultura, la silvicultura y otros cambios en el uso de la tierra representan el 23 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Los cambios en la alimentación pueden sumarse rápidamente. Una iniciativa mundial para alejarse de los "alimentos que producen emisiones intensas como la carne de vacuno" podría reducir entre 700 millones y 8.000 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero anuales. El extremo superior del rango, que se produciría si todos nos volviéramos veganos, representa casi una quinta parte de todas las emisiones relacionadas con los combustibles fósiles. Además, tal cambio en la alimentación también podría liberar millones de kilómetros cuadrados de terreno.

Pero solo con reducir la mayor parte de la carne roja, la humanidad podría marcar una gran diferencia. Esta carne proviene de rumiantes, un tipo de animal que produce una gran cantidad especialmente potente de gases de efecto invernadero.

Este estudio destaca que los rumiantes son la fuente de "alimento que más recursos requiere y con diferencia", pues generan 20 veces más emisiones de gases de efecto invernadero por gramo de proteína que las legumbres, como garbanzos, lentejas y fabes, y de cuatro a seis veces más que los lácteos. A partir de 2010, la carne aportó el 3 % de las calorías de las consumidas en la típica dieta de EE. UU., pero representó el 43 % del uso de la tierra y casi la mitad de las emisiones de la producción de alimentos. Eso, desde el punto de vista científico, es una locura.

Emisiones asociadas a diferentes alimentos

 Créditos: Instituto de Recursos Mundiales.

Una de las razones estriba en la gran cantidad de tierra necesaria para producir los alimentos que generan estos animales. Cortar, quemar, desbrozar o drenar bosques, turberas y otras tierras para soportar esta actividad libera grandes cantidades de carbono atrapado en los árboles, en las plantas y en el suelo.

Pero otro factor importante reside en que los mamíferos con estómagos de múltiples cámaras emiten enormes niveles de metano mediante sus eructos y estiércol. El metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes, pues emite alrededor de 84 veces más calor que el dióxido de carbono durante sus dos primeras décadas en la atmósfera.

Pero, aunque reducir el uso de la carne roja parece una solución obvia, será bastante difícil de lograr. Comer carne está estrechamente relacionado con cultura, con las conductas sociales y con las percepciones de valor y riqueza. A medida que las naciones se hacen más ricas, su consumo de carne aumenta. Además, ¡sabe muy bien!

Entonces, ¿cómo podríamos empezar a cambiar la situación? Los autores de WRI ofrecen algunas sugerencias, como campañas publicitarias, patrocinios de celebridades, empaquetados y exhibición de productos que fomenten un cambio en las normas culturales en torno a la carne. Los gobiernos también podrían emplear algunos incentivos de impacto, como impuestos, subsidios y tomar decisiones de compra para escuelas, oficinas federales y militares, detalla el informe.

Pero Searchinger asegura que también ayudaría mucho que las empresas mejoraran el sabor, la textura, el precio y el marketing de las alternativas a la carne, como los sustitutos a base de plantas como los de Impossible Burgers y Beyond Meats.

Cambiar el comportamiento es difícil, pero no sería la primera vez. Las preocupaciones de salud ya han motivado a los estadounidenses a reducir su consumo de carne de ternera per cápita en las últimas décadas. "Una gran razón es que el pollo se volvió muy barato y disponible", afirma el investigador de alimentos y agricultura del Breakthrough Institute Dan Blaustein-Rejto.

El experto cree que estamos empezando a ver tendencias similares con las carnes de origen vegetal. La Impossible Burger ya está disponible en todos los Burger King en Estados Unidos, y la Administración de Medicamentos y Alimentos de EE. UU. acaba de aprobar un ingrediente crucial que acelerará la llegada de este producto a las tiendas.

Pero no toda la carne animal tiene que desaparecer. Blaustein-Rejto descubrió que si la mitad de la carne de res vendida en restaurantes estadounidenses y cadenas de comida rápida se sustituye por alternativas basadas en plantas, las emisiones agrícolas de EE. UU. Se reducirían en hasta 58 millones de toneladas métricas, el equivalente a retirar 12 millones de coches en las carreteras.

También hay otros desarrollos tecnológicos prometedores. El conglomerado holandés DSM ha desarrollado un inhibidor de metano conocido como 3-nitrooxipropanol, o 3NOP, que redujo en un 30 % las emisiones de las vacas lecheras Holstein. Otros investigadores estudian la posibilidad de alimentar al ganado con pequeñas cantidades de un tipo de alga marina que reduce la producción de metano en casi un 60 %. (Ver Cómo reducir las emisiones de metano de las vacas con algas).

El informe del IPCC señala que hay formas más generales de reducir las emisiones del ganado, como manejar las tierras de pastoreo y el estiércol de manera más efectiva, cambiar a alimentos de mayor calidad y seleccionar o desarrollar razas de animales que, por ejemplo, engorden más rápido o eructen menos metano.

Searchinger destaca que puede que no tengamos todas las herramientas para llevar a cero las emisiones relacionadas con la carne, pero sí sabemos cómo hacer un "enorme progreso". "Solo se trata de tomárnoslo en serio", concluye.

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    Foto: La central nuclear de Flamanville (Francia) de EDF. Fuente: EDF