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Tecnología y Sociedad

China podría usar la ciencia occidental con fines militares, según un informe

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La 'start-up' de inteligencia Strider defiende que el país asiático se estaría aprovechando de las instituciones europeas y estadounidenses para formar a investigadores cuánticos y desarrollar tecnología militar. Sin embargo, las pruebas no son concluyentes y algunos expertos critican las insinuaciones

  • por Patrick Howell O'Neill | traducido por Ana Milutinovic
  • 16 Diciembre, 2019

La tecnología cuántica tiene el potencial de alterar la imagen de las ciberguerras y de los conflictos sobre el terreno, con avances como comunicaciones ultraseguras, radares capaces de detectar sigilosos aviones y nuevos sistemas de navegación. China, Estados Unidos y otros países están invirtiendo miles de millones en sus esfuerzos cuánticos. En Occidente, hay cierta preocupación por la posibilidad de que China se adelante.

Ahora, un nuevo informe de la start-up de inteligencia estadounidense Strider defiende que China lleva la delantera en cuanto a "aprovechar los fondos de investigación de los Gobiernos occidentales para formar a los científicos cuánticos chinos en los institutos de investigación occidentales". En el centro de esta estrategia está el hombre conocido en Pekín (China) como el "padre de lo cuántico" de este país, Jian- Wei Pan, destaca el informe, al que tuvo acceso MIT Technology Review.

El informe detalla la estrecha colaboración entre la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC), donde trabaja Pan, y la Universidad de Heidelberg en Alemania, así como las alianzas con otras escuelas occidentales. También indica que existen diferentes relaciones entre la USTC y diferentes contratistas de defensa financiados por el Gobierno chino que recientemente han invertido y avanzado en la tecnología cuántica.

La conclusión de Strider, es decir, que China utiliza de forma eficaz los fondos europeos y estadounidenses y la cooperación para desarrollar aplicaciones militares de tecnología cuántica, se refleja de alguna forma en el informe del Senado de EE. UU. publicado recientemente.

Pero los científicos, incluidos Pan y el decano del departamento de física de la Universidad de Heidelberg, Matthias Weidemüller, niegan esas acusaciones y alertan sobre la posibilidad de que se rompan relaciones científicas internacionales a cuyo desarrollo han dedicado toda su carrera. En varios correos electrónicos dirigidos a MIT Technology Review, Pan negó haber trabajado directamente con el Ejército chino o con los contratistas de defensa de ese país en el desarrollo de tecnología militar relacionada con el ámbito cuántico.  

El informe de Strider admite que no existen pruebas directas de la conexión entre los investigadores científicos y las aplicaciones militares. Sin embargo, destaca y apoya la creciente preocupación en Washington D. C. (EE. UU.) por el aumento de las habilidades tecnológicas y militares de China.

¿Debe preocupar a Occidente la captación de talento de China?

La carrera de Pan, desarrollada en Europa y Asia, lo ha puesto a la cabeza del equipo internacional de la USTC que ha logrado avances fundamentales en la tecnología cuántica. En la cumbre se encuentra Micius, el satélite que puede transmitir comunicaciones seguras, y del que Pan fue director científico. Gracias a ello, se ha ganado los elogios y la atención del presidente de China, Xi Jinping.

El informe de Strider analiza los "Planes de Talento" de China, proyectos financiados por el Gobierno chino basados en buenas condiciones de contratación, salarios atractivos, fondos para investigación y recursos de laboratorio con el fin de atraer científicos chinos e internacionales. El Plan de los Mil Talentos (千人 计划 en chino) ha llevado a miles de científicos a trabajar en China, incluido al propio Pan, que había pasado varios años estudiando y trabajando en Europa antes de volver a casa.  

"El nivel de la determinación de objetivos y coordinación en la colaboración académica resulta en el mejor de los casos cuestionable y es bastante problemático teniendo en cuenta los lazos de la USTC con la investigación militar, que son muy evidentes y aparentemente en aumento", opina la profesora adjunta del Centro para la Nueva Seguridad Americana Elsa Kania, que realizó un extenso trabajo que mostraba las ambiciones cuánticas de China.

Strider es una nueva start-up financiada principalmente por DataTribe, una empresa de capital de riesgo con sede en el área metropolitana de Washington D.C. famosa por crear una serie de exitosas compañías tecnológicas desde las agencias de inteligencia de EE. UU. Los fundadores son dos hermanos gemelos, Greg y Eric Levesque, y el anterior CTO de la empresa de marketing analítico Comscore, Mike Brown. Los hermanos Levesque tienen experiencia en análisis de inteligencia y finanzas del Gobierno de Estados Unidos.

"La apertura y la colaboración académica deben protegerse", opina Greg Levesque. Sin embargo, argumenta: "Las universidades tienen un papel importante que desempeñar en la protección de sus instituciones de los Gobiernos extranjeros que intentan aprovecharse de sus investigadores, descubrimientos e instalaciones para avanzar en sus intereses estratégicos nacionales, especialmente cuando este trabajo podría mejorar la capacidad militar de un adversario".

El informe de Strider muestra que Pan firmó un acuerdo de cooperación en abril de 2018 entre la USTC y el contratista militar China Electronics Technology Group Corporation (CETC), compañía que es propiedad del Gobierno chino y que es conocida en Occidente por su aplicación de vigilancia usada en Xinjiang (China).

Pan asegura que el acuerdo implicó trabajar con el grupo de ingeniería eléctrica de la USTC, no con el grupo de tecnología cuántica. El informe de Strider señala que siete meses después de la firma del acuerdo de cooperación, CETC desarrolló un prototipo de radar cuántico para detectar aviones furtivos. La compañía afirma que la tecnología utiliza el fenómeno conocido como entrelazamiento cuántico para identificar objetos que de otro modo serían invisibles para un radar convencional. Si eso fuera cierto, lo que en realidad es un gran interrogante, podría cambiar de forma fundamental el modo en el que se libra una gran guerra.

Otro ejemplo que recoge el informe de Strider es el del satélite Micius, destinado a garantizar la seguridad de los datos transmitidos incluso contra los fisgones más avanzados del mundo. Cuando ese proyecto alcanzó su momento cumbre, Pan ayudó a forjar un acuerdo con el contratista militar perteneciente al Gobierno chino, China Industry Shipbuilding Corporation (CISC), para crear laboratorios de "orientación, comunicación y detección cuánticas".

Pan explicó a MIT Technology Review que la investigación de ese acuerdo es para uso civil. Una vez más, por otra parte, hay pruebas que indican lo contrario. Pocos meses después de la firma del acuerdo USTC-CISC, el ejecutivo de CSIC Fan Guoping afirmó a los medios estatales chinos que la compañía de defensa estaba cooperando con el equipo de Pan "para esforzarse en aprovecharse lo máximo de la tecnología de información cuántica en el área de aplicación de la defensa naval".

"Todo esto se hace en nombre de la cooperación científica internacional, mientras que los mismos científicos chinos formados en Occidente colaboran simultáneamente con las compañías de defensa chinas para desarrollar aplicaciones militares de las tecnologías cuánticas", destaca el informe de Strider.

Sin embargo, a pesar del lenguaje duro y provocativo sobre el "compromiso" y la "explotación" de los institutos de investigación occidentales, el informe no llega a afirmar rotundamente que hubo espionaje, como sí lo hizo el FBI en los casos de otros científicos durante la sesión en el Senado de EE. UU. sobre los programas de talento de China recientemente.

De hecho, en la última página del informe, hay una nota al pie de página que parece socavar las afirmaciones clave del informe principal: "En este momento, Strider no tiene ninguna información que indique que estos científicos u organizaciones contribuyeron consciente o directamente al desarrollo de las aplicaciones militares de las tecnologías cuánticas para las empresas de defensa de la República Popular China o del Ejército Popular de Liberación".

Lo que los científicos occidentales tienen que decir

Varios científicos de diferentes países que se han unido a los programas chinos de talento hablaron con MIT Technology Review sobre esta creciente sospecha, particularmente por parte de Estados Unidos, sobre su trabajo transfronterizo. A pesar de los temores, aseguran que la ciencia abierta y transparente en la que participan beneficia al mundo occidental tanto como a China, y niegan firmemente estar "comprometidos" o participar conscientemente en cualquier estrategia militar china.

"En ciencia básica, puedo ir al laboratorio de mi mayor rival y compartir lo que estoy haciendo y disfrutaríamos juntos del intercambio de ideas", afirma Weidemüller, quien como parte del Plan de los Mil Talentos trabaja con Pan (que también fue investigador de la Universidad de Heidelberg) en el departamento de ciencia cuántica de la USTC.

"China hace que los occidentales nos sintamos incómodos porque, con el paso de los años, se ha convertido en un serio competidor", opina Weidemüller. "Sin embargo, como científicos, nos encanta competir si es de forma amistosa, porque eso lleva a un aumento del conocimiento humano".

"Todo lo que hago se publica en revistas científicas", subraya por su parte el físico teórico de la Universidad de Calgary (Canadá), Barry Sanders, que participa en el programa de talentos chino y también trabaja con el grupo cuántico de la USTC. "Si alguien piensa que estoy comprometiendo la seguridad nacional y si mi Gobierno acude a mí y me pide que lo deje, lo haré. Lo he dejado claro en repetidas ocasiones."

El propio entusiasmo de China por promocionar sus habilidades cuánticas también puede estar intensificando la preocupación de Occidente. El avance del radar cuántico citado en el informe de Strider recibió mucha atención y elogios, especialmente de los medios chinos. Pero los científicos cuánticos son más escépticos.  

"El nivel de preocupación por el radar cuántico es completamente absurdo", opina el profesor de física cuántica y tecnología cuántica de la Universidad de Sídney (Australia) Michael Biercuk. "El radar cuántico es poco más que una propuesta teórica con algunas demostraciones básicas de laboratorio. No hay evidencia sustancial de que pueda volver ineficaz un avión furtivo".

Biercuk, que también es el CEO y fundador de la compañía de tecnología cuántica Q-CTRL, también duda de los logros de Micius en la distribución de claves cuánticas (QKD por sus siglas en inglés), la tecnología de comunicación segura con la que el equipo de Pan ha realizado un trabajo innovador. "QKD no es irrompible o imposible de hackear", asegura. "Las ventajas reales son exageradas por los analistas que no entienden la base técnica de este campo y por los medios propagandistas que pretenden vender la narrativa de la superioridad técnica".

Sanders, Weidemüller y otros investigadores mencionados en el informe de Strider, que no quisieron ser nombrados en este artículo, cuestionan sus conclusiones. Weidemüller criticó lo que según él sería la falta de conocimientos del informe sobre las prácticas generales del trabajo científico y de la cooperación científica internacional.

"Obviamente, los autores del informe nunca han estado involucrados en ciencia", subrayó. "A los científicos les gusta intercambiar conocimientos: competir, pero también aprender unos de otros".

Strider confirmó que ningún científico cuántico trabajó en este informe. Sus analistas provienen del mundo de la inteligencia y de la seguridad nacional, dos ámbitos en tensión con la colaboración internacional que es fundamental para el funcionamiento de la ciencia.

¿Pueden coexistir ciencia y seguridad?

Estas tensiones entre los espías y los científicos están a la vista en Washington. El Gobierno de Trump ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por la colaboración científica con China, levantando las alarmas entre los científicos chinos en Estados Unidos.

Los expertos estadounidenses en inteligencia y ciencia acudieron al Congreso de EE. UU. en noviembre para prestar su declaración sobre los peligros que planteaban los planes de talento de China. El informe del comité de Seguridad Nacional del Senado de EE. UU. advirtió sobre las amenazas que desafían a la supremacía científica y tecnológica estadounidense. La comunidad de inteligencia estadounidense considera que las avanzadas capacidades tecnológicas de China son una amenaza estratégica.

"El Gobierno chino sabe que la fuerza económica y la innovación científica son las claves de la influencia global y del poder militar", afirmó el subdirector de contrainteligencia del FBI, John Brown, en la reciente audiencia en el Senado de EE. UU. "Pekín tiene como objetivo adquirir nuestra tecnología, a menudo en las primeras etapas de desarrollo, así como nuestra experiencia, para reducir nuestra ventaja competitiva y sustituir a Estados Unidos como superpotencia global".

Antes las afirmaciones del informe de Strider de que el programa es parte de una estrategia nacional china para aprovecharse de los recursos europeos y occidentales en beneficio del Ejército chino, Pan volvió a destacar la que es su principal preocupación: explorar los temas fundamentales en la ciencia cuántica, como la superposición, el entrelazamiento y la gravedad cuántica.  

"De hecho, todo el campo de la información cuántica nació de las cuestiones sobre los problemas fundamentales de la mecánica cuántica", escribió Pan en un correo electrónico. "Creo que Einstein no podía predecir que su investigación inspiraría a Peter Shor a descubrir el algoritmo de Shor para factorizar grandes números, que parece tener un uso militar directo (la única aplicación realmente relacionada con el ámbito militar, en mi opinión). Y el reciente éxito de Google en la supremacía cuántica indica claramente que Estados Unidos está liderando el campo de la computación cuántica, que algún día podría llevar al uso militar".

Al hablar sobre las tensiones entre la seguridad nacional y la disponibilidad académica, Weidemüller, científico alemán de la Universidad de Heidelberg, evocó el fantasma del Muro de Berlín.

"Con respecto a China, ¿cuál es la alternativa?", preguntó. "¿Deberíamos encerrarnos? ¿Deberíamos levantar nuevos muros? Incluso en la Guerra Fría, los científicos intentaron y lograron reunirse. Después de la caída del Muro, estas fuerzas científicas fueron las primeras en forjar nuevas conexiones otra vez. En Alemania del Este, sabemos lo que sucede cuando las sociedades se encierran. Por supuesto, corremos el riesgo de que vuelvan y usen ese conocimiento para apoyar al Gobierno de la República Popular China o la industria de defensa, pero, al venir aquí, sabemos qué piensan y qué hacen. ¿Cuál es la alternativa?

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