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Cadenas de bloques y aplicaciones

Este software analiza capturas de pantalla para comprendernos mejor

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El Proyecto Human Screenome utiliza un programa que registra lo que sucede en los 'smartphones' cada cinco segundos. Identificar las secuencias de actividad puede servir para entender cómo afectan a nuestra vida analógica y estudiar patrones de uso vinculados a la adicción a las redes sociales 

  • por Tanya Basu | traducido por Ana Milutinovic
  • 21 Enero, 2020

Si el profesor de la Universidad de Stanford (EE.UU.) Byron Reeves tiene razón, el concepto "tiempo de pantalla" será una reliquia. En cambio, lo importante será el screenome.

Reeves y sus dos colegas acaban de anunciar en Nature el lanzamiento del Proyecto Human Screenome. El objetivo del proyecto es capturar con mayor precisión nuestra huella digital utilizando una técnica asombrosa: un software de fondo que registra la pantalla del teléfono de un voluntario cada cinco segundos mientras está activado. Al igual que el Proyecto Genoma Humano y la genómica cambiaron nuestra comprensión de las enfermedades, esta idea se basa en que el big data podría darnos una mejor idea de cómo la tecnología está vinculada con los problemas sociales.

Vídeo: Capturas de pantalla de un voluntario en el transcurso de 3 minutos. Créditos: Proyecto Human Screenome, Universidad de Stanford

El tiempo de pantalla es una métrica que se ha utilizado durante mucho tiempo para medir cuánto interactúan los niños y adolescentes con sus dispositivos digitales. Pero como los niños han empezado a tener un acceso generalizado a la tecnología desde hace poco tiempo, la investigación ha sido lenta y confusa. El tiempo de pantalla se ha asociado con unos resultados negativos como la depresión y la baja alfabetización en niños. Al mismo tiempo, algunos defensores de la educación digital lo consideran útil (siempre y cuando un monitor esté controlando su uso) y cualquier padre dará fe de que puede servir como un alivio temporal de las rabietas.

"El tiempo de pantalla es una popular medida de transmisión desde el contexto de una era centrada en la televisión y desarrollada en torno a las preocupaciones sobre la salud y la crianza", afirma la antropóloga cultural que estudia el uso de la tecnología en la Universidad de California (EE. UU.) Mimi Ito. Incluso la Asociación Estadounidense de Pediatría, que fue la primera en popularizar este término, ya no considera el tiempo de pantalla como una medida central.

Este concepto también podría pasar por alto algunos datos sociológicos más delicados. En el artículo, Reeves describe a dos niños de 14 años que viven en la misma ciudad del norte de California (EE. UU.) y que registraban su actividad desde el momento en el que despertaban hasta que se acostaban. A primera vista, la actividad de los niños podría parecer exactamente la misma, pero el análisis de Screenome de Reeves sugiere lo contrario: un niño realizó 186 sesiones que duraron aproximadamente un minuto cada una, mientras que el otro niño tan solo realizó 26 sesiones diarias, cada una de casi tres minutos. El primero pasaba mucho tiempo enviando mensajes por Snapchat e Instagram, mientras que el segundo invertía la mitad de su tiempo en YouTube y haciendo capturas de pantalla de alimentos.

Además de darnos una mejor visión de sus diferentes comportamientos (uno consume más contenido, el otro lo produce), este ejemplo muestra cómo dos personas que normalmente son agrupadas en el mismo punto de datos usan sus dispositivos de maneras realmente muy distintas. Cada usuario tiene una huella digital "idiosincrásica" según el equipo de Reeves.

Para Reeves, es importante identificar secuencias específicas de actividad en los smartphones para comprender cómo las personas usan realmente sus dispositivos digitales para comunicarse y llevar sus vidas fuera de la pantalla.

"Se trata de cómo las personas conectan fragmentos que parecen no estar relacionados", explica. "Pueden pasar de leer las publicaciones de amigos en Facebook a mirar las noticias de la campaña presidencial y a la página del banco, todo en el mismo minuto... Eso realmente no tiene nada que ver con la cantidad total de tiempo [invertido]".

Reeves argumenta que estas rutas de una aplicación a otra, de una publicación a otra y de una actividad a otra reflejan y afectan a nuestras vidas analógicas. Screenome ofrecería una forma de estudiar los teléfonos inteligentes y las tabletas en busca de patrones de uso vinculados a cuestiones como la adicción a las redes sociales y los problemas de salud mental. El proyecto está en sus etapas iniciales, pero, hasta ahora, el equipo de Reeves ha descubierto que las formas en las que las personas utilizan sus dispositivos pueden ayudar a explicar la proliferación de noticias falsas y actuar como un indicador para la diabetes. 

Pese a ello, Ito no está segura de que un "screenome" responda la pregunta clave de cómo las pantallas influyen en nuestras actividades, intereses y compromisos sociales. No incluirá toda esa información offline que afecta nuestro comportamiento online, sostiene la antropóloga. 

Es probable que uno de los mayores obstáculos para el éxito de este proyecto sea que genera temores en torno a la privacidad. Tener una aplicación grabando nuestra actividad de fondo cada cinco segundos es difícil de aceptar. En los últimos años, se ha demostrado que incluso se rastrean las actividades más insignificantes de forma online. Esa información se vende a los anunciantes en el mejor de los casos o bien a los hackers y a las campañas de desinformación en el peor escenario. 

El escándalo de Cambridge Analytica puso de relieve cómo las pruebas de personalidad compartidas entre los conocidos en Facebook fueron usadas por los rusos en las elecciones estadounidenses de 2016, por ejemplo.

Y pensemos en lo que pasa por las pantallas de nuestros teléfonos todos los días: información de las cuentas bancarias, correos electrónicos con datos personales, rutas de viajes compartidos que detallan las direcciones de los destinos, pedidos de comida a domicilio, mensajes de texto para nuestros seres queridos, fotos y vídeos de niños, e incluso pornografía, intercambios de criptomonedas y actividad ilícita.

"Es mucha información confidencial", reconoce Reeves. Su equipo ha recopilado alrededor de 30 millones de capturas de pantalla de voluntarios en EE. UU., y también en China y Birmania. Reeves asegura que es consciente de las preocupaciones de la privacidad y de que las imágenes comprimidas se envían a través de un servidor cifrado y seguro en la Universidad de Stanford.

El director de investigación del Instituto de Internet de Oxford (Reino Unido), Andrew Przybylski, considera que estos problemas de privacidad podrían retrasar el proyecto: "Creo que es un enfoque novedoso, pero condenado al fracaso si la investigación no se basa en una ciencia sólida, transparente y abierta," subraya.

Aunque el Proyecto Screennome está solo en sus etapas iniciales, los datos recopilados hasta ahora de cientos de voluntarios son "asombrosos". Cuando se le preguntó cómo se siente al ver tantas capturas de pantalla, Reeves dijo que podría ser tentador "mirar como un voyerista".

"Es fascinante", concluye. "Te sientes como si llegaras a conocer a esa persona".

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