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Anna Hunko via Unsplash

Biotecnología

Suecia se aferra a su estrategia de 'no hacer nada' contra la COVID-19

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El epidemiólogo estatal del país, Anders Tegnell, defiende su controvertida búsqueda de la inmunidad colectiva y mantiene la posición de no limitar las actividades, los grupos ni obligar a la gente a llevar mascarillas, a pesar de sufrir un mayor número de muertes que sus países vecinos

  • por Krithika Varagur | traducido por Ana Milutinovic
  • 28 Agosto, 2020

El controvertido y menos estricto confinamiento de Suecia ha convertido inesperadamente a su epidemiólogo estatal, Anders Tegnell, en una estrella. El responsable nos ha explicado por qué todavía creía en su estrategia y por qué considera que una segunda ola convencional es poco probable. Proporcionalmente, Suecia ha sufrido muchas más muertes que sus vecinos. Noruega ha tenido 48 muertes por millón de habitantes por coronavirus (COVID-19), Finlandia 60, Dinamarca 107 y Suecia 573.

Resulta extraño que todo el mundo esté atento a la estrategia de Suecia contra el coronavirus. No es algo que les suela pasar a los servidores públicos en ninguna parte del mundo, y definitivamente no en Suecia. Y también es un problema, porque eso da lugar a mucha interpretación, especialmente cuando se transmite a través de diferentes medios de comunicación. 

5.787. Muertes por COVID-19 en Suecia hasta el 19 de agosto de 2020.

A principios de año consideramos todo tipo de estrategias, incluido el confinamiento más severo. Creo que varias cosas nos llevaron a mantener nuestro plan original. Realmente no había pruebas de que el confinamiento total fuera mejor. Durante todo el tiempo hemos logrado mantener el aumento de casos a una tasa bastante baja. Así que no vivimos los cambios drásticos en la cantidad de casos que ocurrieron especialmente en Reino Unido, pero también en los Países Bajos y algunos otros. Podríamos demostrar que conseguimos mantener el número de casos a un nivel en el que el sistema podía seguir lidiando con ellos.

Al principio teníamos lo que denominamos "el síndrome de IKEA", lo que significa que nuestro sistema sanitario dependía mucho de las cadenas de suministro de último minuto. Muchos hospitales incluso recibían suministros varias veces al día y no había existencias suficientes en ninguna parte. Todo estaba siempre "de camino" desde el fabricante hasta el usuario. Eso causó muchos problemas innecesarios a los trabajadores sanitarios. Los suministros llegaban, pero en general muy, muy tarde, por lo que, cuando volvían a su casa por la noche, nunca estaban seguros de si habría más al día siguiente. Siempre había equipo de protección, pero esta lucha constante por conseguir otras cosas, creo que realmente molestaba a la gente. Todavía no está completamente controlado, pero ahora parece mucho mejor: muy pocos hospitales informan de la falta de suministros.

Durante nuestro confinamiento modificado, Suecia aumentó la capacidad de su UCI [unidad de cuidados intensivos] a un nivel en el que siempre había al menos un 20 % de las camas libres en cualquier momento. Y luego retrasamos todos los demás procedimientos médicos posibles. 

Es cierto que la generación de la inmunidad colectiva ha sido más lenta de lo esperado por varias razones. Las poblaciones en las que hemos estado realizando las pruebas de diagnóstico probablemente no sean muy representativas de los pacientes en su conjunto. Solo hemos sometido a test a las personas que acudían a la atención primaria, etcétera. Cuando realizamos las pruebas en empresas o a las personas que trabajan en hospitales, notamos niveles de inmunidad mucho más altos. Así que ahora estamos intentando descifrar este rompecabezas a partir de diferentes fuentes de datos. El problema con esta enfermedad es que la propagación parece ser muy irregular. Algunos centros de trabajo en Suecia tienen una inmunidad de 0,5 %; otros un 20 %. Así que realmente hay que someter a test a mucha gente. 

Esta irregularidad del virus es un problema real, porque dificulta tanto su control como su medición y comprensión. Salta de un grupo a otro por áreas. Recientemente ocurrió un brote en las minas del norte [en Gällivare, en junio de 2020] porque mucha gente se reunió en un solo lugar. Así que creo que, en todo caso, debemos estar preparados para más de estos brotes locales, estar muy atentos y capaces de manejarlos rápidamente.

Hasta cierto punto, los migrantes y refugiados se han visto más afectados por la pandemia. El hacinamiento es una de las razones. Y el hecho de que suelen trabajar en profesiones de mucho contacto. Así que no se trata de un problema de etnia per se. Nos ocupamos de que la información esté disponible en todos los idiomas de las personas que vienen y viven en Suecia en estos días. Tenemos estrechas conexiones con esas comunidades a través de varias personas que pertenecen a ellas. 

Todavía, en esta etapa, no vemos la necesidad obvia de que todas las personas de Suecia usen mascarillas según los conocimientos que tenemos hasta ahora. Quiero decir, estamos analizando todo y más datos que están llegando. Podría ser necesario llevar mascarillas en diferentes momentos en distintas poblaciones. Pero es muy difícil medir el efecto de las mascarillas en una población.

No es fácil saber lo que depara el largo plazo, porque cuando la gente está sin restricciones, hay mucha tentación de ir demasiado lejos. Por eso creemos en el modelo sueco: no tener cambios drásticos en la cantidad de personas que se pueden reunir, etcétera. Para muchos de los países que se están abriendo ahora, el gran reto será descubrir cómo parar en el nivel correcto. No estoy seguro de que vayamos a ver la segunda ola convencional, como en 1918. Creo que veremos más brotes locales como el de Gällivare.

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