Krznaric ve el impacto de la empatía en ese apoyo mutuo, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro en el mundo actual y comprender sus sentimientos y necesidades emocionales. Después de investigar la empatía durante años, Krznaric sabe detectarla muy bien. Pero, mientras la pandemia de COVID-19 hacía estragos en Europa y su grupo de WhatsApp no paraba de sonar, él se planteaba otra pregunta: ¿los seres humanos podemos crear relaciones personales y empáticas con otras personas que nunca conoceremos ni veremos?
nn"Si queremos ser buenos antepasados, debemos mostrar a las generaciones futuras cómo nos hemos enfrentado a una era de enormes cambios y grandes crisis". Jonas Salk
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"Llevaba muchos años escribiendo libros, impartiendo conferencias y hablando sobre la empatía", recuerda el autoproclamado filósofo público Krznaric. "Pero en lo que no había pensado demasiado es lo siguiente: ¿Cómo nos ponemos en el lugar, no solo a través del espacio, sino a través del tiempo, de las personas de las generaciones futuras?"
nEsta pregunta es el hilo conductor del libro de Krznaric The Good Ancestor: How to Think Long Term in a Short-Term World (El buen antepasado: cómo pensar a largo plazo en un mundo cortoplacista). Es un trabajo repleto de ideas sobre cómo combatir "nuestro cortoplacismo patológico", como lo denomina el autor.
nEn la era del botón "comprar ahora", no conseguimos reconocer de forma colectiva cómo el cambio climático, el consumo excesivo de recursos y la pérdida de biodiversidad están condenando a las generaciones venideras a vivir en un planeta caótico.
nLa empatía hacia las generaciones futuras es una forma de pensar a largo plazo. No se puede ofrecer un pastel, un abrazo o palabras de apoyo a las personas que nacerán en el siglo XXIII. Pero, los regalos y las palabras no son los únicos medios para expresar el cariño por otra persona y, como escribe Krznaric, ya no basta con ser un buen samaritano. El siglo XXI requiere que seamos buenos ancestros.
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Foto: 'El buen antepasado: cómo pensar a largo plazo en un mundo cortoplacista' escrito por Roman Krznaric; The Experiment, 2020, 21,35 euros.
nEl libro fue concebido y escrito antes de la pandemia, y Krznaric solo pudo incluir un prólogo relacionado con el coronavirus antes de enviarlo a imprimir y dedicarse, como muchos otros, a educar a sus niños en casa y reorganizar las rutinas. El año no tardó en llegarse de noticias sobre desalojos, trabajadores sanitarios agotados, protestas por la brutalidad policial y quiebras de pequeños empresarios. "En medio de una amenaza tan inmediata, ¿qué ideas ofrece el pensamiento a largo plazo?" escribió en su prólogo.
nUna primera lección, explica Krznaric, proviene de cómo los países con planes pandémicos a más largo plazo, como Taiwán y Corea del Sur, se han enfrentado al virus de manera más eficaz que aquellos que no tienen ningún plan de este tipo, como Estados Unidos.
nSin embargo, una sugerencia más profunda podría provenir del virólogo de mediados del siglo XX Jonas Salk, que acuñó la pregunta convertida en máxima: "¿Seremos buenos antepasados?" Salk pudo haber reconocido nuestra búsqueda frenética de una vacuna contra la COVID-19 y los informativos de noticias casi en tiempo real de los ensayos de los laboratorios, después de alcanzar la fama mundial por desarrollar (y negarse a patentar) la primera vacuna eficaz contra la polio en 1955. No obstante, siempre mantuvo la visión a largo plazo. En un discurso en 1967, dijo: "Si queremos ser buenos antepasados debemos mostrar a las generaciones futuras cómo nos hemos enfrentado a una era de enormes cambios y grandes crisis".
nKrznaric lo describe como la paradoja de la urgencia: "En este momento tan apremiante, debemos pensar a largo plazo debido a la urgencia de la crisis climática". Desde nuestro punto de vista de 2020, es imposible ver cómo lidiaremos con las múltiples crisis del cambio climático, la pandemia del coronavirus y el autoritarismo.
nKrznaric es el primero en admitir que la situación podría avanzar en cualquier dirección: los regímenes autoritarios podrían intentar aferrarse a los poderes de emergencia que se han otorgado a sí mismos, mientras que las ciudades progresistas como Ámsterdam (Países Bajos) remodelan activamente sus economías hacia la sostenibilidad. Sin embargo, en medio del dolor y del sufrimiento económico por la COVID-19, "algo le ha pasado a nuestra noción del tiempo. Ha permitido un momento para hacer balance", concluye.
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